Actualidad de la doctrina de Teresa de Lisieux

Santa Teresita del Niño Jesus 70La realidad del influjo de la doctrina Thérèse en la Iglesia y en el mundo de hoy es un hecho innegable. Un análisis de las peticiones de más de 30 Conferencias episcopales para que Thérèse sea declarada Doctor de la Iglesia nos hacen constatar su actualidad...

 

 


 

Actualidad de la doctrina teresiano-lexoviense para la Iglesia y el mundo de hoy

 

La realidad del influjo de la doctrina Thérèse en la Iglesia y en el mundo de hoy es un hecho innegable. Un análisis de las peticiones de más de 30 Conferencias episcopales para que Thérèse sea declarada Doctor de la Iglesia nos hacen constatar su actualidad en las más diversas culturas y situaciones sociales y eclesiales: en la devoción popular, en el surgir de vocaciones a la vida consagrada, en la entrega y servicio misionero y apostólico. Es como una presencia misteriosa, pero real, de aquella que, con confianza filial, le pidió a Dios poder "pasar su cielo haciendo bien en la tierra".

El influjo de Thérèse en la vida espiritual del mundo moderno se podría comparar a las señales colocadas en una carretera. Ellas nos guían y orientan, nos avisan de los peligros, marcan la velocidad, nos aseguran y nos dan la certeza de que caminamos en la dirección acertada. La misión de Thérèse fue la de limpiar y renovar las señales evangélicas, muchas veces borradas o semiborradas, que dificultaban el camino de los creyentes o incluso los apartaban del seguimiento auténtico de Jesús. Varias décadas más tarde, el Vaticano II reconocería, en sus principales líneas teológico-pastorales y espirituales, ese trabajo hecho por Dios a través de la vida y de la doctrina de la Santa de Lisieux.

Los moldes a través de los cuales transmite su mensaje doctrinal son los de una mujer joven, consagrada y contemplativa de finales del siglo pasado. Sin embargo, la calidad evangélica del su mensaje lo abre a la universalidad de situaciones y de destinatarios. Más todavía, lo hace actual ante los desafíos de la nueva evangelización, de la unidad de los cristianos, de las circunstancias-límite en la que viven creyentes y no creyentes. Se trata, en el fondo, de un regreso al Evangelio.

 

La doctrina-experiencia de una mujer

La experiencia y la doctrina de Teresa de Lisieux mujer, cobra especial valor en nuestra época en la que se van abriendo nuevas perspectivas de presencia y acción para ella en la sociedad y en la Iglesia. La mujer está llamada a ser "una señal de la ternura de Dios con el género humano", y a enriquecer la humanidad con su "genio femenino". Y ambas cosas realizó nuestra santa en su vida y en sus escritos.

Thérèse transmite su experiencia espiritual con su estilo femenino concreto, directo, cercano. Aunque condicionada por la época en que vivió, no deja de manifestar su convicción evangélica de la igualdad entre el hombre y la mujer y de la importancia de una colaboración mutua como discípulos de Jesús. Esto aparece, sobre todo, en su correspondencia epistolar con sus hermanos misioneros: comparte con ellos sus experiencias humanas y espirituales y no duda en expresarles su modo de pensar en temas teológicos y de experiencia cristiana: su idea de la justicia de Dios, el camino de infancia espiritual, la confianza en la misericordia divina.

Su feminismo, al igual que el de Teresa de Jesús desemboca en un compromiso mayor con el Evangelio, por encima de los prejuicios que marginaban a la mujer de su época. Thérèse experimentó esa situación de la mujer en la sociedad y en la Iglesia de finales del siglo XIX. En el manuscrito A cuenta, con claridad y sentido del humor lo que vivió durante el viaje a Roma antes de entrar al Carmelo:

"Je ne puis encore comprendre pourquoi les femmes sont si facilement excommuniées en Italie, à chaque instant on nous disait: 'N'entrez pas ici ... N'entrez pas là, vous seriez excommuniées! ... Ah! les pauvres femmes, comme elles sont meprisées! ... Cependant elles aiment le Bon Dieu en bien plus grand nombre que les hommes et pendant la Passion de notre Seigneur les femmes eurent plus de courage que les apôtres puisqu'elles bravèrent les insults des soldats et osèrent essuyer la Face adorable de Jésus".

Esta condición de la mujer, que expresa con la frescura y sinceridad de una persona libre, la lleva a una reflexión evangélica: esta marginación de la mujer la hace participar más de cerca del desprecio del que fue objeto Jesús en su pasión y, por tanto, de su resurrección. Las mujeres tuvieron el valor de enjugar el rostro de Cristo. "C'est sans doute pour cela qu'il permet le mépris soit leur partage sur la terre, puisqu'Il l'a choisi pour Lui.même ... Au ciel Il saura bien montrer que ses pensées ne sont pas celles des hommes, car alors lesdernières seront les premières. .. "

La mujer, que se ha abierto espacios de mayor participación en la sociedad y en la Iglesia, encuentra ciertamente en Teresa de Lisieux un estímulo para vivir, como afirma Juan Pablo II, "una cultura de la igualdad entre el hombre y la mujer". Por otro lado, como lo pedía Hans Urs von Balthasar, en las celebraciones del primer centenario del nacimiento de Teresa de Lisieux, ella ha abierto, con su mensaje, el campo teológico a la reflexión femenina: "La théologie des femmes n'a jamais été prise au sérieux ni intégrée par la corporation. Cependant, après le message de Lisieux, il faudrait enfin y songer dans la reconstruction actuelle de la dogmatique".

Esto responde a lo que el documento postsinodal Vita consecrata presenta como perspectivas nuevas para la mujer en la Iglesia, cuando dice: "se espera mucho del genio de la mujer también en el campo de la reflexión teológica, cultural y espiritual, no sólo en lo que se refiere a lo específico de la vida consaagrada femenina, sino también en la inteligencia de la fe en todas sus manifestaciones".

 

La doctrina-experiencia de una joven

Una segunda característica del mensaje teresiano-lexoviense es que se trata del mensaje de una joven, muerta a los 24 años. Su lenguaje es juvenil. Responde a la exigencia de la juventud que busca una experiencia espiritual profunda. Thérèse sabe presentar el sentido de una vida de amor y de entrega. Al mismo tiempo subraya que la existencia humana es una manifestación del amor del Señor.

