Mayo, mes de María

Virgen-MariaEl 15 agosto de 1522, Lutero predicó la fiesta de la Asunción. “No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. No sabemos cómo ocurrió. Basta saber que ella vive en Cristo”. Decía también: “La veneración de María está en las profundidades del corazón. Es la mujer...

 


 

María es singular en la tierra y en el cielo. Un día coincide con su hijo en las Bodas de Caná. Fina observadora, de repente dice: “Hijo, no tienen vino”. Ante la actitud renuente de él, ella dice a los sirvientes: “Hagan lo que él les diga”. Al saber que ella los envía, ordena que llenen de agua seis tinajas, unos quinientos litros, y los convierte en vino. En Jesús, inspirado por su Madre, el derroche de amor no tiene límites.

Ernesto Renán (1823-1892), gran biblista y filólogo racionalista, se extasiaba contemplando los monumentos de la cultura griega, como el Partenón. Con todo, para él había algo más conmovedor, la devoción de los católicos a María.

Dice: “Allí, en las iglesias católicas, se cantaban cánticos de que me acuerdo todavía. Virgen poderosa, virgen clemente, virgen fiel; trono de la sabiduría, causa de nuestra alegría; rosa mística, torre de David, torre de marfil; casa de oro, arca de la alianza; puerta del cielo, estrella de la mañana, salud de los enfermos, auxilio de los cristianos, refugio de los pecadores, consuelo de los afligidos”.

A Renán esta plegaria lo enternecía hasta las lágrimas: “Mira, Diosa”, -decía en su Oración ante la Acrópolis- “cuando me acuerdo de esos cantos, se funde mi corazón, casi me vuelvo apóstata tuyo. Perdóname esta ridiculez; tú no puedes imaginarte el encanto que esas gentes bárbaras y mágicas han puesto en esos versos, y cuánto me cuesta seguir a la razón desnuda”.

El 15 agosto de 1522, Lutero predicó la fiesta de la Asunción. “No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. No sabemos cómo ocurrió. Basta saber que ella vive en Cristo”. Decía también: “La veneración de María está en las profundidades del corazón. Es la mujer más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad, después de Cristo”.

Toda la bondad, toda la simpatía, toda la ternura y toda la felicidad que mi fantasía es capaz de inventar, es apenas un presentimiento de lo que habita en el corazón de María, la Madre de Jesús y de los hombres.

María vive anticipando el paraíso, el lugar sublime de la felicidad. Para Jesús, su Madre y sus hermanos son los que escuchan y practican su palabra, que es él mismo, de la cual María fue la escucha portentosa. Son esos los bordes de la eternidad.

Atreviéndome a recorrer el camino por ella roturado, columbro de repente el infinito.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 16 de mayo de 2015