Jesucristo, camino, luz y meta del proceso cuaresmal | I Parte

La SamaritanaEl título que hemos elegido este año para nuestro retiro de Cuaresma es sumamente rico e iluminador. Normalmente al hablar de la Cuaresma nos referimos a un tiempo con un carácter fuertemente penitencial, que se inspira en esos 40 días pasados por Jesús en el desierto...

 


 

AMBIENTACIÓN
El título que hemos elegido este año para nuestro retiro de Cuaresma es sumamente rico e iluminador. Normalmente al hablar de la Cuaresma nos referimos a un tiempo con un carácter fuertemente penitencial, que se inspira en esos 40 días pasados por Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública.
Pero, en realidad, son los casi 3 años de actividad pública lo que verdaderamente le sirve a Cristo de preparación para vivir su misterio pascual.
Y si algo caracteriza ese tiempo es su estar siempre en camino. Recorrió los caminos de Israel, se manchó de su polvo y de su barro, se sometió a las inclemencias del tiempo, y sufrió los riesgos del aventurero. Pero su afán no fue el caminar, sino el entrar en el camino de las gentes, para ayudarles a encontrar la verdadera vía, para ser luz que alumbra en las tinieblas, para ser él mismo el camino y la meta de todos los desorientados.
Y este tiempo de Cuaresma debería ser una oportunidad, como la que Dios nos ofrece cada día, para reencontrarnos con ese Cristo: en el camino de nuestra vida, en los momentos en que nos asalta la sed, cuando ya no tenemos luz y nuestros ojos están cerrados…
Pero encontrarle a él implica un modo nuevo y diferente de vivir. Los personajes con los que él se encontró nos lo dicen: la samaritana anuncia a sus conciudadanos la presencia del Mesías, ese Mesías que se convierte él mismo en el “buen samaritano”, que se detiene a ayudar a cuantos encuentra en su camino, a los que están sedientos, a los que no ven...
¿Qué es, entonces la Cuaresma? ¿Cuál es nuestra mejor preparación para vivir la Pascua? ¿Ayunos, oraciones, penitencias? ¿O poner los ojos en él: dejarnos iluminar con su presencia y dejarnos encontrar por él? Somos invitados todos a acercarnos al pozo de nuestra sed insaciable para encontrarle a él: somos invitados a reconocer nuestra ceguera y gritarle a su paso por el camino para que él nos abra los ojos; somos invitados a seguirle y a vivir como él, imitando el ejemplo del “buen samaritano”.
Siempre –los humanos- terminamos queriéndolo controlar todo, hasta el seguimiento de Cristo y la búsqueda de Dios. Pero ha llegado el tiempo en que los verdaderos adoradores del Padre lo serán en espíritu y verdad. Es el anuncio liberador de Cristo a la samaritana y a todos nosotros. Sigue siendo Él el único capaz de abrirnos los ojos, de ser nuestra luz, de ser quién nos impulse a ayudar a nuestro prójimo.


REFLEXIÓN 1ª:


EL ICONO DE LA SAMARITANA: Jesucristo en el camino de nuestra “cuaresma”

(Iniciamos con la audición-visión del episodio narrado de la Samaritana – Jn 4 - AL FINAL DE LA PÁGINA)
De todos es de sobra conocido el texto evangélico de la Samaritana (Jn 4). Un texto sumamente sugerente y confeccionado con gran inteligencia por el evangelista San Juan. Sabemos que se trata de un diálogo ejemplarmente pedagógico, a través del cual Jesús pretende guiar a la samaritana al reconocimiento de su verdad y de la grandeza del Dios que se le está regalando y que ella aún es incapaz de ver.
Este diálogo ha servido, también, de inspiración a tantos hombres y mujeres seguidores de Cristo, aunque quizás destacan con más fuerza las mujeres que han sabido empatizar mejor con cuanto la Samaritana estaba viviendo. Podríamos mencionar a Teresa de Jesús y a la Madre Teresa de Calcuta. Para nuestra Santa la petición de la Samaritana, así como ese situarse en la escena del pozo, fueron una oración recurrente: “Señor, dame de esa agua”.
En nuestros tiempos tenemos el claro ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta, que al igual que Teresa de Lisieux, descubre en la doble petición de agua (la de Jesús a la Samaritana, y la de la Samaritana a Jesús) el motivo y razón de ser de su vida y servicio a los más pobres, y de su entrega a la oración: camino para comenzar a escuchar en el corazón esa petición de Jesús de que tiene sed…
Podríamos citar otros muchos ejemplos que podrían, sin duda, ayudarnos mucho en nuestra reflexión. Ya el simple gesto de leer pausadamente el texto y colocarnos una vez (o más) en el lugar de la Samaritana, y otra vez en el lugar de Jesús, nos ofrecería tantas conclusiones para nuestra vida de relación con Él, y nuestra tarea de cómo acompañar a los otros en el descubrimiento de Dios.
Desde ambas perspectivas he querido situarme para llevar a cabo esta reflexión. Que cada uno se aproveche de lo que mejor le venga… Pero siempre estará ahí el Jesús que no se cansará de esperarnos en el pozo.


