La fuerza del deseo

la fuerza del deseoDesear es aspirar con vehemencia a la posesión o disfrute de algo. El corazón humano es insaciable en deseos. "En cuanto a deseos, siempre los tuve grandes", decía S. Teresa, y añadía: "He visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno"...

 


El verbo se conjuga en tiempo, modo, número y persona. El tiempo es presente, pasado y futuro. Conjugar el verbo en futuro es ubicarse en el mundo del deseo, lo que me propongo alcanzar. Leeré, cantaré, trabajaré, viajaré, escribiré, amaré.

Ese oscuro objeto del deseo es el título de una película de Luis Buñuel. Un horizonte ilimitado, donde se cruzan en forma evanescente el deseo y el rechazo, el amor y el odio. Visiones materiales y espirituales que llevan al espectador por los senderos interminables de la fantasía, donde todo está a punto de nacer.

Mundo extremadamente misterioso el del deseo, en que el misterio tiene todos los sabores, en un desafío colosal de entrar y salir, subir y bajar, venir y volver, irse y quedarse, afán de estar en todas partes, en soledad, en perpetuo tránsito del ser a la nada, de la nada al ser. La existencia en todas sus manifestaciones.

Al comenzar el acto tercero de Yerma, de Federico García Lorca, leemos: "No hay en el mundo fuerza como la del deseo". La entraña viva del ser humano al descubierto, en un forcejeo sin fin, hambriento y sediento de divinidad. "Decidle que adolezco, peno y muero".

Desear es aspirar con vehemencia a la posesión o disfrute de algo. El corazón humano es insaciable en deseos. "En cuanto a deseos, siempre los tuve grandes", decía S. Teresa, y añadía: "He visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno".

Dime qué deseas y te diré quién eres. Afirmación tan conocida como asustadora. Prestarle atención es darle un vuelco a la vida. ¿Qué es desear? ¿Quién, qué, cuánto, cuándo, dónde y para qué desea? Como si el sol naciente iluminara hasta las más profundas cavernas del corazón. Contemplar sus rayos es balancearse entre la fascinación y la perplejidad.

Me transfiguro en lo que deseo durante todo el día. Si deseo lo que es más que yo, mi deseo me engrandece. El hombre no se contenta con menos que infinito. ¡La sorpresa… Cuanto más deseo el infinito, más participo de él.

Un amigo del deseo escribía como escuchándose a sí mismo. "¡Oh Señor mío…, ¿quién te buscará con amor puro y sencillo que te deje de hallar muy a su gusto y voluntad, pues que tú te muestras primero y sales al encuentro de los que te desean?".

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 27 de septiembre de 2013