Romances | San Juan de la Cruz

Romances | San Juan de la Cruz

Ya que era llegado el tiempo en que de nacer había, así como desposado de su tálamo salía abrazado con su esposa, que en sus brazos la traía, al cual la graciosa Madre en un pesebre ponía, entre unos animales que a la sazón allí había. Los hombres decían cantares...

I

Romance sobre el Evangelio "In principio erat

Verbum", acerca de la Santísima Trinidad.

1. En el principio moraba

El Verbo, y en Dios vivía,

en quien su felicidad

infinita poseía.

5. El mismo Verbo Dios era,

que el principio se decía;

Él moraba en el principio,

y principio no tenía.

10. El era el mismo principio;

por eso de él carecía.

El Verbo se llama Hijo,

que del principio nacía;

hale siempre concebido

y siempre le concebía;

15. dale siempre su sustancia,

y siempre se la tenía.

Y así la gloria del Hijo

es la que en el Padre había

y toda su gloria el Padre

20. en el Hijo poseía.

Como amado en el amante

uno en otro residía,

y aquese amor que los une

en lo mismo convenía

25. con el uno y con el otro

en igualdad y valía.

Tres Personas y un amado

entre todos tres había,

y un amor en todas ellas

30. y un amante las hacía,

y el amante es el amado

en que cada cual vivía;

que el ser que los tres poseen

cada cual le poseía,

35. y cada cual de ellos ama

a la que este ser tenía.

Este ser es cada una,

y éste solo las unía

en un inefable nudo

40. que decir no se sabía;

por lo cual era infinito

el amor que las unía,

porque un solo amor tres tienen

que su esencia se decía;

45. que el amor cuanto más uno,

tanto más amor hacía.

II

De la comunicación de las tres Personas.

En aquel amor inmenso

que de los dos procedía,

palabras de gran regalo

50. el Padre al Hijo decía,

de tan profundo deleite,

que nadie las entendía;

sólo el Hijo lo gozaba,

que es a quien pertenecía.

55. Pero aquello que se entiende

de esta manera decía:

­Nada me contenta, Hijo,

fuera de tu compañía;

y si algo me contenta,

60. en ti mismo lo quería.

El que a ti más se parece

a mi más satisfacía,

y el que en nada te semeja

en mí nada hallaría.

65. En ti solo me he agradado,

¡Oh vida de vida mía!.

Eres lumbre de mi lumbre,

eres mi sabiduría,

figura de mi sustancia,

70. en quien bien me complacía.

Al que a ti te amare, Hijo,

a mí mismo le daría,

y el amor que yo en ti tengo

ese mismo en él pondría,

75. en razón de haber amado

a quien yo tanto quería.

III

 De la creación

­Una esposa que te ame,

mi Hijo, darte quería,

que por tu valor merezca

80. tener nuestra compañía

y comer pan a una mesa,

del mismo que yo comía,

porque conozca los bienes

que en tal Hijo yo tenía,

85. y se congracie conmigo

de tu gracia y lozanía.

­Mucho lo agradezco, Padre,

el Hijo le respondía­;

a la esposa que me dieres

90. yo mi claridad daría,

para que por ella vea

cuánto mi Padre valía,

y cómo el ser que poseo

de su ser le recibía.

95. Reclinarla he yo en mi brazo,

y en tu ardor se abrasaría,

y con eterno deleite

tu bondad sublimaría.

IV

Prosigue

­Hágase, pues ­dijo el Padre­,

100. que tu amor lo merecía;

y en este dicho que dijo,

el mundo criado había

palacio para la esposa

hecho en gran sabiduría;

105. el cual en dos aposentos,

alto y bajo. dividía.

El bajo de diferencias

infinitas componía;

mas el alto hermoseaba

110. de admirable pedrería,

porque conozca la esposa

el Esposo que tenía.

En el alto colocaba

la angélica jerarquía;

115. pero la natura humana

en el bajo la ponía,

por ser en su compostura

algo de menor valía.

Y aunque el ser y los lugares

120. de esta suerte los partía,

pero todos son un cuerpo

de la esposa que decía;

que el amor de un mismo Esposo

una esposa los hacía.

125. Los de arriba poseían

el Esposo en alegría;

los de abajo, en esperanza

de fe que les infundía,

diciéndoles que algún tiempo

130. él los engrandecería.

y que aquella su bajeza

él se la levantaría

de manera que ninguno

ya la vituperaría;

135. porque en todo semejante

él a ellos se haría

y se vendría con ellos,

y con ellos moraría;

y que Dios sería hombre,

140. y que el hombre Dios sería,

y trataría con ellos,

comería y bebería;

y que con ellos contino

él mismo se quedaría,

145. hasta que se consumase

este siglo que corría,

cuando se gozaran juntos

en eterna melodía;

porque él era la cabeza

150. de la esposa que tenía,

a la cual todos los miembros

de los justos juntaría.

que son cuerpo de la esposa,

a la cual él tomaría

155. en sus brazos tiernamente,

y allí su amor la diría;

y que, así juntos en uno,

al Padre la llevaría,

donde del mismo deleite

160. que Dios goza, gozaría;

que, como el Padre y el Hijo,

y el que de ellos procedía

el uno vive en el otro,

así la esposa sería,

165. que, dentro de Dios absorta,

vida de Dios viviría.

