Experiencia mística relacional y lenguaje teresiano-sanjuanista

teresiano-sanjuanistaBajo el título «Experiencia mística relacional y lenguaje teresiano-sanjuanista como camino amoroso de apertura al otro», se ha publicado en el último número de Teoliteraria. Revista Brasileira de Literaturas e Teologias...

 


 

Bajo el título «Experiencia mística relacional y lenguaje teresiano-sanjuanista como camino amoroso de apertura al otro», se ha publicado en el último número de Teoliteraria. Revista Brasileira de Literaturas e Teologias, (Edición argentina-V. 3 – N. 6 – 2013) una entrevista al P. Maximiliano Herráiz, ocd. Esta fue realizada realizada por Pedro Bayá Casal y Cecilia Avenatti de Palumbo (miembros de la Asociación Latinoamericana de Literatura y Teología -ALALITE) en Luján, pcia. de Buenos Aires, el 5 de agosto de 2012.

Resumen

maxiMaximiliano Herráiz García OCD, especialista en los Santos fundadores carmelitas y escritor de trayectoria y reconocimiento internacional, español de nacimiento, vive desde hace diez años en África, y ha recorrido los cinco continentes evangelizando a través de los místicos carmelitas, en diálogo con la mística universal, convencido de la actualidad de la dimensión experiencial de la fe. En esta entrevista, reflexiona sobre la relación entre la experiencia mística y el lenguaje, vinculando misión, mística y literatura.

En el marco de la preparación al Quinto Centenario del nacimiento de Teresa de Ávila, destaca la urgencia de considerar su teología de la amistad y su misticismo ascético como caminos para el cristianismo del siglo actual.

1. El lenguaje teresiano: experiencia, comprensión y comunicación

 ALALITE Argentina: ¿Por qué no nos hablas del paso de la experiencia al lenguaje que Santa Teresa cuenta en El Libro de la Vida?

Maximiliano Herráiz García: Experiencia, comprensión, comunicación. Esos son los tres pasos que la constituyen en comunicadora de su experiencia de Dios, como de su experiencia también de relación con los otros. Ella las llama “gracias” porque cree que no salen de ella, de su naturaleza, que era también muy comunicativa y muy comunicadora, sino que es una gracia que Dios le concede de presentársele tal como se le presentó Dios a ella. Una inteligencia que le da de lo que significa y lo que produce esa gracia, y, después, la pone al servicio de los demás: comunica esa gracia a los otros para que la ayuden a discernirla y también para el posible mensaje que pueda significar para un lector que se acerque mañana a sus escritos como cualquiera de nosotros.

ALALITE: En esa comunicación ella encuentra figuras, imágenes, símbolos, que van conformando un campo semántico simbólico arbóreo.

MH: Ella dice que no puede hablar de una manera abstracta, conceptual y que necesariamente tiene que hacer recurso a comparaciones —no usa la palabra símbolo— comparaciones que se le presentan normalmente en la naturaleza, por ejemplo, cuando hace referencia a las cuatro formas de regar un huerto. Eso significa un progreso humano, de una actividad humana meditativa, reflexiva, a una comunicación de Dios que me hace a mí oyente antes que hablante y que produce mucho más efecto. Cuando habla de la lluvia que es la última forma de regar el huerto, ahí lo único que tienes que hacer es consentir. Dios es el principal agente, hay más fruto y menos trabajo discursivo, por ejemplo, que en la oración de meditación o en general, hay menos trabajo personal por entrar en contacto con Dios, hay un consentimiento a la forma en la cual Dios está manifestándose en el regadío de ese huerto de la persona del alma que va a fructificar más abundantemente en la relación más íntima, más limpia, más gratuita. De esto se trata, y entonces, la persona viene a secundar esa acción de Dios porque tiene que intervenir siempre la respuesta de la persona y aquí lo expresa con el verbo y con el sustantivo consentimiento: consentir como la Virgen consiente cuando da su asentimiento en el momento de la encarnación del Hijo de Dios.

2. El lenguaje místico simbólico: el castillo y el huerto como figuras del alma

ALALITE: ¿Se podría establecer un paralelo entre la imagen del huerto y el castillo?

MH: Sí, sí, claro. Es un paralelismo clarísimo para quienes estamos en ello. La primera forma de regar el huerto son las primeras tres moradas, donde prevalece (en la experiencia, no en la realidad) la acción de la persona, que es lo natural, lo discursivo que es ir dando pasos en profundidad hacia el conocimiento de la realidad, en este caso en la relación con Dios. A partir de la segunda forma de regar el huerto, la persona tampoco trabaja mucho porque el que trabaja es un animal que da giros y da vueltas en la noria y la noria nos va sacando agua y la va mandando a donde se quiere regar. En la tercera, que es el río, ahí el esfuerzo es menor aún que el trabajo de la persona. A partir de la cuarta es, justamente, cuando la acción de Dios se hace más experiencial en la persona y ella está reducida a un consentimiento que cada vez va a ser más íntimo, a un nivel más profundo que es lo que va diferenciando las cuartas, quintas, sextas y séptimas moradas.

