Eucaristía es gratitud

Eucaristia es gratitudSentarse a la mesa es un menester cotidiano. La mesa tiene el embrujo de lo humano y lo divino, síntesis perfecta de la creación. En ella están juntos la tierra y el cielo, el tiempo y la eternidad, el hombre y Dios. Y el pan que se parte y se comparte en ella es la acción delirante...

 


 

Eucaristía es una palabra hermosa. Dice lo que calla, calla lo que dice. Se mantiene envuelta en el misterio.

Es su vocación, y por eso es seductora. Fue inventada para eso, para seducir. La seducción le pertenece en propiedad. ¿A quién no le encanta la seducción?

La seducción tiene origen divino. Por eso enloquece a los hombres. Quien tiene el arte de seducir es digno de toda envidia, tanto más asombrosa por remontarse a Dios.

Maestro de la seducción, se puso ropaje humano con el único fin de seducir. El que cae en sus redes no quiere salir jamás.

Dios vino a enseñarle al hombre a seducir. Pocos se han atrevido a aprender esa lección.

Nosotros, los hombres, preferimos vagar sin rumbo, lejos de su seducción. Renunciamos a tener alas.

Nos contentamos con ver volar. La seducción divina vuela llevando alas a cada corazón. Quienes las toman se enseñorean del espacio infinito.

Eucaristía es una palabra sacada del corazón, del corazón de los hombres, del corazón de Dios. De linaje humano y divino a la vez.

Ancestro sobrecogedor. Eucaristía es dar gracias por un buen regalo. No hay regalo como el de la vida. Incluye todos los regalos. Para vivir derretidos de gratitud.

El alimento es regalo de regalos. Nada más grato que la comida. Y más si es partida y compartida a la mesa familiar, gozo anticipado de eternidad.

"La cena que recrea y enamora", cantó un vidente fuera de sí, que comentó así su canción: "Le es él a ella la cena que recrea en serle fin de los males, y la enamora en serle a ella posesión de todos los bienes" (S. Juan de la Cruz).

Sentarse a la mesa es un menester cotidiano. La mesa tiene el embrujo de lo humano y lo divino, síntesis perfecta de la creación. En ella están juntos la tierra y el cielo, el tiempo y la eternidad, el hombre y Dios.

Y el pan que se parte y se comparte en ella es la acción delirante del amor, el milagro de la unidad de dos. Lo que soy y tengo te completa a ti. Lo que eres y tienes me completa a mí.

Somos dos siendo uno, somos uno siendo dos. Vamos y venimos en un dinamismo sin fin.

Me quedo perplejo oyéndolo. "Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Quien come este pan vivirá para siempre".

Me embeleso contemplándolo.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD