La Asunción es un misterio

La Asunción es un misterio

Misterio es palabra de significado polivalente. Esto está como muy misterioso. Qué persona tan misteriosa. Las personas misteriosas inspiran lejanía.

Con todo, la palabra misterio significa cosa arcana, recóndita, incomprensible. Su alcance va más allá de toda consideración. De tanto en tanto la mente descubre esta afirmación de Baltasar Gracián: “¿Qué importa que el entendimiento se adelante si el corazón se queda?” Constato que a veces vivo con el corazón quedado. Suceden cosas que no comprendo por no amar.

Misterio es profundidad, y como en todo hay profundidad, misterio hay en todo. Aquí aparece el gracejo de Santa Teresa: “En cada cosita que Dios crió hay más de lo que se entiende, aunque sea una hormiguita” (Moradas 4,2,2).

La vida de todo ser humano está llena de misterios. No es raro oír: es que yo ni me entiendo. El creyente que reza el rosario se interesa en meditar los misterios del nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús.

Uno de estos misterios es la Asunción, que solemos formular así: “El dichosísimo tránsito de María Santísima en cuerpo y alma de esta vida mortal a la eterna”. Ya la formulación es seductora.

Este misterio es patrimonio común de la humanidad. Soy unidad compleja de cuerpo y alma, dimensiones distinguibles, no separables. Todo me sucede en cuerpo y alma. Voy naciendo, viviendo, muriendo y resucitando en cuerpo y alma, y al morir acabo de nacer, resucito en cuerpo y alma. Es esta la asunción.

María es un caso singular de asunción por haber vivido entregada por entero a escuchar y vivir la Palabra de Dios, que es Jesús. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38).

Asunción viene de asumir, tomar para sí. El Padre toma a María para sí, se hace cargo de ella, la acepta, responde por ella. Si en algún caso se puede hablar de mimos es aquí.

Mimo es cariño, halago, ternura. A Renán lo enternecían las letanías lauretanas. “Casa de oro, Arca de la Alianza, Puerta del cielo, Estrella de la mañana, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consuelo de los afligidos”. Se quedaba absorto ante el encanto que “esas gentes bárbaras y mágicas” ponían en esos versos.

“Mira, Diosa”, -decía Renán en su Oración ante la Acrópolis de Atenas- “cuando me acuerdo de esos cantos, se funde mi corazón, casi me vuelvo apóstata tuyo”.

Asunción y dormición. Misterio sublime. Y cercano.

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 14 de agoto de 2015