María, modelo perfecto

Virgen del Carmen 128 100x100En la vida de María resplandecen con un brillo especial dos grandes amores: el amor a Dios y el amor a los hermanos. En efecto, en su vida brilló de manera especial su amor a Dios y al cumplimiento de sus planes sobre ella. Por amor a Dios estuvo siempre atenta a su escucha...

 


Estamos celebrando hoy la fiesta en honor de la Virgen del Carmen, una de las fiestas de la Virgen más populares y extendida por toda la geografía de Europa y América y que ha calado a fondo en la religiosidad de tantos pueblos de España y ciertamente también entre nosotros y de una manera especial en esta villa de El Burgo de Osma.

La devoción a la Virgen del Carmen es una de las devociones más arraigadas en nuestra historia y en nuestras gentes. La advocación de la Virgen con el título del Carmen está presente en la mayoría de los pueblos por pequeños que estos sean, como lo demuestran la presencia de la imagen de la Virgen del Carmen en casi todas nuestras iglesias parroquiales.

Desde que en el siglo XIII la Virgen se apareciera al superior de la congregación de Santa María del Monte Carmelo, San Simón Stock y le hiciera entrega de su hábito de carmelita y del escapulario, principal signo mariano carmelitano, la devoción mariana bajo la advocación de Virgen del Carmen fue creciendo continuamente y extendiéndose hasta llegar a gran número de países de Europa y América. En España los pescadores la tienen como su fiel protectora y la Marina Española la venera como su Patrona. Unos y otros la aclaman como Estrella de los mares, como faro que guía a buen puerto a los marineros que faenan en el mar.

Para los cristianos ella es la Estrella del mar, que guía a sus hijos por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo. Ella es modelo de seguimiento y discipulado de Jesús para todos nosotros, que luce en la noche de la vida y nos marca el verdadero camino hacia Dios. Vivimos unos tiempos en los que la fe no brilla entre nosotros con luz propia, es más, a veces notamos que en nuestro mundo la fe como que se ha oscurecido, que hay muchas personas que ante las voces del mundo se sienten confundidas y confunden el camino auténtico de la verdadera felicidad por el camino de la felicidad pasajera y efímera a la que se entregan para quedar al final vacíos y sin rumbo.

En esta confusión de caminos, de olvido del verdadero camino que nos lleva a Dios, en este ambiente de indiferencia por todo lo que nos hable de Dios y de la fe y de felicidad auténtica y duradera, necesitamos mirar la estrella de María, volver al auténtico faro que nos lleve a Cristo como el verdadero camino, la única verdad y la auténtica vida. La confusión de caminos, la elección vital de una ruta equivocada nos aleja de la luz que ilumina nuestras vidas, como el marinero que no tiene en cuenta la luz del faro que le marca el camino al puerto y se aleja inevitablemente del mismo. Así nosotros en nuestro interior tenemos que reconocer que nos hemos equivocado tantas veces de camino, que tal vez estamos confundiendo ahora mismo el camino de la felicidad pasajera que nos ofrece en mundo con el verdadero camino que es Cristo y que es quien da sentido a todo cuanto somos y vivimos.

También nosotros seguro que necesitamos rectificar nuestra dirección en determinadas facetas de nuestra vida, porque tal vez hemos perdido el rumbo que nos marca la brújula de nuestra fe, y estamos siguiendo las voces de sirena que nos vienen de una sociedad laicista y sin Dios. Ello nos hace sentirnos mal y vacíos porque dentro de nosotros, grabado en nuestro corazón, tenemos esa tendencia a la trascendencia, a la necesidad de Dios y sin El nuestra vida no tiene sentido y nuestro corazón se siente insatisfecho. Como decía San Agustín en sus Confesiones: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto y no descansará hasta que descanse en ti”. Hoy, festividad de nuestra Señora del Carmen, recibimos una invitación especial a volver nuestra mirada hacia ella que es para nosotros modelo de creyente, la primera y mejor discípula del Señor, para aprender de ella y con ella cómo debe ser nuestra vida cristiana. Nos dice el Concilio Vaticano II que la verdadera devoción a María debe ser una devoción de imitación. Ella es la luz que brilla en medio de la oscuridad de nuestro camino, ella es el faro seguro que lleva a Cristo desde su testimonio de vida.

En la vida de María resplandecen con un brillo especial dos grandes amores: el amor a Dios y el amor a los hermanos. En efecto, en su vida brilló de manera especial su amor a Dios y al cumplimiento de sus planes sobre ella. Por amor a Dios estuvo siempre atenta a su escucha. Por amor descubre los planes de Dios sobre ella y sobre la salvación de los hombres para la que Dios cuenta con su aportación muy especial. Por amor estuvo disponible a ponerse al servicio del plan salvador de Dios. Responde con generosidad y disponibilidad a los planes de Dios con su fiat, hágase en mí según su Palabra. Su vida fue también un modelo y canto al amor de los hermanos.

Recordemos a Isabel su prima a la que auxilió en ese momento tan especial de toda mujer de dar a luz al hijo. Se preocupó, igualmente, de aquellos novios de Caná que se encontraban en una situación delicada. Arropó y unió a los discípulos, después de la muerte de Cristo. Nosotros como creyentes y devotos de la Virgen bajo la advocación del Carmen, somos invitados a vivir estos dos grandes amores: el amor a Dios sobre todas las cosas, un amor a Dios que debe llevarnos a orientar nuestra vida de acuerdo con lo que Dios quiere de nosotros, a ser verdaderos discípulos de Cristo viviendo nuestra vida desde la fe y desde las exigencias de la misma, a vivir nuestra fe sin complejos, no viviéndola sólo cuando venimos a la iglesia o en momentos esporádicos de nuestra vida, o cuando nadie nos ve, sino siendo testigos de nuestra fe donde quiera que estemos y con quien quiera que nos encontremos, para que otros puedan descubrir a través de nuestro testimonio que vivimos así porque nos hemos encontrado con el Señor y se animen ellos a buscarle. Junto al amor a Dios, se nos pide de manera ineludible el amor a los hermanos: los de cerca (familia, vecinos, compañeros trabajo), a los de lejos, a los necesitados.

Amaos los unos a los otros como yo os he amado. Traduciendo dicho amor en comprensión, no juzgando y mucho menos condenando a nadie, perdonando a quien nos ofenda, tendiendo nuestra mano a cualquiera que nos necesite, compartiendo lo nuestro con quienes vemos necesitados, siendo alegría para los tristes, sonrisa para el enfermo, consuelo de los afligidos, compañía de los que están solos.

En María encontramos el modelo perfecto de alguien que vivió este estilo de vida de Jesús. Nuestra devoción a la Virgen, no puede ser sólo de unos momentos o de unos días, debe ser de todos los días de nuestra vida, porque ella es nuestro ejemplo y modelo, de cuanto necesitamos vivir como cristianos y que ella vivió de manera singular. Adquiramos hoy ante la Virgen del Carmen este compromiso de mirar, de meditar cada día en las actitudes de nuestra Madre para imitarla y ser así nosotros también modelo y ejemplo para otros, lo mismo que ella lo es para todos nosotros.

AUTOR: Mons. Gerardo Melgar Viciosa  - Obispo de Osma-Soria
FECHA: 16 de julio de 2012