El Arte de mirar

el arte de mirarMiro con los ojos de mi cuerpo los ojos de mi alma, y con los ojos de mi alma los ojos de mi cuerpo, el modo perfecto del amor. Es mi entrenamiento para mirar a los demás y a todos los seres de la creación. Y sobre todo para mirar a Dios, que mantiene su mirada...

 


 

Estudiando preceptiva literaria en bachillerato aprendí de memoria este madrigal: Ojos claros, serenos, / que de un dulce mirar sois alabados, / pues cuanto más piadosos, / más bellos parecéis a quien os mira. ¿Por qué a mí solo me miráis con ira? / Ojos claros, serenos, / ya que así me miráis, miradme al menos”. (Gutierre de Cetina).

Mirar es la acción de los ojos. Hay ojos en el cuerpo y ojos en el alma. Presto atención a la armonía del mirar. “Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve bien con el corazón”.

Mirar es hecho natural y a la vez arte consumado. Subir con los ojos en un instante de la tierra al cielo es un milagro. La mirada vuelve al hombre divino. Aprender a mirar es un tesoro.

La oración es arte de mirar. Yo lo miro y él me mira. Él me mira y yo lo miro. Orar es el arte de cruzar miradas.

El vidente es un ser maravilloso. Dios es el dueño de sus ojos, pues mira por ellos y con ellos. Seduce con su mirada irradiando divinidad en todo cuanto mira. “Quisiera ser un sueño, / quisiera ser un lirio / para mirar de frente / tus grandes ojos claros”. (Juan Ramón Jiménez).

Miro con los ojos de mi cuerpo los ojos de mi alma, y con los ojos de mi alma los ojos de mi cuerpo, el modo perfecto del amor. Es mi entrenamiento para mirar a los demás y a todos los seres de la creación. Y sobre todo para mirar a Dios, que mantiene su mirada amorosa fija en mí, el colmo de la felicidad.

Los místicos hablan de la visión beatífica. El cielo es puro mirar. “Seremos semejantes a él porque lo veremos tal cual es”.

Mirar con amor es arte de solicitud infinita. “Y yéndolos mirando / con sola su figura / vestidos los dejó de hermosura” (S. Juan de la Cruz).

Las cosas se vuelven acabadas y perfectas con la mirada divina.

“Cuando tú me mirabas / su gracia en mí tus ojos imprimían”. Mi curiosidad crece sin cesar. ¿Qué pasaría en las manos de quien juntaba las palabras así? ¿Cómo llegaba el corazón a las palabras? ¿Cómo llegaban las palabras al corazón? Juego infinito que me deja perplejo, y más si sigo leyendo: “Y véante mis ojos / pues eres lumbre de ellos”

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 17 de agosto de 2012

 

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