Los jóvenes encuentran en la doctrina-experiencia de Thérèse un camino para superar la dicotomía entre lo humano y lo divino. En ella aparecen muchos elementos convincentes: la posibilidad de una compromiso evangélico vivido en las circunstancias pobres y monótonas de cada día con la grandeza de la sencillez. La fuerza de la belleza divina capaz de fascinar y atraer para una entrega total y definitiva. Hablando de su encuentro con Jesús en el día de su primera comunión Thérèse comenta: "depuis longtemps, Jésus et la pauvre petite Thérèse s'étaient regardés et s'étaient compris ... Il était le maître, le Roi".

Otro de los grandes valores y anhelos de la juventud es el de la libertad. Thérèse de Lisieux joven habla a los jóvenes para mostrarles, desde la sensibilidad juvenil, el verdadero sentido de la libertad entendida como don de uno mismo en el amor. De este modo todo se orienta a Dios como el único absoluto. Se ama a todos. Se busca el bien de los demás en el olvido de uno mismo, sin las ataduras del egoísmo y la esclavitud de la pasión: "Tout nous porte vers Lui, les fleurs qui croissent au bord du chemin ne captivent pas nos coeurs, nous les regardons, nous les aimons car elles nous parlent de Jésus, de sa puissance, de son amour, mais nos âmes restent libres".

Las enseñanzas de Thérèse, mujer joven, tienen la frescura, el entusiasmo y el sentimiento de esa edad de la vida humana y, sin embargo, están lejanas de sentimentalismos y falsas ilusiones. Ella misma, hablando de sus primeras impresiones después de su entrada al Carmelo, dice: "Lesillusions, le bon Dieu m'a fait la grâce de n'en avoir AUCUNE en entramt au Carmel; j'ai trouvé la vie religeuse telle que je me l'était figurée, aucun sacrifice ne m'étonna et cependant, vous le savez, ma Mère chérie, mes premieres pas ont rencontré plus d'épines que de roses".

La doctrina y experiencia de Thérèse de Lisieux es una propuesta precisa y exigente para los jóvenes de hoy que buscan una vida marcada por la radicalidad evangélica y la entrega generosa a los demás. A los jóvenes les mueve el testimonio de personas que viven y encarnan valores. La Santa de Lisieux aparece como un testigo creíble de la grandeza de una vida en la que aparece la búsqueda y el hallazgo de lo divino dentro de la normalidad de una existencia limitada en el tiempo y en el espacio. El lenguaje de Thérèse es, por otra parte, un lenguaje juvenil encarnado y simbólico, cercano a la vida y exigente a la vez. Pero, sobre todo, se le pueden aplicar las palabra del documento postsinodal Vita consecrata cuando habla del testimonio de los jóvenes consagrados: su "amor apasionado por Jesucristo es una fuerte atracción para otros jóvenes, que en su bondad llama para que le sigan de cerca y para siempre. Nuestros contemporáneos quieren ver en las personas consagradas el gozo que proviene de estar con el Señor".

 

La doctrina-experiencia de una consagrada

Como persona consagrada, Thérèse de Lisieux ofrece a la vida consagrada de hoy orientaciones y actitudes que iluminan el camino de quienes se han comprometidoen ese estilo de seguimiento de Jesús. En los escritos de la Santa no hay ninguna enseñanza sistemática de la teología de la vida consagrada. Ella es una carmelita contemplativa que vive su vida en una época determinada. Lo que da actualidad a su mensaje como consagrada es el hecho de su exsistencia profundamente evangélica y abierta a los caminos del Espíritu a partir de una clara identidad vocacional.

Thérèse de Lisieux presenta el itinerario de una vocación, fruto de una llamada divina gratuita y misericordiosa y, al mismo tiempo, describe con precisión el ideal de su consagración. Para conseguirlo está dispuesta a pasar por la prueba antes de su ingreso y dentro del monasterio con un grande realismo espiritual.

 

La vocación religiosa don y respuesta

Las etapas de un camino

En sus escritos la Santa de Lisieux nos describe las diversas etapas del camino de su vida religiosa en un Carmelo contemplativo. Aparecen allí la aceptación inmediata de las limitaciones de la vida religiosa encarnada en circunstancias concretas: "La vie religeuse m'apparaissait tel qu'elle est avec ses assujettissements, ses petits sacrifices accomplis dans l'ombre. Je comprenais combien il est facile de se replier sur soi-même, d'oublier le but sublime de sa vocation". Recibió una formación severa. A causa de su juventud tuvo que esperar ocho meses más para hacer su profesión. Eso le costó mucho en un principio hasta que comprendió que lo importante era la aceptación de la voluntad de Dios manifestada a través de los acontecimientos y de las mediaciones humanas. Eso le ayudó a crecer en realismo espiritual, quebrando su propia voluntad desde la perspectiva de la fe.

La evolución de su vida religiosa la condujo a profundizar especialmente en la caridad fraterna fuente de renuncias y vencimiento de sí misma: "Ce n'est pas toujours avec ces transports d'allégresse que j'ai pratiqué la charité, mais au commencement de ma vie religeuse, Jésus voulut me faire sentir combien il est doux de le voir dans l'âme de ses épouses". En ese ejercicio del amor fraternal aprendió igualmente a vivir las exigencias del desapego afectivo.

En los esfuerzos por responder al Señor y por tender a la santidad descubrió, tras el fracaso de todos sus empeños, el camino del amor y la confianza como el camino para llegar a la santidad. A través de esa experiencia ofrece a las personas consagradas una luz para ayudarles a comprender que no son los esfuerzos voluntaristas los que nos unen con Dios y nos hacen santos sino la confianza filial y el abandono en su misericordia:

"j'ai toujours désiré d'être une sainte, mais hélas! j'ai toujours constaté, lorsque je me suis comparée aux saints qu'il y a entre eux et moi la même différence qui existe entre une montagne dont le sommet se perd dans les cieux et le grain de sable obscur foulé sous les pieds des passants; au lieu de me décourager, je me suis dit: le Bon Dieu ne saurait inspirrer des désirs irréalisables, je puis donc malgré ma petitesse aspirer à la sainteté; me grandir, c'est impossible, je dois me supporter telle que je suis avec toutes mes imperfections, mais je veux chercher le moyen d'aller au Ciel para une petite voie bien droite, bien courte, une petite voie toute nouvelle".

