Todo está dispuesto para nacer

regalos-de-navidadTarjetas, aguinaldos, villancicos y fiestas son derroche de la generosidad divina. No es posible ir más lejos en donación de sí, como decir: he aquí que todo lo hago nuevo al esconder en la carne humana lo que no cabe en la tierra ni en el cielo porque no es forma...

 


 

La novena de aguinaldo es una página maestra de religiosidad popular. Tan entrañable como si de ella dependiera cada latido del corazón. “Benignísimo Dios de infinita caridad que tanto amasteis a los hombres, que les disteis en vuestro Hijo la mejor prenda de vuestro amor”. No se puede ir más lejos en ternura y suavidad. Benignísimo aquí es amorosísimo. Dios en Jesús es eso, el amor infinito. Quien recita la novena se encuentra ya viviendo en Él, en el paraíso.

Dios es amor. El amor no es una cualidad de Dios. El amor es Dios. Decir Dios y decir amor, decir amor y decir Dios es lo mismo. Lo uno es lo otro. Por mucho que diga amor, dice menos que Dios. Dios es una realidad concreta. Una realidad que no se parece a ninguna otra y por eso necesita una actitud de acercamiento impensable, impredecible, inimaginable. Una actitud que va más allá de todo lo que podemos imaginar, sentir o desear.

Escribo en silencio en una tarjeta limpia para el amigo lejano: “¡Feliz Navidad!” Le llegará el embeleso que estas palabras dejan en mí al escribirlas. Me inunda la mirada de un niño naciendo en un establo, mi corazón. En este instante sé que Él es la dicha en mí conmigo, la felicidad.

Todo está dispuesto en Navidad para nacer. Tarjetas, aguinaldos, villancicos y fiestas son derroche de la generosidad divina. No es posible ir más lejos en donación de sí, como decir: he aquí que todo lo hago nuevo al esconder en la carne humana lo que no cabe en la tierra ni en el cielo porque no es forma ni en la forma cabe.

Un amante escribió tembloroso en una pared urbana: “Si sabes lo que es infinito, sabrás lo que es mi amor por ti”. La mirada traspasa el espacio que está más allá de los sentidos. Ver lo invisible, oír lo inaudible, tocar lo intangible, pisar lo impisable. El infinito, la realidad concreta que llamamos Dios, lo inunda todo de amor. Por amarlo todo, Dios es el amante principal.

Navidad es encarnación. Encarnar es personificar, representar sentimientos, pensamientos, palabras, acciones. Cuando doy un regalo, soy feliz encarnando lo mejor que de mí soy, lo que de mí más comprendo, amor, gratitud, admiración. Dios es feliz encarnándose, volviéndose hombre, y yo divinizándome, volviéndome Dios.

Navidad, felicidad perfecta, trueque de lo divino por lo humano, de lo humano por lo divino.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

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