Que te pasen muchas cosas buenas

tantas cosas buenas pascuaLos creyentes se saludan: ¡Felices Pascuas! ¿Qué quieren decir? Pascua es paso de Dios. ¿Cuándo y cómo y por dónde pasa Dios? O mejor, ¿por dónde y cómo y cuándo no pasa Dios? Pasar es acontecer. Dios acontece sin cesar dando vida a todo cuanto existe...

 


 

Somos viajeros. Al viajero le pasan cosas. Vive en permanente experiencia de novedad. El poeta Pablo Montoya presentó en palabras evanescentes viñetas de “Viajeros”, Dostoyewski entre ellos: “Y yo, quedo yo, amparado por esta aterradora felicidad de estar vivo”. ¿Puede pasarme algo más simple y delirante a la vez que existir? Para ser feliz no necesito que me pase más.

Los creyentes celebran la Pascua. ¿Se preguntan qué es? En un relato del Exodo leen: “Comeréis (la carne) a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor. Yo pasaré esa noche por la tierra de Egipto” (12, 11-12). Dios pasa sin cesar por la vida que El mismo crea y que se manifiesta en todo. El paso de Dios es divino y deja huella divina. S. Juan de la Cruz canta: “Mil gracias derramando / pasó por estos sotos con presura…” Y hace este comentario: “Pasó, porque las criaturas son como un rastro del paso de Dios, por el cual se rastrea su grandeza, potencia y sabiduría y otras virtudes divinas” (Cántico Espiritual 5, 3).

¿Qué le pasa a Dios? Crear. ¿Cómo le pasa? Amando. San Juan de la Cruz dice que Dios no desea más que engrandecer al hombre y que la manera de engrandecerlo es igualándolo consigo y que por eso su único deseo es que lo ame, “porque la propiedad del amor es igualar al que ama con la cosa amada” (Cántico Esp. 28, 1). Lo que le pasa a Dios es vivir creando por amor para hacer partícipes a las criaturas de su condición divina. Quien tiene la osadía de preguntar lo que le pasa a Dios no encuentra más que relatos de amor. ¿Qué viajero puede darse el lujo de contar historias tan simples y arrobadoras y qué lenguaje no se avergüenza de carecer de la elocuencia sin la cual no es posible contarlas? La Pascua no se parece a nada. El paso infatigable de Dios por la existencia.

Somos viajeros de la vida; nos pasan cosas de toda índole. Tomamos fotos, escribimos cartas, llamamos por teléfono a los amigos y los visitamos para contarles lo que nos pasa. Nadie sabe cuánta emoción brota del corazón al contar lo que le pasa. De repente se pone ante los ojos una tierra extraña de luz que perdura fresca en la memoria hasta llenarlo todo de encanto perdurable; la dulzura de una música apenas entreoída resarce con creces aun de la más imprevista desventura; el dolor que ensombrece de repente el hogar se vuelve trampolín para saltar a la Divina Providencia donde todo se llena de paz y bienandanza.

Los creyentes se saludan: ¡Felices Pascuas! ¿Qué quieren decir? Pascua es paso de Dios. ¿Cuándo y cómo y por dónde pasa Dios? O mejor, ¿por dónde y cómo y cuándo no pasa Dios? Pasar es acontecer. Dios acontece sin cesar dando vida a todo cuanto existe. La forma como el corazón palpita es la forma como Dios acontece en él. ¿Cómo hay que tratarlo para que cada latido sea divino? Los sentimientos negativos destruyen, son rechazo del paso de Dios. Cada sentimiento positivo, cada obra buena es la forma como Dios pasa por el hombre, por la creación.

¡Felices Pascuas! es expresión de la liturgia. La liturgia es la obra del pueblo. En ella celebra lo que vive. Los símbolos no suplantan la realidad; apuntan a ella, la señalan, la determinan, la ponen de manifiesto con gozo y gratitud. En la liturgia las personas crean la atmósfera que necesitan para ser iguales a sí mismas en el encuentro con la Divinidad. La vida sacramental abre el espacio para que Dios suceda en ellas volviéndolas divinas. La convicción del creyente es que la vida es liturgia y la liturgia vida. Celebra la liturgia para transformar la vida, para darle sentido, para sentir que la creación entera es el   templo inconmensurable de la Divinidad.

¡Felices Pascuas! ¡Que te pasen muchas cosas buenas! Escucho, repito, atisbo en silencio. La admiración crece sin medida. ¿Es la religión el corazón de la vida? Me lleno de asombro. Dios en la trama de la vida diaria. Felices pascuas. Las palabras cargan un peso abrumador. ¿Qué cosas buenas me pueden no pasar? Igual a la admiración es la gratitud. Repito delirante: ¡Felices pascuas! ¿Qué fuerza sobrenatural lo invade todo? ¡Que te pasen muchas cosas buenas! ¿En qué cultura puede haber saludo más dulce y venturoso a la vez? A no dudarlo, la Pascua es la fiesta de la vida. La fiesta de Dios que pasa sin cesar por todo cuanto existe.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal, OCD

 

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