 

La pedagogía del testimonio

Más adelante, cuando es nombrada responsable del noviciado, traduce toda la riqueza de su experiencia espiritual y la claridad de su identidad vocacional en enseñanzas suaves y exigentes a la vez. Sabe crear un ambiente familiar entre las formandas. Para ello crea un clima de confianza mutua y de disponibilidad para escuchar a las novicias. No deja de corregir cuando hay que hacerlo. Dice la verdad con dulzura y energía. Ayuda, sobre todo, a adquirir la capacidad de descubrir en todo a Dios y a vivir en el amor. La formación que imparte es personalizada. Implusa a sus hermanas a integrar todo a la luz del amor de Dios: afectividad, debilidades, cualidades, aspectos positivos y negativos.

 

La dimensión misionera de su vida religiosa

Desde el principio de su vida religiosa tenía claro el ideal misionero de su vocación. Este creció con ella de manera particular cuando la Superiora le confió el rezar por dos misioneros y cuando se presentó la posibilidad de que el Carmelo de Lisieux fundara en Saigon. En su correspondencia epistolar con los dos misioneros con los que se sentía hermanada, los PP. Rouland y Bellière, encontramos el testimonio del grado de profundidad al que había llegado en la comprensión de la dimensión misionera de su vocación contemplativa. Pero es, sobre todo, en el Manuscrito B donde ella expresa sus anhelos apostólicos y misioneros:

"Ah! malgré ma petitesse, je voudrais éclairer les âmes comme les Prophètes, les Docteurs, j'ai la vocation d'être Apôtre ... je voudrais parcourir la terre, prêcher ton nom et planter sur le sol infidèle ta Croix glorieuse, mais, ô monBien- Aimé, une seule mission ne me suffirait pas, je voudrais en même temps annoncer l'Évangile dans les cinq parties du monde et jusque dans les îles les plus reculées ... Je voudrais être missionaire non seulement pendant quelques années, mais je voudraie l'avoir été depuis la création du monde et l'être jusqu'à la consommation des siècles...".

 

Por el sendero de la purificación

Su vida contemplativa con dimensión apostólica y misionera pasó por la purificación, el sufrimiento y la oscuridad de la fase dolorosa del misterio pascual. La enfermedad por un lado y la noche oscura de la fe, por otro, realizaron en ella la obra de Dios que la quería transformar y unirla a El: "Il permit que mon âme fût envahie des plus épaisses ténèbres et que la pensée du Ciel si duoce pour moi nesoit plus que'un sujet de combat et de tourment ... Il faut voyagé sous ce sombre tunnel pour en comprendre l'obscurité".

A ese sufrimiento interior, el mayor, sin duda, se añadió el dolor de la enfermedad: la tuberculosis que la fue destruyendo físicamente y de manera especial al agravarse en los tres últimos meses de su vida.

Esta situación no la apartó de la fidelidad a las exigencias del amor a Dios y a los demás. Sin el consuelo de la fe, ella siguió comprometida en la vida concreta. Sin la posibilidad de gozar del consuelo de Dios Thérèse usó todas sus energías espirituales para continuar practicando las obras del amor: "N'ayant pas la jouissance de la foi, je tâche au moins d'en faire les oeuvres. Je crois avoir fait plus d'actes de foi depuis un an que pendant toute ma vie".

 

Los votos y la vida fraterna

Sin haber consignado en sus escritos una doctrina sistemática sobre los votos y la vida fraterna en comunidad, Thérèse no deja de manifestar, aquí y allá, su pensamiento fruto de una experiencia personal profunda.

En una poesía, que tiene como título "Mes Armes", compuesta para el día de una profesión, describe en pocas pinceladas su visión de los votos. Presenta lapobreza como su primer sacrificio que, al despojarla de todo le permite correr ligeramente como un atleta. La pobreza le sirve también de lanza y casco protector. Dice de lacast idad que la hermana con los ángeles. Ella es la espada celestial que puede conquistar los corazones. Es su arma invencible porque la transforma en esposa de Jesús. Finalmente, laobediencia es la coraza fuerte y el escudo de su corazón que le dará la victoria final. Por ello, no quiere otras glorias que la de someter en todo su voluntad.

Sobre la vida fraterna en comunidad más que dejarnos una teoría nos transmitió el testimonio de su experiencia. Ella enseña a los religiosos y religiosas a vivir encarndos en la realidad y a vivir el amor evangélico en la comunidad concreta a la que uno pertenece.

El Carmelo de Lisieux, cuando ella ingresó era, en palabras de su hermana María, pequeño y pobre. Contaba con 26 religiosas. La media de edad de la comunidad era de 47 años. Humanamente era un comunidad pobre y espiritualmente estaba influenciada por el rigorismo de la época, el miedo a un Dios justiciero inculcado por el jansenismo. Todo esto no dejaba de obstaculizar el dinamismo del amor y el equilibrio que Santa Teresa de Jesús había procurado proteger con realismo humano y espiritual. En este ambiente, con personas concretas, con nombre y apellido, con cualidades y defectos, Teresa de Lisieux vive el amor fraterno y sus exigencias.

En un buen número de páginas del manuscrito C, dirigido a la M. María de Gonzaga, Priora del monasterio, Teresa describe cómo fue comprendiendo y viviendo el mandamiento de Jesús de amar a los demás como El nos amó. Eso la llevó a soportar los defectos de los otros, a no extrañarse de sus debilidades, a edificarse de los pequeños actos de virtud, a juzgar con comprensión y benignidad a todas. Describe también pequeños hechos concretos que desafiaron su ejercicio de amor al prójimo y dificultaron el crecimiento en la comunión. En los pequeños esfuerzos, servicios y sacrificios de la vida fraterna en comunidad, Thérèse vivió el precepto del amor.

La dimensión de comunión que tiene en sí la vocación a la vida consagrada ha sido puesta de relieve nuevamente por el documento Vita consecrata en su segunda parte, que tiene como título "Signum fraternitatis. La vida consagrada signo de comunión en la Iglesia".

El misterio pascual ayuda a comprender que sin renuncia, sin cruz, sin entrega generosa, apertura y perdón, no es posible vivir el amor al prójimo al estilo de Jesús. Teresa de Lisieux es para los religiosos y las religiosas un estímulo y una maestra para vivir en las circunstancias concretas de las comunidades, con realismo espiritual, la nueva comunión y fraternidad en Cristo, en medio de las dificultades.