1. Jesús en su camino se acerca a la Samaritana ( se acerca a mí)
Es sumamente significativo, desde la perspectiva desde la cual nos acercamos a este texto, constatar que JESUS CAMINO, precisamente hace un alto en su camino en tierras de Samaría, junto al pozo de Jacob. La escena que se desarrollará en este lugar no es algo casual, sino algo buscado intencionadamente por Jesús. Y no se detiene en cualquier tierra, sino en un lugar considerado como tierra de “paganos”, de impuros,… es decir, un lugar a evitar, o a pasar lo más rápidamente posible. Ya este solo gesto nos habla mucho de Jesús: un hombre que no se deja condicionar por categorías –ni humanas, ni religiosas-, y que –como se subrayará después- está solo interesado en la “persona”… y por ella renuncia absolutamente a todo. Sin duda, una actitud que debe hacernos mucho pensar, especialmente a los que nos designamos a nosotros mismos como religiosos, cristianos, católicos ( es decir, los puros, los santos, los salvados…. frente al resto…)
Hoy en día, no hay que ir demasiado lejos para encontrarnos con tantos “samaritanos” considerados perdidos, maldecidos, condenados… -claro, desde el punto de vista de los fieles a la Iglesia-… ¡Cuántos comentarios de desprecio hay en nuestros ambientes contra el laicismo, los ateos, los musulmanes,… en definitiva, contra los que no piensan como nosotros! Quizás, sin querer, pero de hecho se crea esa mentalidad de separación.
Subrayo esta realidad porque hace aún más actual el episodio que estamos reflexionando, y que nos ayuda a descubrir que el camino de Jesús sigue pasando por Samaría, y por lo tanto, también el nuestro. Nos toca abajarnos al lenguaje y a la realidad del mundo –sin condenarla- para poder iluminarla, tal como vemos que hace Jesús con la Samaritana y con cada uno de nosotros (¡por desgracia, hoy condenamos antes de comenzar a dialogar o a tratar de comprender!)


