Yo me cultivo

yo me cultivoA Dios se le ocurren cosas divinas, y a mí cosas humanas. A mí sus cosas divinas se me vuelven humanas, y a Él mis cosas humanas se le vuelven divinas. Vivimos de ocurrencias. Ocurrencia, bella palabra latina, que significa salir al camino. Dios me sale...

 


 

Cada uno es para sí mismo el mayor tesoro del mundo. Tesoro es lo que estimo mucho por su gran valor. Un tesoro es para desvivirse por él.

Yo me cultivo, vuelvo sobre mí mismo, me dedico tiempo, descubro lo que soy, lo que valgo, y lo cuido con solicitud. No hay desvelo que no me resulte placentero en el cuidado de mí mismo.

Yo me cultivo. "A mis soledades voy, / de mis soledades vengo, / que con venir de mí mismo / no puedo venir más lejos ". La soledad me enseña a encontrar y disfrutar mi intimidad, mi yo, mi más íntimo yo.

En soledad aprendo el arte del monólogo. A medida que me hablo y me escucho, descubro que cada palabra mía me abre un horizonte infinito. Mundo prodigioso de la interioridad.

Mi monólogo me indica que el solitario piensa en voz alta, y quiere sorprender a los demás diciéndoles lo que piensan en voz baja mientras se engañan creyendo que piensan otra cosa.

"En la soledad, y solo en la soledad, puedo conocerme a mí mismo como prójimo; y mientras no me conozca a mí mismo como a prójimo, no podré llegar a ver en mis prójimos otros yos" (Unamuno). En la soledad aprendo a recogerme en mí y a amar a los otros en mí.

A Dios se le ocurren cosas divinas, y a mí cosas humanas. A mí sus cosas divinas se me vuelven humanas, y a Él mis cosas humanas se le vuelven divinas. Vivimos de ocurrencias. Ocurrencia, bella palabra latina, que significa salir al camino. Dios me sale al camino, a mí se me ocurre Dios; yo le salgo al camino, a Dios me le ocurro yo. Mundo de ocurrencias, humanas y divinas.

Por esta ocurrencia de Dios en mí, de mí en Él, me encanta la soledad, maravilloso compartir de ocurrencias, a Él las suyas conmigo, a mí las mías con Él. Mundo mágico del silencio y la soledad.

Abro cada día un espacio a la soledad para alejar de mí los sentimientos de desamor: tristeza, amargura, odio, rabia, desilusión; y hacer florecer en mí los sentimientos de amor: alegría, confianza, fortaleza, acogida, comprensión, generosidad.

Amo la soledad porque en ella descubro y cultivo mi talento, que me hace la vida deliciosa, pues en él encuentro el gusto de vivir. Se tiene genio para lo que se tiene gusto, es mi descubrimiento fascinante en la soledad.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal, OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 23 de noviembre de 2012

 

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