V

Prosigue

Con esta buena esperanza

que de arriba les venía,

el tedio de sus trabajos

170. más leve se les hacía;

pero la esperanza larga

y el deseo que crecía

de gozarse con su Esposo

contino les afligía;

175. por lo cual con oraciones,

con suspiros y agonía,

con lágrimas y gemidos

le rogaban noche y día

que ya se determinase

180. a les dar su compañía.

Unos decían: ­¡Oh si fuese

en mi tiempo el alegría!

Otros: ­¡Acaba, Señor;

al que has de enviar, envía!

185. Otros: ­¡Oh si ya rompieses

esos cielos, y vería

con mis ojos que bajases,

y mi llanto cesaría!

¡Regad, nubes, de lo alto,

190. que la tierra lo pedía,

y ábrase ya la tierra,

que espinas nos producía,

y produzca aquella flor

con que ella florecería!

195. Otros decían: ­¡Oh dichoso

el que en tal tiempo sería,

que merezca ver a Dios

con los ojos que tenía,

y tratarle con sus manos,

200. y andar en su compañía,

y gozar de los misterios

VI

Prosigue

En aquestos y otros ruegos

gran tiempo pasado había;

205. pero en los postreros años

el fervor mucho crecía,

cuando el viejo Simeón

en deseo se encendía,

rogando a Dios que quisiese

210. dejalle ver este día.

Y así, el Espíritu Santo

al buen viejo respondía;

­Que le daba su palabra

que la muerte no vería

215. hasta que la vida viese

que de arriba descendía.

y que él en sus mismas manos

al mismo Dios tomaría,

y le tendría en sus brazos

220. y consigo abrazaría.

VII

Prosigue la Encarnación

Ya que el tiempo era llegado

en que hacerse convenía

el rescate de la esposa,

que en duro yugo servía

225. debajo de aquella ley

que Moisés dado le había,

el Padre con amor tierno

de esta manera decía:

­Ya ves, Hijo, que a tu esposa

230. a tu imagen hecho había,

y en lo que a ti se parece

contigo bien convenía;

pero difiere en la carne

que en tu simple ser no había

235. En los amores perfectos

esta ley se requería:

que se haga semejante

el amante a quien quería;

que la mayor semejanza

240. más deleite contenía;

el cual, sin duda, en tu esposa

grandemente crecería

si te viere semejante

en la carne que tenía.

245. ­Mi voluntad es la tuya

­el Hijo le respondía­,

y la gloria que yo tengo

es tu voluntad ser mía,

y a mí me conviene, Padre,

250. lo que tu Alteza decía,

porque por esta manera

tu bondad más se vería;

veráse tu gran potencia,

justicia y sabiduría;

255. irélo a decir al mundo

y noticia le daría

de tu belleza v dulzura

y de tu soberanía.

Iré a buscar a mi esposa,

260. y sobre mí tomaría

sus fatigas y trabajos,

en que tanto padecía;

y porque ella vida tenga,

yo por ella moriría,

265. y sacándola del lago

a ti te la volvería.

VIII

 Prosigue

Entonces llamó a un arcángel

que san Gabriel se decía,

y enviólo a una doncella

270. que se llamaba María,

de cuyo consentimiento

el misterio se hacía;

en la cual la Trinidad

de carne al Verbo vestía;

275. y aunque tres hacen la obra,

en el uno se hacía;

y quedó el Verbo encarnado

en el vientre de María.

Y el que tenia sólo Padre,

280. ya también Madre tenía,

aunque no como cualquiera

que de varón concebía,

que de las entrañas de ella

él su carne recibía;

285. por lo cual Hijo de Dios

y del hombre se decía.

IX

Del Nacimiento

Ya que era llegado el tiempo

en que de nacer había,

así como desposado

290. de su tálamo salía

abrazado con su esposa,

que en sus brazos la traía,

al cual la graciosa Madre

en un pesebre ponía,

295. entre unos animales

que a la sazón allí había.

Los hombres decían cantares,

los ángeles melodía,

festejando el desposorio

300. que entre tales dos había.

Pero Dios en el pesebre

allí lloraba y gemía,

que eran joyas que la esposa

al desposorio traía.

305. Y la Madre estaba en pasmo

de que tal trueque veía:

el llanto del hombre en Dios,

y en el hombre la alegría,

lo cual del uno y del otro

310. tan ajeno ser solía.

X

"Super flumina Babylonis"

Encima de las corrientes

que en Babilonia hallaba,

allí me senté llorando,

allí la tierra regaba,

5. acordándome de ti,

¡Oh Sión!, a quien amaba.

