Entrad, también aquí hay dioses

entrad tambien aqui hay diosesJesús de Nazaret revela el monoteísmo, que ya Abrahán había percibido dieciocho siglos antes, cuando fue echado de su parentela por ateo, por no creer en los dioses de la casa paterna, pues sólo "adoraba al Dios del cielo" (Judit 5, 8). Los dioses de las mitologías...

 


 

"Como a otros les duele una mano, o un pie, o el corazón, o la cabeza, a Spinoza le dolía Dios" (Unamuno). Unamuno decía cosas elementales. Al ser humano le duele Dios como el pie, un diente, la mano o el hígado. Cada dolor es diferente y tiene su propia medicina. La del dolor de Dios es El mismo. Quien la encuentra es artista divino, místico.

Para Tales de Mileto, seis siglos antes de Cristo, "todo está lleno de dioses". Lo que hacía exclamar a Heráclito: "entrad, también aquí hay dioses". Ya aquellos hombres percibían que los dioses pertenecen a la naturalidad de la existencia. Sin ellos no hay vida. Ellos la dan, la sostienen, la fecundan.

Jesús de Nazaret revela el monoteísmo, que ya Abrahán había percibido dieciocho siglos antes, cuando fue echado de su parentela por ateo, por no creer en los dioses de la casa paterna, pues sólo "adoraba al Dios del cielo" (Judit 5, 8). Los dioses de las mitologías quedaban así reducidos al único Dios verdadero. El que da sentido a todo y en el que todo se mantiene. El ser humano tiene un sentido innato para percibir el agua, el aire, el viento, a Dios. Ve cada realidad y habla de ella con naturalidad. Tiene instinto para sintonizar con Dios, para ubicarse en el ámbito divino. Su manera de percibirlo y hablar y gustar de El es divina, sorprendente, siempre nueva. En la actividad rutinaria cada fenómeno puede ser portador de revelación.

El Principito afirma que sólo se ve bien con el corazón, que lo esencial es invisible para los ojos. Los místicos van más allá. Ven a Dios sin los ojos del cuerpo y sin los ojos del alma, con una visión tierna, duradera, transformante. "Su Majestad ha sido el libro verdadero adonde he visto las verdades. ¡Bendito sea tal libro, que deja impreso lo que se ha de leer y hacer, de manera que no se puede olvidar" (S. Teresa, Vida 26, 5; 27, 2).

"Un día, hablando con un campesino, le propuse la hipótesis de que hubiese, en efecto, un Dios que rige cielo y tierra… pero que no por eso sea el alma de cada hombre inmortal… Y me respondió: 'entonces, ¿para qué Dios?'" (Unamuno). Que el lenguaje tenga la elocuencia de la realidad. Que quien escucha se diga: "Las palabras que escucho son fotografías de la vida real. Lo que oigo me interesa, me conmueve, me sirve, me hace falta. Sin eso no puedo vivir. Lo que dicen de Dios me hiere tiernamente en su continua novedad divina".

Dios pertenece a la vida cotidiana, como el agua, el aire, la luz y el viento; cada cosa con su propio lenguaje, que la experiencia hace elocuente, fascinante, irresistible. Las palabras del místico son trampolín para saltar, para volar. Al terminar su discurso puede que se encuentre en completa soledad, mientras los oyentes surcan el espacio infinito. Nada tan evanescente y seductor como el lenguaje divino.

La destreza con que el mesero me describe las viandas hace que las deguste desde antes de verlas en la mesa. "Y todos cuantos vagan / de ti me van mil gracias refiriendo / y todos más me llagan / y déjame muriendo / un no sé qué que quedan balbuciendo". "Si lo otro que entiendo me llaga y hiere de amor, esto que no acabo de entender, de que altamente siento, me mata" (S. J. de la Cruz, Cántico 7, 9). Lenguaje acertado el de la poesía para hablar de la continua novedad divina.

Entrad, también aquí hay dioses. El saludo perfecto para quien recibe una visita o hace un discurso sobre la llama de amor que le quema las entrañas. Hablar de Dios es fácil a quien   respira la naturalidad de su presencia. Puede que algún día en Colombia se nos vuelva elemental y seductor hablar de Dios. Ese día seremos divinos, y sabremos por experiencia lo que significa la concordia, la justicia, el amor, fruto de la presencia divina en nosotros.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

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