Dios en su desnudez

Dios en su desnudezCuanto más familiar me es Dios, más disfruto su condición divina. En su simplicidad tiene todos los vestidos, no teniendo ninguno. Para Dios, tener es no tener. Teniéndose a sí mismo, lo tiene todo. En la tierra y en el cielo, en el tiempo y en la eternidad...


 

A Dios ningún vestido le cae bien. Hasta el sastre más avezado hará bien en pedirle con atrevimiento y humildad que le enseñe a vestir los sentimientos con el traje del amor.

Cuanto más familiar me es Dios, más disfruto su condición divina. En su simplicidad tiene todos los vestidos, no teniendo ninguno. Para Dios, tener es no tener. Teniéndose a sí mismo, lo tiene todo. En la tierra y en el cielo, en el tiempo y en la eternidad. La imaginación se quiebra desplegando sus alas en el horizonte sin límites de la divinidad.

El tener es propio del ser humano. Se embelesa con lo que tiene y puede tener, como si fuera valioso, no por lo que es, sino por lo que tiene.

Con el ánimo de ensalzar a Dios, inventamos adjetivos, como decir que es infinitamente bueno, sabio, justo, poderoso, principio y fin de todas las cosas, según la vieja comprensión de Astete. Dios es infinitamente más que todo lo que decimos de él. Bondad, sabiduría, justicia y poder son algo en cuanto dimanan de él.

Lo que puede descorazonarme es propiamente el motivo de la máxima alegría. Ante la simplicidad absoluta sobra todo atuendo, pues Dios no tiene parte ni modo ni estilo ni manera según se lo reveló a Moisés: "Soy el que soy". Él mismo es la señal de su presencia.

Voltaire escribió algo desafiante. "Para saber si hay un Dios, sólo te pido una cosa, que abras los ojos". A Dios llego sin rodeos, con una mirada limpia, la que usa el colirio del amor.

Por eso, un orante se decía en secreto, sin palabras: "Oh Dios, crea en mí un corazón puro". Una mirada transparente era su secreto para alcanzar la invisible desnudez divina.

"Retiren de Dios todo lo que lo envuelve y cójanlo en su desnudez, en su vestuario, sin nada que lo cubra y en su pureza, tal como es en sí mismo. Así permanecerán en Él (Jn. 15, 4)", dijo el Maestro Eckhart, fruto de vivir en su familiaridad.

" Gocémonos, Amado, / y vámonos a ver en tu hermosura ". Los versos de S. Juan de la Cruz dejan flotando en la intimidad del corazón un perfume que el olfato no alcanza a inhalar. La desnudez de Dios es lo que necesito para saber por experiencia lo que es el deleite infinito cantado por los místicos. Me llegará desaposesionándome de todo.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 18 de mayo de 2012

 

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