2. -El Icono de la Samaritana reproduce muy bien la pedagogía que Jesús lleva con cada uno de nosotros si nos acercamos al pozo.
Ya hemos dicho que Jesús se para en una tierra no grata a los judíos. Pero el lugar concreto tiene aún una fuerza simbólica mayor. Se habla del pozo de Jacob, es decir de un lugar que –a pesar de todo- está ligado a la Historia de la Salvación, y a uno de los personajes importantes. El hecho de tratarse de un pozo, significa que es, además, un lugar al que acuden todos los que tienen sed. Y el agua es, un bien necesario y precioso.
El lugar donde Jesús “espera” está marcado por esos dos elementos que reúnen en un mismo símbolo (el pozo) las dos esferas complementarias de la vida del hombre: el agua que sacia la sed del cuerpo, y la salvación o elección divina, que sacia la sed del alma. El lugar ya es una instigación contra el dualismo.
Jesús se planta en ese punto o eje cardinal del camino. Su intención no es solo la de descansar, sino la de poder ofrecer el agua verdadera que puede saciar la sed en el camino de la vida.
Sería muy importante que cada uno identificase cuál es ese “pozo” donde se dirige para sacar el agua que –al menos momentáneamente- pueda saciar su sed.
-La Persona escogida, también lleva una carga simbólica profunda: una mujer samaritana (en cuanto samaritana “excluida” del pueblo Elegido – y en cuanto mujer despreciada por la sociedad – y desconocedora de su propia dignidad y sed). El reto de Jesús aquí será triple y, por lo tanto, más complicado: rescatar a la persona en esa triple dimensión relacional que la constituye en relación con los otros, consigo misma y con Dios. Y todo el diálogo parece seguir esa pauta: la llevará a ir superando esa triple barrera que dificulta el encuentro y la apertura a la verdad.
Cualquiera puede llegar a identificarse con esta mujer. Hay muchos elementos que, en el fondo, nos tocan a todos: sentirnos excluidos por algo, no aceptar nuestra historia, nuestra búsqueda continua de satisfacciones, nuestro permanecer encerrados en conceptos sobre Dios, o en tradiciones, normas, costumbres…. (el otro es siempre el “enemigo”, el diferente), nuestra sed profunda, muchas veces no reconocida,… nuestra búsqueda de intereses (incluso cara a Dios), nuestra búsqueda de seguridades, miedos, etc….


3.- En el camino Jesús nos va enseñando a confrontarnos con nuestra verdad (el camino que hace Jesús con la Samaritana)
a. ACTITUD DE JESUS: (LO QUE JESÚS ME OFRECE EN EL CAMINO)
Centrar la mirada en el modo de actuar y comportarse Jesús con la Samaritana, también puede servirnos como ayuda para identificar en qué manera Jesús se está dirigiendo a mí, o qué aspectos de mi vida quiere iluminar.
-En el episodio descubrimos a Jesús que busca las condiciones ideales para que el diálogo con la samaritana pueda dar fruto: así la condición necesaria parece ser la intimidad personal, el cara a cara, sin público. (ya Jesús se había encargado de mandar a sus discípulos que se fueran). Aquí podemos también plantearnos lo que Teresa de Jesús nos enseña: que ese espacio de intimidad que Jesús nos ofrece está en nuestro interior, en la oración.
-Es Jesús es que toma la iniciativa, el que se humilla y abaja: “Dame de beber”. Jesús quiere hacer que el otro se sienta protagonista, necesario, imprescindible. Ese “dame de beber” que conlleva, además, un recordar a la persona su llamada a participar como imagen de Dios en la marcha de la creación. Será, también, el grito de Jesús en la Cruz: “Tengo sed”… Ahora queda saber si la Samaritana y cada uno de nosotros escuchamos esa voz y estamos dispuestos a responderla.
-Jesús quiere ir al fondo de la cuestión. En el fondo no le interesa quedarse en una realidad material, por muy imprescindible que sea (agua), sino que quiere adentrarse en otro espacio, en otro pozo, en otro agua. Su verdadero interés es que la Samaritana descubra y conozca quién es Él y cuál es el don de Dios que se le está ofreciendo.
-Frente a la ceguera de la Samaritana, Jesús demuestra paciencia; y le ofrece una ulterior explicación: no razonamiento, sino constatación de la diferencia entre lo material (el agua que da sed) y lo espiritual (el agua que se convierte en fuente)
-Frente a la petición interesada de la Samaritana (dame de esa agua) (¡una fe basada en el interés y beneficio personal!), Jesús la lleva hacia algo mucho más importante para su vida (¡el primer gran milagro!): que la Samaritana reconozca su verdad, es decir, que reconozca su vida sedienta: una búsqueda nunca saciada…. El habla de la sed de la vida. Y solo reconociendo su sed “esencial y existencial” es capaz de abrirse a lo que Jesús le está ofreciendo. (a lo que Jesús me está ofreciendo)
b. ACTITUD DE LA SAMARITANA: (NUESTRA ACTITUD)
Acercarnos a la actitud concreta de la Samaritana nos puede ayudar también a descubrir cual puede ser nuestra actitud en la relación con Jesús, con Dios.
-Frente a la “humildad” de Jesús, la Samaritana manifiesta desconfianza; quizás porque se siente descolocada: “¿como?, o porque no puede aceptar que las cosas no son como tienen que ser… (o que Dios se salga de su imagen, y actúe de forma “arbitraria”).
-Frente a la pretensión de Jesús de analizar el tema en profundidad, la Samaritana insiste en mantenerse en lo material y superficial (en lo que ella puede dominar y controlar)… En la auto-justificación con la norma o la tradición (“¿Eres tú más que nuestro padre Jacob…?)
-Sabiendo lo que está en juego (el agua que quita la sed para siempre) la samaritana lo quiere, pero lo sigue interpretando en clave materialista, y su petición es todavía interesada. No es aún una respuesta de fe, sino de búsqueda de sí misma, de seguir saciando sus necesidades inmediatas y de sus intereses. La mujer aún no es capaz de aceptar su verdad. (Aquí emerge, en cierto sentido, su espíritu y talante religioso: una religiosidad interesada????)
-Cuando mira a su vida presente y pasada, gracias a la intervención de Jesús, reconoce lo que ha sido su vida: una vida en el fondo llena de una sed nunca saciada. Por eso este reconocimiento de su “sed existencial” la lleva – es ahora ella la que cambia de tema- a otra pregunta que señala su no conseguida búsqueda de Dios….. “dónde adorar a Dios”. Es decir, ahora sabe que tiene una sed infinita, pero no sabe cómo saciarla.