Era dulce tu memoria,

y con ella más lloraba.

Dejé los trajes de fiesta,

10. los de trabajo tomaba,

y colgué en los verdes sauces

la música que llevaba,

poniéndola en esperanza

de aquello que en ti esperaba.

15. Allí me hirió el amor,

y el corazón me sacaba.

Díjele que me matase,

pues de tal suerte llagaba;

yo me metía en su fuego,

20. sabiendo que me abrasaba,

disculpando al avecica

que en el fuego se acababa.

Estábame en mí muriendo,

y en ti sólo respiraba,

25. en mí por ti me moría,

y por ti resucitaba,

que la memoria de ti

daba vida y la quitaba.

Gozábanse los extraños

30. entre quien cautivo estaba;

preguntábanme cantares

de lo que en Sión cantaba:

­Canta de Sión un himno,

veamos cómo sonaba.

35. ­Decid, ¿cómo en tierra ajena

donde por Sión lloraba,

cantaré yo la alegría

que en Sión se me quedaba?

Echaríala en olvido

40. si en la ajena me gozaba.

Con mi paladar se junte

la lengua con que hablaba,

si de ti yo me olvidare,

en la tierra do moraba.

45. ¡Sión, por los verdes ramos

que Babilonia me daba,

de mí se olvide mi diestra,

que es lo que en ti más amaba,

si de ti no me acordare,

50. en lo que más me gozaba,

y si yo tuviere fiesta

y sin ti la festejaba!

¡Oh hija de Babilonia,

mísera y desventurada!

55. Bienaventurado era

aquél en quien confiaba,

que te ha de dar el castigo

que de tu mano llevaba,

y juntará sus pequeños,

60. y a mí, porque en ti lloraba,

a la piedra, que era Cristo,

por el cual yo te dejaba.

 XI

Glosa a los divino

Sin arrimo y con arrimo.

sin luz y a oscuras viviendo,

todo me voy consumiendo.

1. Mi alma está desasida

de toda cosa criada,

y sobre sí levantada,

y en una sabrosa vida

sólo en su Dios arrimada.

Por eso ya se dirá

la cosa que más estimo,

que mi alma se ve ya

sin arrimo y con arrimo.

2. Y, aunque tinieblas padezco

en esta vida mortal,

no es tan crecido mi mal,

porque, si de luz carezco,

tengo vida celestial;

porque el amor da tal vida,

cuando más ciego va siendo,

que tiene al alma rendida,

sin luz y a oscuras viviendo.

3. Hace tal obra el amor

después que le conocí,

que, si hay bien o mal en mí,

todo lo hace de un sabor,

y al alma transforma en sí;

y así, en su llama sabrosa,

la cual en mí estoy sintiendo,

apriesa, sin quedar cosa,

todo me voy consumiendo.

XII

Glosa a lo divino del mismo autor

Por toda la hermosura

nunca yo me perderé,

sino por un no sé qué

que se alcanza por ventura.

1. Sabor de bien que es finito,

lo más que puede llegar

es cansar el apetito

y estragar el paladar;

y así, por toda dulzura

nunca yo me perderé,

sino por un no sé qué

que se halla por ventura.

2. El corazón generoso

nunca cura de parar

donde se puede pasar,

sino en más dificultoso;

nada le causa hartura,

y sube tanto su fe,

que gusta de un no sé qué

que se halla por ventura.

3. El que de amor adolece,

del divino ser tocado,

tiene el gusto tan trocado

que a los gustos desfallece;

como el que con calentura

fastidia el manjar que ve,

y apetece un no sé qué

que se halla por ventura.

4. No os maravilléis de aquesto

que el gusto se quede tal,

porque es la causa del mal

ajena de todo el resto;

y así toda criatura

enajenada se ve

y gusta de un no sé qué

que se halla por ventura.

5. Que estando la voluntad

de Divinidad tocada,

no puede quedar pagada

sino con Divinidad;

mas, por ser tal su hermosura

que sólo se ve por fe,

gústala en un no sé qué

que se halla por ventura.

6. Pues, de tal enamorado,

decidme si habréis dolor,

pues que no tiene sabor

entre todo lo criado;

solo, sin forma y figura,

sin hallar arrimo y pie,

gustando allá un no sé qué

que se halla por ventura.

7. No penséis que el interior,

que es de mucha más valía,

halla gozo y alegría

en lo que acá da sabor;

mas sobre toda hermosura,

y lo que es y será y fue,

gusta de allá un no sé qué

que se halla por ventura.

8. Más emplea su cuidado,

quien se quiere aventajar.

en lo que está por ganar

que en lo que tiene ganado;

y así, para más altura,

yo siempre me inclinaré

sobre todo a un no sé qué

que se halla por ventura.

9. Por lo que por el sentido

puede acá comprehenderse

y todo lo que entenderse,

aunque sea muy subido,

ni por gracia y hermosura

yo nunca me perderé,

sino por un no sé qué

que se halla por ventura.