En conclusión, podemos decir que el mensaje de Thérèse de Lisieux como religiosa es de gran actualidad. Su experiencia y su doctrina son una luz para la vida consagrada. Una invitación a vivir con el mismo realismo espiritual y con la atención a los valores fundamentales de la misma: seguimiento de Jesús, amor a El y a los demás, vida fraterna en comunidad, experiencia de Dios en todas las circunstancias, confianza en El, identidad clara y definida a la propia vocación y misión, fidelidad a ellas en medio de las purificaciones.

 

La doctrina-experiencia de una contemplativa

Thérèse es no sólo religiosa sino contemplativa claustral. Su vida religiosa se desarrolla en un Carmelo teresiano consagrado a la oración apostólica, como ideal propuesto por Teresa de Jesús. En consonancia con ella(2 3 ), Thérèse de Lisieux vive la oración como diálogo confiado y amoroso con un Dios Padre-Madre(24). Transforma en experiencia vital la fuerza que comunica y se abre a la necesidad de la abnegación evangélica para que la oración sea auténtica: "Ah! c'est la prière, c'est le sacrifice qui font toute ma force, ce sont les armes invencibles que Jésus m'a données, elles peuvent bien plus que les paroles toucher les âmes".

Ella vivió un tipo de oración cada vez más sencillo, que la colocaba en la fuente de agua viva o junto al fuego divino que purifica y transforma: "pour moi la prière, c'est un élan du coeur, c'est un simple regard jeté vers le Ciel, c'est un cri de reconnaissance et d'amour au sein de l'épreuve comme au sein de la joie; enfin c'est quelque chose de grand, de surnaturel qui me dilate l'âme et m'unit à Jésus".

 

La oración contemplativa en Thérèse de Lisieux

Fue en la oración contemplativa donde ella pudo redescubrir el rostro paterno-materno de Dios y éste fue el punto de arranque del camino nuevo hacia la santidad, que ella vivió sobre todo a partir de 1894, en la experiencia de su debilidad. Jesús le mostró, como ella dice, que el camino es el del abandono y la confianza de un niño, que se duerme en los brazos de su Padre sin temor:

"'si quelqu'un est tout petit qu'il vienne à moi' a dit l'Esprit Saint par la bouche de Salomon, et ce même Esprit d'Amour a dit encore que 'la miséricorde est acordée aux petits'. En son nom, le prophète Isaïe nous révéle qu'au dernier jour ... 'Comme une mère caresse son enfant, ainsi je vous consolerai, je vous porterai sur mon sein et je vous caresserai sur mes genoux' ... Jésus ne demande pas des grandes actions, mais seulement l'abandon et la reconnaissance".

Aquí se encuentra el paso del temor a la confianza. Estamos frente a Dios como hijos e hijas frente a un padre y a una madre. Dios hace colaborar todo para nuestro bien, aun nuestras deficiencias y fallos:

"C'est la confiance et rien que la confiance qui doit nous conduire à l'Amour" ... "ce qui lui plait c'est de me voir aimer ma petitesse et ma pauvreté, c'est l'espérance aveugle que j'ai en sa miséricorde" ... "pour aimer Jésus, être sa vicitme d'amour, plus on est faible, sans désirs, ni vertus, plus on est propre aux opérations de cet Amour consumant et transformant".

 

Dimensión contemplativa de la vida religiosa hoy

Juan Pablo II, al dirigirse a las religiosas de vida específicamente contemplativa en América Latina, con motivo de la celebración del V Centenario de la evangelización del continente, les hacía ver que su oración era el "fundamento de la nueva evangelización". Al mismo tiempo las invitaba a permanecer abiertas a las necesidades de la Iglesia y del mundo para asumir en su plegaria contemplativa "el clamor de tantos hermanos y hermanas sumergidos en el sufrimiento, en la pobreza y en la marginación... Las tribulaciones del mundo agobiado por tensiones y conflictos". En otra ocasión, en su alocución a las contemplativas, resaltaba el hecho de que ellas son también evangelizadoras, pues "el ser contemplativa no supone cortar radicalmente con el mundo, con el apostolado. La contemplativa tiene que encontrar su modo específico de extender el Reino de Dios".

Estas indicaciones del Papa fueron vividas en plenitud por Thérèse. Ella desde una fidelidad a su carisma en la Iglesia, hizo siempre suyos "los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres ... sobre todo de los pobres y los que sufren". El testimonio que en su vida dio del absoluto de Dios no lo entendió nunca como una simple huída del mundo sino como una nueva presencia en él desde su dedicación total y completa al servicio del Señor a través de la oración, el silencio y la contemplación. Los contemplativos "están en cierto modo en el corazón del mundo, y más aún en el corazón de la Iglesia"

Thérèse de Lisieux es confirmación y modelo de una contemplación comprometida

Aquí Thérèse ofrece, como lo han testificado pensadores y convertidos, su experiencia de un Dios Padre-Madre cercano con el que nos podemos comunicar con la sencillez de hijos. Un Dios que nos ama y busca nuestro bien; que nos pide asumir nuestra responsabilidad en el cumplimiento de nuestra misión. Podemos decirque el camino de infancia espiritual que propone Teresa de Lisieux "est principe d'innovation, de créativité, d'ouverture, d'exploration, de prodige, tandis que sa passion (...) est principe d'autocritique, de purification, d'appel à la vigilance contre le narcissisme".

En el mundo ex-socialista en crisis, el principal reto es el de las relaciones entrefe ycambi o social. El principal sujeto social que debe ser evangelizado es la persona formada en el ateísmo y sedienta de valores religiosos.Pri ori dades en la evangelización son: el mostrar el dinamismo transformador de la fe y la valoración de la persona llamada a la comunión con Dios e insistir en la libertad religiosa. La vida y los escritos de Teresa de Lisieux son una luz para destruir la imagen de un Dios que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio y que origina su rechazo. Ofrece, además, su visión de la dignidad y grandeza del ser humano a pesar de su pequeñez.

En los países del Tercer mundo, con diversos matices, el problema central es el de las relaciones entrefey j usti ci a. En América Latina el sujeto social mayoritario que hay que evangelizar es la persona que tiene fe, pero que vive en situaciones de inhumana pobreza y opresión. Laprioridaden la evangelización es la de presentar la fe como motor de transformación y de liberación integral. En Asia, donde el cristianismo es minoritario el sujeto social al que se dirige el anuncio de la Buena Noticia son las personas que viven la fe de las grandes religiones orientales. Lasprioridades son el diálogo con esas religiones y la concientización sobre las injusticias sociales desde la perspectiva de la fe cristiana. EnAf ri ca, el sujeto social que debe ser evangelizado es la persona que busca con insistencia su identidad cultural. Comopri ori dades en la evangelización habría que señalar la inculturación del evangelio y promoción y liberación integrales para realizar la familia de Dios.