ALALITE: Daría la impresión de que a mayor esfuerzo, menor fruto y a menor trabajo, al final más vida.

MH: Pero el consentimiento muchas veces tiene que ser mucho más activo ante algo que te viene de afuera, que no nace de ti. Si tú me propones un ayuno un día que a mí no me place, no me va bien, yo encontraré más resistencia en decirte que sí, simplemente en consentir y te diré: “No, mejor ese día que tal”. El consentir, lo que parece que es pasividad, exige una actividad mayor de la persona que es un acoger lo que le viene dado, le guste o no le guste.

3. Mística, misión y literatura

ALALITE: A propósito de la relación entre mística y misión, ¿qué vinculación existe entre ambas, por ejemplo, en tu caso un camino interior te lleva a pasar diez años en el África, en una misión con un amplio despliegue social? ¿Cómo se fecunda la misión con la mística, cómo se articulan, son simultáneas? ¿Cómo discernir misión de capricho?

MH: Esto quiere decir que la misión es intrínseca a la persona. Dios nos elige para enviarnos, que sea en la vida contemplativa, que sea en la acción. La misión es constitutiva de la vocación humana. Dios quiere colaboradores, nos elige. Nos llama y nos envía. Uno privilegiará por vocación la contemplación pero toda contemplación es misionera. Otro privilegiará por vocación lo que es la acción directa. En resumidas cuentas, no es el signo el que da valor a la acción sino la intimidad de la persona la que da significado a cualquier signo, que puede ser un signo más pobre, pero el contenido es muy rico o puede ser un signo que nos llama la atención a quienes lo vemos pero es más pobre evangélicamente porque la persona está menos motivada por dentro por la gratuidad por hacer ver que es Dios el que está actuando y ella no se atribuye nada. Tanto para Santa Teresa de Jesús como para San Juan de la Cruz, creo que es fácilmente comprensible, ya que la calidad de la acción está en la autenticidad del amor. Pongo un ejemplo sencillo que es fácil de entender porque viene de Jesús… esta viejita que ha dado todo lo que tenía para vivir, ha dado más que los ricos, eso rompe nuestros esquemas económicos, pero la palabra de Jesús es clara, lo que da valor a esa minucia de unos centavos que donaba la pobrecita porque no tenía más, tiene más valor evangélicamente, también en la misión, vale más que los que dan de lo que les sobra.

ALALITE: Podríamos también pensar así respecto de la literatura y la mística. La palabra que surge de un corazón enamorado tiene otro valor.

MH: La palabra que surge de una experiencia es mucho más portadora de contenido que el mejor lenguaje si en él no se vacía la persona. Porque, a fin de cuentas, solo en los verbos transitivos no busco en el diccionario el significado del verbo porque el diccionario no da la persona, la calidad de la persona. Es tanto más transitivo y de calidad, cuanto la persona es más persona pero sigue produciendo lo mismo. Tú le dices a tu mamá desde niño: “yo te amo, mamá” y llegas a los cuarenta o cincuenta años y sigues diciendo los mismos verbos, pero no cabe duda de que el contenido no te lo da el diccionario, te lo da la persona que hace vincular toda su persona en ese verbo al decir “te amo, mamá”. Nada tiene que ver eso con lo que le decías de niño, aunque utilices el mismo lenguaje. O sea que el lenguaje es flexible al contenido que le pone la persona y ese es el lenguaje que revienta del místico por el excesivo contenido que él quiere meter ahí y nace la ruptura del lenguaje ordinario para saber que queremos significar bastante más que lo que da de sí el verbo que hemos utilizado y que seguiremos utilizando.

ALALITE: La palabra que se usa no expresa la inagotabilidad de la experiencia.

MH: No la expresa, por eso se pide siempre la colaboración del lector, el lector tiene que ser creativo, si no, es analfabeto y cuando es un lenguaje experiencial encajará más y será más portador de sentido en un lector con experiencia que en un lector que no tiene experiencia, pero que comprende el lenguaje, comprende, sabe muy bien la gramática, el diccionario y tal pero comprenderá menos lo que le está diciendo el otro y en esto vuelvo mucho a los que se dedican al estudio del lenguaje. Hay que contar siempre con que el místico llama la atención al lector o lectora: el que tenga experiencia me comprenderá, con menos palabras me comprenderá, y que el que no tenga experiencia, pues, podrá comprender el sentido de la palabra, pero no todo lo que pone el místico que presiona siempre sobre el lenguaje porque es un lenguaje experiencial.

