El arte del monólogo

monologoHay dos monólogos famosos, el de Hamlet y el de Segismundo. Expresan la loca pasión de un mundo turbulento a punto de naufragar, o el de verse más lisonjero en otro estado. Contra todas las tentaciones de los medios de comunicación, en trance de mantenerme...


 

Logos es un vocablo de origen griego y significa palabra. Y diálogo significa comunicarse a través de la palabra. Todo lo que comunica es palabra. De ahí su importancia, pues el distintivo del hombre es la palabra.

En el diálogo hablo y escucho, alterno la palabra con el silencio. Escucho cuando abro, mediante el silencio, un espacio para acoger la palabra del otro, sobre todo lo que me comunica de sí mismo.

Monólogo es una forma de diálogo, el arte de hablar conmigo mismo, de entrar en mi propia intimidad para contarme a mí mismo quién soy, qué hago, qué intereses tengo, a qué me juego la vida.

Monologo poniendo ante mí mismo mi más profunda intimidad, mi condición humana, el sentimiento que determina mi interioridad, la persona que soy y qué espacio abro en cada jornada al cultivo de mi intimidad, presente en todo mi ser.

Un hombre que sabía mucho de palabras, monologaba así: "Cuando encontraba palabras tuyas, las devoraba. Tus palabras eran el gozo y la alegría de mi corazón". Es conmovedora la pasión de Jeremías (15, 16) por buscar las palabras de Dios. Moldearon su vida de divinidad.

La delicia, sacar tiempo para decirme cuánto me amo, qué buen trato me doy, cuánto cultivo pensamientos y sentimientos de amor, lejos de todo lo que pueda enturbiar el resplandor del sol.

Soy feliz monologando, descubriendo el compromiso conmigo mismo de amar a todos los seres de la creación.

Me repito en silencio: "A mis soledades voy / de mis soledades vengo, / porque para andar conmigo / me bastan mis pensamientos".

Hay dos monólogos famosos, el de Hamlet y el de Segismundo. Expresan la loca pasión de un mundo turbulento a punto de naufragar, o el de verse más lisonjero en otro estado. Contra todas las tentaciones de los medios de comunicación, en trance de mantenerme fugitivo de mí mismo, el monólogo espera con paciencia un espacio en mi interioridad.

Monologo cuando me presto atención para contarme las maravillas que ocurren en mi intimidad.

Algo así como mi yo, mi más íntimo yo, eso que yo mismo voy descubriendo fascinado, y a lo que no sé cómo poner palabras, porque no es forma ni en la forma cabe.

Al monologante lo estremece el cauterio que quema sus entrañas.

"Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas. No abandones la obra de tus manos".

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 11 de mayo de 2012