Lugares sagrados

lugares sagrados¿Qué cosas son sagradas? Puede que pocas, puede que muchas. Depende de cada individuo, de cada grupo humano, de cada cultura. Las personas y los pueblos tienen un mayor o menor sentido de lo sagrado. Con lo sagrado ocurre lo mismo que con el arte...

 


 

Hay personas, lugares y cosas que son sagrados. Así los consideramos. El diccionario dice que es sagrado lo que está dedicado a Dios y al culto divino. Cuando amamos y por lo mismo llenamos de respeto y acatamiento a alguien o algo, decimos que es sagrado. Al considerar sagrada una persona o cosa, la ubicamos en el ámbito de lo divino. Lo sagrado nos habla de Dios, nos descubre el rostro divino y ejerce en nosotros una fascinación que ennoblece los sentidos. Su presencia ejerce un poder de mejoramiento, de felicidad.

¿Qué cosas son sagradas? Puede que pocas, puede que muchas. Depende de cada individuo, de cada grupo humano, de cada cultura. Las personas y los pueblos tienen un mayor o menor sentido de lo sagrado. Con lo sagrado ocurre lo mismo que con el arte. Todos somos sensibles a la belleza. Hay, con todo, personas y comunidades que la perciben en forma más entrañable en sus diferentes manifestaciones: música, pintura, escultura, literatura, arquitectura, modas. La historia ofrece un repertorio colosal de la sensibilidad estética de los pueblos lo mismo que de su admiración de lo sagrado. Quien tiene la oportunidad de contemplarlos, siente que el cielo comienza en la tierra.

¿Son pocas o muchas las cosas sagradas? La Biblia cuenta historias conmovedoras. Conocemos el sueño de Jacob (Gén 28, 10-19). Este hombre despierta enrarecido. La vida se le cambia mientras duerme. "Dios está aquí y yo no lo sabía… ¡Qué terrible es este lugar! ¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!", se dice fuera de sí al despertar. A campo traviesa, el cielo estrellado se le ha metido en el alma por los ojos cerrados. Al amanecer, sobrecogido por la divinidad, no acierta a poner orden en la mirada. Se mira, lo mira todo. Siendo lo mismo, profano, todo es distinto, sagrado. ¿Qué le ha pasado? Descubre en el camino que Dios es su compañero de viaje. "El Señor es mi Dios; y esta piedra que he erigido como estela será casa de Dios" (Gén 28, 21-22). Una piedra, una estela, un pedestal, un cipo, ¿casa de Dios? Jacob se percata de que Dios está en todo, de que todo es sagrado. Basta con mirar. Los ojos tienen el poder de llegar al infinito, de descubrir lo sagrado en lo profano.

Siglos después, "junto al pozo de Jacob" (Jn 4, 6), Jesús de Nazaret hace esta confidencia: "Créeme, mujer: llega la hora en que no darán culto al Padre ni en este cerro ni en Jerusalén… Llega la hora, o mejor dicho ha llegado ya, en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Jn 4, 21-23). "Y la Samaritana olvidó el agua y el cántaro por la dulzura de las palabras de Dios", comenta s. Juan de la Cruz (Llama 1, 6). La mujer descubre, presa del deslumbramiento, que hay una sed del cuerpo y una sed del alma, un agua material y un agua espiritual; que lo sagrado está en lo profano. Siente que siendo mundana es una mujer sagrada: de la cabeza a los pies está llena de gracia, llena de Dios.

Profano y sagrado no se contraponen. Son dimensiones complementarias de la realidad. Las personas y las cosas son profanas, tienen su propia consistencia. Y son sagradas cuando el hombre descubre que Dios está presente en ellas dándoles la vida que tienen.

San Juan de la Cruz canta en unos versos de sublime hermosura: "Mi Amado las montañas / los valles solitarios…/ la música callada / la soledad sonora / la cena que recrea y enamora".

El comentario del poeta místico a sus propios versos no deja dudas: "Se ha de entender que todo lo que aquí se declara está en Dios eminentemente en infinita manera, o, por mejor decir, cada una de estas grandezas que se dicen es Dios, y todas ellas juntas son Dios…El alma siente ser todas las cosas Dios, según lo sintió S. Juan "Lo que fue hecho, en él era vida". " (Cántico Esp. 14-15, 5). Lo sagrado y lo profano van de la mano. Quien descubre su unión indisoluble es místico. Lo que les pasó a Jacob y a la Samaritana. La creación entera es lugar sagrado, templo del Dios vivo. Lo sagrado es un tesoro al que nadie debe renunciar.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

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