4. Actualidad del mensaje teresiano: la teología de la amistad

ALALITE: ¿Cuál dirías que es hoy la importancia del mensaje de Teresa para el mundo nuestro hoy, para el mundo de la literatura, para el mundo de la fe?

MH: Comenzando por el ámbito de la fe que siempre absolutamente siempre tiene que estar presente en un lector porque me fío del lenguaje, me fío del autor, entro en relación con él a través del lenguaje. Si sospecho del escritor, a lo mejor ni lo leo, no me interesa. Tiene que haber ahí como una connivencia entre la persona que entrega su intimidad porque habla desde sí y de sí y habla de lo que hace Dios en la persona. El lector debe entrar en esa dinámica porque si no, se pueden hacer lecturas terribles como se han hecho de los místicos en cosas que ellos jamás han pensado. Puede haber lecturas, como las que se han hecho del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz y de la Llama de Amor Viva, a los que se los ha leído en términos total y absolutamente alejados del pensamiento y de la experiencia que canta y cuenta el místico. Hay que estar en connivencia, en complicidad, en unidad con el escritor para poder entrar en diálogo verdaderamente y tratar de traducir hasta dónde te ha tocado tu experiencia. Tú vas a enriquecer el dicho del místico y si no ha tocado tu experiencia pero ha tocado tu inteligencia vas a buscar también vías de conocimiento, aunque a lo mejor directamente no encuentres ese diálogo, entonces es un servicio de puente entre quien maneja y juega con el lenguaje, esa retraducción que puede hacer una buena comprensión aunque no comparta, y menos a esos niveles, la experiencia que ha leído en el místico. Mi preocupación es siempre retraducir a unas expresiones más cercanas a las personas de hoy que puedan entrar más fácilmente en la comprensión del místico. Hay que retraducirles y siempre con el apoyo del texto. Hay que tocarlo más directamente al místico para entrar en comunicación con él y ver que la propia experiencia comienza o continúa a ahondarse en la propia personal experiencia, porque lo que quieren al comunicarnos su experiencia no es que nos reeditemos en la experiencia de ellos, sino provocar y suscitar la nuestra y acompañarnos en nuestra experiencia. Habrá que recordar siempre que la interioridad de unos padres nuestros biológicos y educadores no se transmite por herencia, hay que entrar personalmente, lo que no se transmite es la vivencia. Yo tengo que hacer hoy el carisma teresiano mío, y eso le he ido haciendo leyendo a Teresa y dejando que me impactara, abriéndome cordialmente a esa palabra, para luego decidir: esta es mi palabra, esta es mi comunicación, esta es mi profesión.

ALALITE: ¿Y respecto a la cultura cuál sería el carisma de Teresa hoy? ¿Qué nos aporta?

MH: Lo que más aporta siempre es que centremos nuestra vida en la relación interpersonal, con Dios (y esto lo decimos porque somos racionales) y con los demás. Porque esta es la característica esencialísima de la persona con relación al resto de criaturas. Y el Concilio nos ha dicho, en la Gaudium et Spes, que la criatura terrestre que únicamente Dios ha amado por sí misma es la persona humana, las otras las ha amado en relación a nosotros, las ha creado para que nosotros nos sirvamos de todo esto pero a nosotros nos ha amado por nosotros mismos. Y entonces yo tengo que recibir el carisma teresiano hoy como una invitación apremiante de una mujer convencidísima a centrar mi vida en la relación interpersonal con Dios y con los otros.

5. Actualidad del carisma sanjuanista: teología del amor como apertura al otro

ALALITE: ¿Y de San Juan dirías lo mismo?

MH: Igual. Él lo habla en términos de fe, pero la fe para él no es creer en unas verdades sino creer en una persona, confiarse a una persona y por lo tanto, en la forma de comunicarlo Teresa utiliza la palabra “amistad” y dice ¡es obvio! La amistad requiere dos personas y el amor no, tú puedes amarme muchísimo, yo puedo amarte muchísimo pero si no nos comprometemos ambos no podremos nunca hablar de amistad, por lo tanto, Dios ama a todos pero no todos responden, por eso no podemos decir que Dios es amigo de todos los hombres. No, Dios ofrece su amor a todos los hombres, pero amigo, amigo es de quienes entran respondiendo, porque la amistad requiere la interacción. Y lo mismo la fe, mi fe manifestante, nuestro lenguaje no es de Dios. Dios se comunica y al acogerlo se produce una comunicación entre personas.