4. -En el camino Jesús nos va confrontando a enfrentarnos a la verdad del Padre:
a. LA ACTITUD DE JESUS:
En el icono de la Samaritana Jesús parece dejar claras sus intenciones:
-Descubrir cuál es la sed verdadera de la persona, su necesidad principal. Este descubrimiento pasa necesariamente por el reconocimiento de la propia verdad.
-En el proyecto de Jesús de revelarnos al Padre, y de mostrarnos el nuevo camino, Él realiza una revolución total de lo que significa el culto y la religión. Los verdaderos adoradores serán en espíritu y verdad.


b. EL CAMBIO EN LA SAMARITANA
A lo largo de todo el diálogo vamos asistiendo a un cambio y transformación cualitativa en la Samaritana (Cristo hace emerger lo bueno y grande que hay en ella, y que ella misma desconocía):
- Solo aceptando su verdad y su sed, se plantea la verdad de Dios. Una verdad, sin embargo, que necesita hacer su camino: de la instrumentalización de Dios, de lugares, de tradiciones (un Dios que separa---lugares diferentes de adoración)….
- El reconocer a Dios la lleva a plantearse quién es su Enviado. Ya está preparada para acoger y reconocer a Jesús, que le revelará el verdadero rostro del Padre.
-Este encuentro con la verdad produce su efecto en la mujer: deja el cántaro (la hace libre) y va a anunciar a su pueblo quién es Jesús (se convierte en testigo y apostol).
-Es el testimonio de la mujer el que suscita la fe… pero esa fe también tiene que crecer y asentarse no en lo que dice la mujer sino en Jesús mismo.


CONCLUSIÓN: PARA MI CUARESMA DE LA VIDA (puntos de reflexión)
-Tú eres el samaritano, la samaritana, a quien Jesús está esperando en el pozo
-Sin duda alguna, Jesús ha desviado su camino para acercarse también a ese “pozo” donde tú te acercas a buscar agua.
-Sería muy importante que cada uno identificase cuál es ese “pozo” (sus debilidades, gustos, placeres, insatisfacciones,…) donde se dirige para sacar el agua que –al menos momentáneamente- pueda saciar su sed.
-Me invita a traer mi verdad, lo que sacia esa sed, mis esclavitudes o pequeños dioses: amantes, ordenadores, dinero, placeres, …. ¿Sacia realmente mi sed?
-Reconociendo la “sed insaciada” puedo abrirme a descubrir a un Dios que se me da como Padre, en espíritu y verdad
-Quién es Dios para mí? ¿Cómo me relaciono con Él? ¿En gratuidad o en búsqueda de algún interés?
-Tú eres ese “Jesús” que se compromete a dar de beber a todos los que tienen sed.

 

TOMADO DE:  Página Oficial CITES