El carácter evangélico de la experiencia y doctrina de Teresa de Lisieux le da una permanente actualidad. Su mensaje es un desafío para la espiritualidad de hoy en la Iglesia, como lo han percibido no sólo las personas consagradas a la contemplación sino también quienes trabajan en el campo de una evangelización comprometida con la promoción humana, el desarrollo y la liberación. A este propósito hay un testimonio de un sacerdote norteamericano, que fue encarcelado por haber protestado contra el hecho de las tropas de El Salvador habían sido entrenadas en los EE.UU. para "matar a sus hermanos y hermanas". Desde la celda de su prisión escribía en 1985:

"En tant qu'âme moderne, luttant pour l'union avec Dieu, je sens que la spiritualité de sainte Thérèse est aussi valable aujourd'hui qu'elle l'était en 1897. C'est une spiritualité pour tous les temps et pour tous les âges. Je me demande quelle transformation aurait lieu dans mon propre coeur, et dans le coeur du monde, si la simplicité, la confiance et l'abandon à Dieu étaient pris au sérieux. Plus cette âme moderne (il parle de lui-même) voit clairement la réalité du monde moderne où elle vit aujourd'hui, plus apparaît convaincante la voie de sainte Thérèse, sa façon de chercher l'union avec Dieu, la justice et la paix dans le monde".

Por otro lado, la presencia de Teresa de Lisieux en las misiones de Af rica y la asimilación de su doctrina han favorecido la inculturación del evangelio. En Asia, ella aparece igualmente como una interlocutora para el diálogo con las grandes religiones a partir de su experiencia contemplativa.

 

Vocación a la misión y santidad de vida

En la conclusión de la Encíclica Redemptor hominis, dedicada a explicar la permanente validez del mandato misionero de Cristo, Juan Pablo II "El llamado a la misión se deriva de la vocación a la santidad ... La vocación universal a la santidad está estrechamente unida a la vocación a la misión: todos los fieles son llamados a la santidad y a la misión ... La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad".

Thérèse de Lisieux transformó esa doctrina en experiencia vivida. Por ello fue proclamada patrona universal de las misiones junto con el gran apóstol san Francisco Javier. En esto su doctrina-experiencia es de gran actualidad para la nueva evangelización. Ella entra en el Carmelo para alcanzar, a través de su vida contemplativa, la santidad: "Il me fit comprendre aussi que ma gloire à moi ne paraîtrait pas aux yeux mortels, qu'elle consisterait à devenir une grande Sainte!!!". Pero, desde un principio tuvo la convicción de que entraba al Carmelo no para huir del mundo sino para entrar en él con mayor profundidad. Su experiencia espiritual no es búsqueda de un refugio frente a un mundo hostil sino ofrecimiento consciente al martirio.

"Hoy más que nunca es necesario un renovado compromiso de santidad ... es necesario suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad, un fuerte deseo de conversión y de renovación personal en un clima de oración siempre más intensa y de solidaria acogida del prójimo, especialmente del más necesitado". Thérèse une admirablemente la santidad y misión, auténtica contemplación que compromete, desde la propia identidad vocacional, en la evangelización. Propone así, sin dicotomías, un camino evangélico para testimoniar y anunciar la Buena Noticia frente los desafíos del momento actual.

Concentrando la santidad en el amor y en la gracia, Thérèse ayuda a superar la separación entre contemplación y acción, porque el amor es lo que une ambas dimensiones. Ella entró en la vida contemplativa para lograr una mayor eficacia apostólica. Revolucionó, de este modo, la relación entre ascética y mística. Puso el acento en ésta última porque ella exige la abengación evangélica para poder echar raíces en la vida cotidiana. Por eso, por encima de las mortificaciones corporales puso la mortificación originada por el servicio a los demás: la capacidad de acogida, de comprensión, de perdón, de ayuda y solidaridad.

 

Vuelta a los valores perennes del Evangelio

Teresa de Lisieux supo expresar en su nombre religioso "del Niño Jesús y de la Santa Faz" todo el proceso de su vida que la llevó a la madurez espiritual a través del anonadamiento de la encarnación (kenosis) y el sufrimiento de Jesús, que con su misterio pascual nos libera de toda esclavitud. Ella supo comprender y vivir el proyecto de vida de Jesús que transforma toda nuestra esfera relacional y da una nueva dimensión a nuestras relaciones con Dios, con los demás y con las cosas. Frente al proyecto de muerte que nos domina y esclaviza en todos esos ámbitos, encontramos el proyecto de vida del Evangelio que nos libera y nos transforma. La misión de Teresa de Lisieux fue precisamente la de recordarnos esas verdades, centrarnos nuevamente en lo esencial.

En la perspectiva del proyecto de Jesús se comprende mejor el mensaje teresiano-lexoviense: nos invita a pasar del Dios juez al Dios Padre-Madre, de la desconfianza a la confianza y al abandono en El, de la búsqueda de la perfección a la búsqueda de la comunión con Dios, de la complicación a la simplicidad, de las leyes que esclavizan a la ley del amor concreto y eficaz que libera, de la inmadurez a la madurez, del ascetismo exterior a la abnegación evangélica, de los méritos a las manos vacías, de las consideraciones puramente espirituales a la palabra de Dios, de un oración complicada a una simple mirada contemplativa, de la María inalcanzable a la María cercana del evangelio.

Thérèse de Lisieux nos recuerda los valores fundamentales del evangelio y nos invita a centrarnos en ellos. A partir de la lectura y meditación de la palabra de Dios descubre lo esencial en las relaciones con El, con los demás y con las cosas; lo vive con simplicidad, naturalmente y en profundidad y lo transmite con su vida y escritos.

 

Beber en la fuente viva de la Palabra de Dios

Teresa de Lisieux alimentó su vida y su espiritualidad en las fuentes purísimas de la palabra de Dios. En una época poco abierta a la lectura de la Biblia, ella realizó lo que el Concilio pediría más tarde a todos los cristianos, en especial a las personas consagradas: aprender "el sublime conocimiento de Jesucristo con la lectura frecuente de las divinas Escrituras. 'Porque el desconocimiento de las Escrituras es desconocimiento de Cristo'".

