Crisis de confianza

crisis-de-confianzaEl ser humano necesita confiar. En sí mismo, en los demás, en el cosmos. En Dios. ¿Qué confianza puedo tener en mí si desconozco hasta mi razón de existir? La falta de confianza me mantiene lejos de mí mismo, de los demás, del cosmos. De Dios...

 


 
En un papiro egipcio antiguo apareció esta inscripción: "Madre, te comunico que estoy desnudo. No sabes cuánto he sufrido desde que me alejé de ti. Te conjuro a que te reconcilies conmigo. Sin ti no puedo vivir. Te llevo en el corazón". Tu hijo.
La confianza en su completa desnudez.
El hombre del siglo XXI es cada vez más un huérfano. Sin mamá. Desposeído de alma, vaga sin rumbo en busca de sentido. No lo encuentra en sí mismo. No lo encuentra en los demás. No lo encuentra en Dios. Los medios de comunicación lo tienen exiliado en un mundo de promesas falaces. Las de coger el cielo con las manos. Noche sin amanecer. Cada vez más lejos de sí mismo en el mar de lo superfluo donde naufraga toda ilusión.
En esta lejanía sin fin, la crisis de confianza se extiende por el mundo entero. ¿De confianza en qué? En el dinero. La tarea impuesta por el capitalismo. Nadie confía en nadie ni en nada. Tan sólo en el dinero, el dios inclemente del mercado. Confianza que lo desilusionó. A él. ¡Qué orfandad!
El dinero es un dios. Inerte. Vuelve inerte a quien le rinde pleitesía. Lleno de adoradores, de idólatras. Adoran un dios que es ídolo. Nada más. El corazón, en la orfandad, queda despojado de lo que lo hace palpitar, la confianza, la adoración.
El ser humano necesita confiar. En sí mismo, en los demás, en el cosmos. En Dios. ¿Qué confianza puedo tener en mí si desconozco hasta mi razón de existir? La falta de confianza me mantiene lejos de mí mismo, de los demás, del cosmos. De Dios. La confianza, expresión natural del amor, lo único que hace sólida y duradera toda relación. La relación, de amor, conmigo mismo, con el cosmos, con los demás. Con Dios.
La confianza. Lo único que fecunda la existencia. Job exclama en la adversidad: "Aunque me mates seguiré confiando en ti" (13, 15). La confianza une fragilidad y solidez. La fragilidad pertenece a la vida cotidiana. Educación, comida, vestido, salud, recreación, oración. Necesito apoyarme en mí, en el cosmos, en los demás. En Dios. La confianza da sentido a todo.
La confianza tiene su morada en Dios. No admite otro dios. Única adoración que debe sorprender al creyente, al confiante, en el amanecer. Sólo así ocupará el dinero su lugar. De medio, no de fin. Lejos de la orfandad.

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

 

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