El Jardinero | Analogía de Teresa de Lisieux

jardineroPorque yo era pequeña y débil, él se abajaba hasta mí, me instruía secretamente en las cosas de su amor. ¡Ah! Si los sabios que viven entregados al estudio hubieran venido a interrogarme, ciertamente habrían quedado sorprendidos al ver a una niña de catorce años comprender...

 


 

Cuando un jardinero rodea de cuidados especiales a una fruta para que madure antes de tiempo, no es con el fin de dejarla colgada del árbol, sino para presentarla en una mesa brillantemente servida. Con una intención semejante colmaba Jesús de gracias a su florecilla, (...) quería hacer brillar en mí su misericordia.

Porque yo era pequeña y débil, él se abajaba hasta mí, me instruía secretamente en las cosas de su amor. ¡Ah! Si los sabios que viven entregados al estudio hubieran venido a interrogarme, ciertamente habrían quedado sorprendidos al ver a una niña de catorce años comprender los secretos de la perfección, secretos que toda su ciencia no puede revelarles a ellos, porque para poscerlos hay que ser ¡Pobre de Espíritu! Como dice San Juan de la Cruz en su Cántico:

'Sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del
mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía'.

(Historia de un alma. Ms. A. Cap. V. Ed. Monte Carmelo, 1984, pág. 134)

Reflexión: Fe y abandono

Teresita del Niño Jesús, mediante esta analogía de la fruta que madura antes de tiempo, brinda un testimonio de la obra de Dios en el corazón de los pequeños, quienes en un acto de fe, se abren al amor divino, para dejar que Él acontezca en medio de su debilidad. El camino de la fe y del abandono permiten que el hombre pueda participar de la ciencia del Creador, la cual lo lleva a penetrar en el misterio insondable del amor.