Hola, Madre Teresa

¡Hola, Madre Teresa!

El motivo que me impulsa a tomar la pluma y escribirte es porque quiero compartirte algo de mis retos y aventuras como misionero, pues encuentro en tu corazón una gran sintonía, la cual me facilita expresarte cuanto estoy viviendo en esta realidad de misión.Llegué a Ecuador en 1975; para vivir acá, dejé mi patria y mi familia, no sin dolor, pero sí con el gozo y la ilusión que da el Señor a quienes se deciden seguirle con determinación.
He vivido en diferentes lugares de este país de América, en Ecuador: (Misión de Sucumbíos, Quito, Cuenca y Guayaquil…), y en todos he tratado de dejar huellas del carisma carmelitano: la oración al estilo que tú nos enseñas, la fraternidad con los hermanos de comunidad y la gente con la que he trabajado, tu espíritu humano y solidario.
Actualmente estoy al frente de una Diócesis y con cariño y empeño hago lo que me corresponde en bien de la Iglesia, a la cual debo mi fidelidad y obediencia…
Madre Teresa, esta tierra, bendecida por Dios por la variedad de sus climas, los paisajes y la gente, es rica en abundancia. La gente es buena, tímida, sencilla; pero en su mayoría, carece de lo necesario para vivir, sobre todo en el campo, en los recintos más alejados de la ciudad.
MIRA y CONTEMPLA, Madre Teresa esta realidad; acércate más con tu corazón bondadoso a estas tierras por las que tus hermanos: Antonio, Lorenzo, Pedro y Rodrigo pasaron, siendo testigos de lo que las personas vivían en este lugar… ¿Recuerdas lo que ellos te contaban a través de sus cartas y que te hacían mover el corazón hasta desear venir a evangelizar en estas tierras?
No olvides Madre que aún necesitamos tu protectora intercesión, hay muchos que no conocen a Jesús, ni saben quiénes son, ni saben la gran dignidad que tienen como hijos de Dios.
Derrama muchas, muchas bendiciones sobre este pueblo con tanta sed de Dios, con tantas obras y proyectos por realizar y con tan pocos obreros para esta mies…!
“Enséñanos el amor, Teresa Madre Teresa, devuélvenos la alegría, descúbrenos la pobreza…” porque sólo conociendo y reconociendo nuestras carencias y limitaciones, podemos acercarnos y compartir con quienes necesitan una mano y un poco de cariño. Enséñanos la bondad del corazón y que SÓLO BASTA DIOS…”
Hasta pronto.

AUTOR: Mons. Aníbal Nieto, OCD Obispo Carmelita de la Diócesis de San Jacinto de Yaguachi,Guayaquil - Ecuador

TOMADO DE: http://www.paravosnaci.com

 

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