Fiel al mandato de la Regla del Carmelo, meditó día y noche la ley del Señor y velo en oración(47). Como Teresa de Jesús, su madre, encontró en Jesús el libro vivo y, a imitación de San Juan de la Cruz supo "poner los ojos en Cristo". Ella misma nos dice cómo, poco a poco, fue pasando de la lectura de libros espirituales, que le ayudaron mucho en su camino, en especial S. Juan de la Cruz, a centrarse en la Escritura, particularmente en los evangelios:

"plus tard tous les livres me laissèrent dans l'aridité... si j'ouvre un livre composé para un auteur spirituel ... je sens aussitôt mon coeur se serrer et je lis sans pour ainsi dire comprendre, ou si je comprends mon sprit s'arrête sans pouvoir méditer ... Dans cette impuissance l'Écriture Sainte et l'Imitation viennent à mon secours; en elles je trouve une nourriture solide et toute pure. Mais c'est par-dessus toutl'Évangil e qui m'entretient pendant mes oraisons, en lui je trouve tout ce qui est nécessaire à ma pauvre petite âme. J'y découvre toujours de nouvelles lumières, des sens cahcés et mystérieux... Je comprends et je sais para expérience 'que le royaume de Dieu est au-dedans de nous'".

La lectura y meditación de la Palabra de Dios la llevó a descubrir lo esencial del mensaje de Jesús en la vida de cada día. Esta relación entre Palabra de Dios y existencia concreta la lleva a descubrir "juste au moment où j'en ai besoin des lumières que je n'avais pas encore vues ... au milieu des occupations de ma journée". Más todavía, a través de su Palabra liberadora, Jesús se hace presente en Teresa de Lisieux: "jamais je ne l'ai entendu parler, mais je sens qu'Il est en moi, à chaque instant, Il me guide, m'inspire ce que je dois dire ou faire".

En su misión de recordarnos lo esencial, Thérèse nos coloca frente a la palabra de Dios como lámpara que ilumina nuestros pasos ( cf. Sal 119,1O5) y nos recuerda que la condición para comprender el mensaje de Dios es tener un corazón de niño, abierto y disponible a lo que el Espíritu va descubriendo como exigencia de la vocación y misión de cada uno en la Iglesia.

Hay que vivir a la escucha de la palabra de Dios. Ella es "fuente de toda espiritualidad cristiana". La Iglesia recomienda la meditación comunitaria de la Biblia no sólo para las personas consagradas, sino también para todos los miembros del Pueblo de Dios."Del contacto asiduo con la Palabra de Dios han obtenido la luz necesaria para el discernimiento personal y comunitario que les ha servido para buscar los caminos del Señor en los signos de los tiempos".

A Thérèse de Lisieux, que deseó conocer las lenguas bíblicas para mejor gustar la palabra de Dios, no le tocó vivir el nuevo acercamiento eclesial a la Escritura. Tampoco tuvo a su alcance las posibilidades que hoy tenemos para un mejor conocimiento y asimilación del mensaje bíblico. Sin embargo, hizo realidad la prescripción de la Regla del Carmelo de tener abundantemente en la boca y en el corazón la Palabra de Dios para hacer todo en ella.

 

El mensaje de Thérèse de Lisieux para el mundo de la incredulidad

Uno de los ámbitos en los que aparece en forma diáfana la actualidad de la doctrina de Thérèse es el del ateísmo y la incredulidad. Ya el Concilio Vaticano II, analizando el fenómeno del ateísmo contemporáneo, indicaba que esa palabra designa realidades muy diversas: "Unos niegan a Dios expresamente. Otros afirman que nada puede decirse acerca de Dios. Los hay que someten la cuestión teológica a un análisis metodológico tal, que reputa como inútil el propio planteamiento de la cuestión ... Hay quienes imaginan un Dios por ellos rechazado, que nada tiene que ver con el Dios del Evangelio ... Además, el ateísmo nace a veces como violenta protesta contra la existencia del mal en el mundo".

Dios quiso que la experiencia espiritual de Thérèse la convirtiera en interlocutora existencial con el mundo de la incredulidad. Ella conoció la prueba de la fe en medio de un mundo que, en nombre de la ciencia y del racionalismo, negaba la existencia de Dios y orientaba al ateísmo.

En la actualidad los no creyentes de diferencian de los del tiempo de la Santa. Son los agnósticos o indiferentes que buscan motivos para dar sentido a la vida después de haber experimentado la frustración del fracaso de la modernidad y de sistemas ateos y materialistas. Ellos experimentan confusamente una llamada al absoluto que llene su vacío existencial y colme sus aspiraciones.

Thérèse enfrenta el problema el problema de la angustia frente a la muerte que está en el fondo también del ateísmo, que se pregunta sobre la existencia de Dios y de otra vida. La Santa se vio de repente sumergida en el abismo de estas angustias y experimentó, en la prueba de la fe, la angustia de la nada. Vivió la privación de lo que ella llamaba "la jouissance de la Foi" o "jouir de ce beau Ciel sur la terre". Ella entra en un mundo denso de tinieblas que la rodean y la aplastan. Le parece escuchar que le dicen: "Tu crois sortir un jour des brouillards qui t'environnent! Avance, avance, réjouis-toi de la mort qui te donnera, non ce que tu espères, mais une nuit plus profonde enconre, la nuit du néant".

En medio de esta situación Thérèse conserva la fe y el amor. De este modo, su experiencia de la noche oscura de la purificación se transforma en solidaridad dinámica y fecunda hacia aquellos que viven sumergidos en la incredulidad. Antes de la prueba de fe ella afirma que no podía aceptar que hubiera personas que no creyeran: "Je ne pouvais croire qu'il y eût des impies n'ayant pas la foi. Je croyais qu'ils parlaient contre leur pensée en niant l'existence du Ciel". Después de su experiencia dolorosa se convence de lo contrario: "Aux jours si joyeux du temps pascal, Jésus m'a fait sentir qu'il y a véritablement des âmes qui n'ont pas la foi".

En medio de la más profunda oscuridad la Santa no deja de amar a Aquel en quien confía. Su drama brota del hecho de vivir al mismo tiempo la luz de la fe y las tinieblas de los incrédulos. Es entonces cuando comprende que Dios quiere con ello que ella ofrezca por los incrédulos esos sufrimientos que vive en el amor: "que tous ceux qui ne sont point éclairés du lumineux flambeau de la Foi le voient luire enfin ... ô Jésus s'il faut que la table souillée par eux soit purifiée par une âme qui vous aime, je veux bien y manger seule le pain de l'épreuve jusqu'à ce qu'il vous plaise de m'introduire dans votre lumineux royaume". "Thérèse était préparée par l'Esprit Saint, dans ce laboratoire mystique, à dévenir l'apôtre des incroyants, un signe pour les athées dans leur voyage au bout de la nuit, un phare pour leur recherche d'un continent inconnu mais accesible".

