La Trinidad: misterio cotidiano

La Trinidad: misterio cotidianoLa santísima Trinidad es misterio. Eso basta para el rechazo. A la gente le gusta la vida sin misterios. Ellos no hacen más que complicarlo todo. Muchos asumen una actitud de sumisión. Aceptan la fe con espontaneidad. Les basta la seguridad de la tradición, de lo mandado...

 


 

La santísima Trinidad es misterio. Eso basta para el rechazo. A la gente le gusta la vida sin misterios. Ellos no hacen más que complicarlo todo. Muchos asumen una actitud de sumisión. Aceptan la fe con espontaneidad. Les basta la seguridad de la tradición, de lo mandado. Alaban al Dios uno y trino con amor. Sin entender, experimentan el gusto de la simplicidad aún en lo complicado. Su camino tiene flores cuyas raíces y tallos desconocen. Tal vez no hay nada más simple que el misterio trinitario. Va con uno en la espontaneidad del aire que respira. Sin darse cuenta, es su compañía inseparable. Santiguarse es realizar el reconocimiento externo de una presencia inmerecida, recóndita, siempre fiel. Cada palabra, cada gesto, produce repercusiones extraordinarias. Habitados por ella, camina con nosotros desde que nacemos hasta que morimos. Adquirir conciencia de ella es saber algo de eternidad.

La Santísima Trinidad es el misterio de lo ordinario, en medio de lo cual se desarrolla la trama de la vida diaria y dentro de lo cual conseguimos o perdemos la salvación. No es un objeto más del mundo cotidiano. Pertenece a lo más elevado, sublime, profundo, inefable y misterioso de la fe cristiana. Su presencia manifiesta una simpatía increíble por los hombres. Es amor, es comprensión, es esperanza, fundamento de todo cuanto existe. Vive en lo más íntimo de cada ser, aún estando más allá de todo: es Padre. Se comunica a los hombres, va en busca de ellos y establece alianza con ellos: es Hijo. Lo congrega todo en el amor y atrae todo hacia sí en unidad amorosa e indivisible: es Espíritu Santo. Sin escuelas para el amor, la gente corre perdida en el vértigo de la ciudad. Va y viene, sin hogar donde compartir la dicha. Los anhelos, los errores. La noche no esconde ningún misterio por descubrir. Justamente un descanso avaro que no repara fuerza alguna. El corazón vive la pesadilla del abandono lejos del calor humano que da sentido a los afanes de cada día, como si estuviera condenado a vivir en el infierno en que no cree.

La Santísima Trinidad es la máxima cercanía del hombre. Está ligada inmediatamente a la realidad humana. Entró en la historia para salvarla. Es experiencia cotidiana que todo lo llena de luz, de simpatía y de verdad. Allí donde hay gracia, gusto por vivir, ojos que comunican entusiasmo, está presente, en magnífico esplendor, el misterio trinitario. Todo lo que nace manifiesta su obra creadora. Todo lo que avanza es expresión de su fuerza son contornos. Todo lo que ama es presencia de su prodigalidad. No hay que enredarse para decir algo de él. Basta con dejar que cada sentido hable su propio lenguaje de espontaneidad. Es la presencia que surge primer plano dando a cada cosa su contorno exacto. No hay talento humano o flor que se abra que no lo manifieste. La carrera más loca expresa su energía desbordada.

Por la Trinidad el hombre llega al interior de sí mismo. Mira sus manos y se da cuenta de que están hechas para alcanzar el infinito. Es lo más grande escondido en la pequeñez humana. Quien respira con atención, toca con suavidad, mira con amor, está formando parte del hogar trinitario. Es cuanto necesita como criatura de amor. No hay nada más allí.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

Nuestro sitio utiliza cookies para ofrecerle una mejor experiencia de navegación. Para obtener más información, haga clic en "Política de cookies".

Para tener acceso inmediato al sitio aceptando cookies, haga clic en "OK, he entiendo y acepto". Si continúa navegando consideramos que acepta su uso.