Existen testimonios elocuentes de conversiones a la fe a partir de la lectura de los escritos de Thérèse. En ellos han encontrado el verdadero rostro de Dios y, al mismo tiempo, el drama de su búsqueda en medio de las tinieblas y de la tentación de la incredulidad. Esto da actualidad al mensaje de Thérèse para los alejados, los incrédulos, indiferentes:

"En Dieu, Thérèse a découvert la source de l'amour. Dans l'Église, elle a saisi le flot incessant qui s'écoule par son canal. C'est au coeur de l'Église qu'elle se désaltère. C'est du coeur de l'Église qu'elle veut contribuer à répandre ces flots d'amour infini sur les plus éloignés, sur ceux qui en sont privés, les pécheurs; sur ceux qui le rejettent, les athées; sur ceux qui l'ignorent, les indifférents. Suele la force de l'amour peut abattre le mur de l'indifférence et faire s'écrouler touttes les incroyances, toutes les mal-croyances, tous les athéismes... Aux questions du monde de l'incoryance, Thérèse apporte la seule réponse qui vaille, parce qu'elle vient de Dieu: l'Amour, una amour crucifié, l'amour immolé".

 

Una doctrina-experiencia que ayuda a la integración de la persona

Thérèse, como todo ser humano, estuvo sujeta a condicionamientos inconscientes en su vida. Vivió la experiencia de un proceso liberador desde el punto de vista psicológico que la condujo a la aceptación de sí misma y, por tanto, le dio la capacidad de integrar en una madurez psicológica todas las limitaciones de su historia personal.

En el mundo actual se acentúan fuertemente las tensiones internas, las heridas psicológicas, los condicionamientos irracionales que impiden tantas veces la realización de las personas. La Santa enseña a aprovechar todo para crecer y madurar. Ella asume su propia vida limitada, imperfecta, condicionada por el ambiente familiar, religioso y social y, de este modo, se libera de su dominio para convertirse con la gracia de Dios y a través de la confianza en El, en una persona libre que descubre el Dios de Jesucristo, fiel y misericordioso.

Thérèse tuvo que luchar para superar todo aquello que le impedía ser ella misma. El amor de Dios y la amistad con El despiertan en ella el dinamismo liberador capaz de orientar todos los condicionamientos hacia la integración psicológica y afectiva. En su camino de maduración humana ella experimenta el trauma de la muerte de su madre que la golpea fuertemente: "A partir de la mort de Maman, mon heureux caractère changea complètement; moi si vive, si expansive, je devins timide et douce, sensible à l'excès. Un regard suffissait pour me faire fondre en larmes".

Ella vivirá de los cuatro a los catorce años ese período doloroso. Debe enfrentar el ambiente escolar que experimenta agresivo, en cierto modo; la entrada en el Carmelo desu hermana Paulina, su segunda madre. Como consecuencia de esa separación enferma seriamente. Se trata de una enfermedad psicosomática. Más adelante son los escrúpulos que la atormentan: "la terrible maladie des scrupules ... Toutes mes pensées et mes actions les plus simples devenaient pour moi un sujet de trouble".

Todos estos sufrimientos psíquicos se concentraban en una hipersensibilidad: "Lorsque je commençais à me consolewr, je pleurais d'avoir pleuré". Vivía encerrada en un círculo vicioso sin saber cómo salir de él.

Es entonces cuando comienza a recorrer el camino del amor y de la entrega a Jesús que hace posible la completa curación psicológica de su hipersensibilidad en la noche de Navidad de 1886. A partir de entonces se libera de las ataduras inconscientes que la llevaban a encerrarse en si misma. Puede abrirse ampliamente a la vida: estudios, contactos, naturaleza, viajes y a los demás.

Para el hombre y la mujer de hoy, atormentados psicológicamente por tantas experiencias negativas en el ambiente familiar y social y que los llevan a la angustia y a la inseguridad frente al futuro, Thérèse muestra que el miedo psíquico ante la incertidumbre de cada día se resuelve abriéndose al amor de Dios y del prójimo. Es así como se va adquiriendo la paz y la alegría de saber que hay un Dios padre misericordioso que acompaña con su amor y providencia a todos sus hijos e hijas. La Santa presenta al mundo enfermo de miedo y de angustia la terapia del amor y la confianza en Dios y del servicio y la entrega a los demás. La Santa ha descubierto y nos transmite la verdad profunda de un Dios de misericordia que quiere comunicarse plenamente a todos los que se abren a El.

 

La doctrina-experiencia de Thérèse de Lisieux y la espiritualidad contemporánea

Cada época de la historia tiene su forma característica de vivir la vida cristiana, que está condicionada por el tipo de sociedad, el modelo de Iglesia, la cultura y la cosmovisión. Por eso en la historia de la espiritualidad, ésta se distingue también por períodos históricos.

Nuestro siglo, que llega a su fin, ha dado origen a un nuevo tipo de espiritualidad que podemos calificar de moderna y contemporánea. Especialmente a partir del Vaticano II, que pidió a los miembros de la Iglesia que vivieran su fe encarnados en las realidades terrestres de nuestro tiempo, se abrió paso una nueva manera o estilo de ser cristianos.

Condicionantes de esta nueva espiritualidad son la cosmovisión dinámica del mundo que supera la cosmovisión estática que predominaba anteriormente. También tenemos una creciente cultura urbana, técnico-científica y secular, que sustituyen a la cultura agrícola, pré- tecnica y pre-cientifica y sacral de otras épocas. Otro elemento importante que explica los cambios ha sido el modelo de Iglesia. Hemos pasado de una Iglesia entendida como Sociedad perfecta, fuertemente jerarquizada, al modelo bíblico de Iglesia Cuerpo de Cristo, Familia y Pueblo de Dios.

Entre las características que identifican la nueva espiritualidad encontramos las siguientes: es una espiritualidad vital y encarnada en la realidad, subraya la experiencia personal y evangélica en el seguimiento de Jesús, la escucha del Espíritu en los signos de los tiempos, la dimensión eclesial y comunitaria, la unidad entre el amor a Dios y al prójimo.

 

Espiritualidad vital y encarnada en la realidad

La tendencia a vivir la espiritualidad encarnada ha hecho sentir la exigencia de tender a una actitud contemplativa en medio de la acción. Su meta lograr integrar la experiencia de Dios y la experiencia de la vida: ser contemplativos en la oración y en la acción. Tener una experiencia de Dios en la historia y en los hermanos que dé sentido a los "tiempos fuertes" de oración: momentos de mayor conciencia de la presencia del Señor, fuente de creatividad evangélica; espacio interior para el encuentro personal e íntimo con el Señor. La oración como actitud de vida lleva a descubrir el rostro de Dios en la realidad en conflicto, en los problemas sociales, en la angustia de los pobres en los que hay que "reconocer los rasgos sufrientes de Cristo, el Señor, que nos cuestiona e interpela". Más aún, descubre el sentido verdadero de la contemplación cristiana, que parte de la revelación que Dios hace de sí mismo y de su plan salvífico y que no es otra cosa que una vivencia en profundidad de la fe, la esperanza y el amor. Vivencia entendida no únicamente como una experiencia interior, sino también como un conocimiento que se nutre de la acción y se expresa en ella. La contemplación se tiene en la historia y haciendo la historia de salvación.

Creo que en este punto es claro el influjo de Thérèse de Lisieux. Ella vivió la oración como diálogo confiado y amoroso con un Dios Padre-Madre, al que descubre presente y cercano en todos los acontecimientos y situaciones y en todas las personas. Transforma en experiencia vital la fuerza que comunica la contemplación y se abre a la necesidad de la abnegación evangélica para que la oración sea auténtica: "c'est la prière, c'est le sacrifice qui font toute ma force, ce sont les armes invencibles que Jésus m'a données, elles peuvent bien plus que les paroles toucher les âmes". Esta búsqueda de Dios en la realidad de cada día, en las cosas pequeñas, la condujo a descubrir la santidad como comunión con Dios a través de la fe, la esperanza y el amor y a dejar a un lado la idea de que la santidad es perfección personal, ausencia de fallos y defectos.

Ella vivió un tipo de oración cada vez más sencillo, que la colocaba en la fuente de agua viva o junto al fuego divino que purifica y transforma: "Pour moi la prière, c'est un élan du coeur, c'est un simple regard jeté vers le Ciel, c'est un cri de reconnaissance et d'amour au sein de l'épreuve comme au sein de la joie; enfin c'est quelque chose de grand, de surnaturel qui me dilate l'âme e m'unit à Jésus".

 

Experiencia personal y evangélica en el seguimiento de Jesús

La experimentación es la nota clave de un mundo técnico científico. Todas las cosas deben ser experimentadas, vistas de alguna manera. La espiritualidad cristiana no es una excepción a esta tendencia. El testimonio y la experiencia son hoy centrales en la vida cristiana. Hay en ello una reacción contra un exagerado intelectualismo en materia de fe y de religión. Si bien esta búsqueda de la experiencia tiene el peligro de la subjetividad y de un cierto infantilismo espiritual, no puede ser rechazada sin más. Las experiencias espirituales son también fuente de conocimiento y de profundización en la revelación de Dios.

Thérèse de Lisieux es maestra de una auténtica experiencia de Dios que compromete en el seguimiento de Jesús. Ella nos enseña la experiencia del contacto con la Palabra de Dios; el sentido de fraternidad que Cristo nos comunica y la exigencia de respuestas concretas guiadas por el amor.

 

La escucha del Espíritu en los signos de los tiempos

La vida cristiana es una vida "en el Espíritu". El sigue actuando en la Iglesia y nos conduce al seguimiento de Jesús. Nos es dado como un don colectivo que renueva todo. Por el Espíritu que Cristo derramó sobre el mundo nos transformamos en El.

En la espiritualidad de hoy se insiste, con razón, en la necesidad de discernir la presencia y la voz del Espíritu en los "signos de los tiempos". La teología de Thérèse "es esencialmente una teología del Espíritu Santo". La dimensión trinitaria de su espiritualidad aparece en su experiencia y en sus escritos. Ya desde el retiro de preparación para la confirmación toma conciencia de la presencia del Espíritu Santo y experimenta su comunicación cuando recibe el sacramento: "Enfin l'heureux moment arriva, je ne sentis pas un vent impétueux au moment de la descente du Saint Esprit, mais plutôt cette brise légère dont le prophète Elie entendit le murmure".

A la luz de la fe, Thérèse experimenta en todas las circunstancias de su vida la acción del Espíritu que la orienta, la ilumina, la ayuda a discernir la voluntad del Padre: ""S'il m'arrive de penser et de dire une chose qui plaise à mes soeurs, je trouve tout naturel qu'elles s'en emparent comme d'un bien à elles. Cette pensée appartient à l'Esprit-Saint et non à moi".

 

La dimensión eclesial y comunitaria

La espiritualidad contemporánea ha vuelto a insistir en la dimensión comunitaria de la historia de la salvación, porque "fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no laisser porter du fruit. Et quand la Parole a longuement mûri dans un coeur silencieux, elle peut la rendre à Dieu et aux autres, chargée de toute son expérience de l'Esprit. C'est au double niveau de sa relation à Dieu et de sa relation aux autres que Thérèse a formé en elle un coeur qui écoute".

Ella nos enseña la centralidad del amor que simplifica y comunica la verdadera libertad y liberación que conducen a la madurez de una identidad cristiana. En un mundo de angustias y temores, nos orienta a la confianza y el abandono en el Señor, que supera todos los miedos. Frente a nuestros idealismos desencarnados nos ofrece un realismo espiritual y evangélico para ser profetas de un Dios presente, cercano y liberador. Su mensaje es un desafío para la espiritualidad de hoy en la Iglesia, como lo han percibido no sólo las personas consagradas a la contemplación sino también quienes trabajan en el campo de una evangelización comprometida con la promoción humana, el desarrollo y la liberación. La infancia espiritual es un concepto evangélico que implica la conciencia del don que hemos recibido de ser hijos e hijas de Dios y la respuesta que nos orienta a la fraternidad.

Por todo esto, no es exagerado afirmar, como lo han hecho los Sumos Pontífices y otros muchos en nuestr siglo, que Teresa de Lisieux es "la más grande santa de los tiempos modernos".

 

AUTOR: P. Camilo Maccise OCD