ALALITE: Existe un preconcepto de la mística que tiene que ver con el ensimismamiento, encontrar el Dios que habita en el interior, por eso relacionar la mística con los vínculos interpersonales es como una novedad y está más en la línea de los intereses de nuestro tiempo que están más centrados en las relaciones entre las personas.

MH: Una mística que habla de un Dios que ha enviado a su Hijo no puede encerrar a nadie en sí mismo, es una malformación. Dios es comunicativo, sale de sí, y porque es comunicativo, máximamente comunicativo, es fiel a nosotros en su Hijo, eso es la profesión de fe cristiana; entonces quien tiene una experiencia de Dios entra en esa corriente de Dios de salir tras sí clamando, es decir, implicarse con ese Dios que le ha brindado la gracia de entrar en su propia vida irrumpiendo en ella y eso es el inicio del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz. Una persona comienza a vivir cuando se sabe amada y responde. Ahí comienza a vivir, puede tener veinte, treinta o cuarenta años pero despierta el yo cuando se sabe amada, comienza a vivir cuando se sabe invitada, provocada por un tú.

ALALITE: Una mística que encerrara es una antimística.

MH: La mística es entrar en el secreto de Dios y, por lo tanto, la mística tiene esa cosa de misterio, y no otra cosa más. Es entrar en la intimidad más íntima. Habitualmente, no circulamos por esas vías, circulamos por las vías de la sensorialidad y de los sentidos que tenemos y muchas veces, pues no hacemos más que resbalar por la corteza de la realidad, pero no perforamos la realidad. Perforar la realidad, eso es la mística, es entrar al núcleo, a lo íntimo de Dios.

6. El camino carmelitano de la desnudez: el misticismo ascético

ALALITE: Este perforar la realidad vos dirías que es el camino de la desnudez de San Juan y también de Teresa.

MH: Todos, todos. En la vida humana quien se sabe y acepta un amor que se le brinda, la otra cara es que niega todo lo que no es eso, es decir, niega, no le llama la atención, no le provoca el resto. Las criaturas son valiosas por sí mismas, son atractivas. No se niega la realidad, lo que niego es una manera de relacionarme con ellas a partir del filtro de relación, que es en este caso Dios, o puede ser una mujer o un varón que se enamora, pues comienza a centrar todas sus relaciones a través de esa presencia identificadora que se da cuando dos personas entran en relación o un sacerdote entra en una congregación y filtra todo ya por ahí. No niega, porque no puede negar, ni las cosas ni las personas, niega una forma de relacionarse con ellas a partir de una forma que va a configurar su existencia, sea un matrimonio sea una congregación religiosa o una vocación sacerdotal. Y esto lo vivimos todos los días. Yo recuerdo muy bien, era muy jovencito, veintiséis o veintisiete años tendría, y era párroco. Hice un club de juventud, y los viejitos de la comunidad me decían “se van a enamorar aquí los niños y las niñitas” a lo que yo respondía, más vale que se enamoren aquí que en un bar o en la calle. Y recuerdo que una vez a un jovencito le dije: “-Mira, esa niña no quita los ojos de ti”. A lo que respondió: “-Bah, no me importa”. “-Entonces quiere decir que ya te importa otra.” “-Y ¿cómo lo sabe?” “-Pues por lo que has dicho”. Claro, si a los diecisiete, dieciocho o diecinueve años no te importa que te digan que una persona te está comiendo con los ojos y que está prendada de ti, pues quiere decir que ya te has prendado de otra y otra te ha llamado más poderosamente la atención y niegas, no le das asentimiento, no te provoca esa otra. Eso es una ley de vida y quien no hace eso va a pajarear en amores de aquí para allá y esto se acabó y voy con otro y voy con otra y ya, no hubo nunca nada.

ALALITE: Es una ley también del amor humano.

MH: Es que muchas veces no pensamos en lo que hacemos. Porque quien se enamora reorganiza toda su vida interior, afectiva, y pone en primer puesto la persona que le ha enamorado y antes hacía a lo mejor mil cosas por delante de eso. Hay una reorganización de la propia existencia. Niega el valor que daba a otra persona o a otras cosas y empieza a especializarse en esa relación con esa persona. Lo mismo quien se enamora de una profesión. ¿Qué hace? Negar las otras. Les podrá conceder algún tiempo para no ser especialista en una cosa e ignorante en otras pero el núcleo de su vida va a estar centrado en esa profesión porque es la que se impone a su psicología y a su afectividad, y entonces niega, no le concede importancia a las otras. Esto es ley de vida. Si yo estoy aquí con vosotros que sois mis amigos pues renuncio a estar con otros ahora o renuncio a estar en mi habitación leyendo que me gusta tanto, renuncio porque opto por esto como lo más importante ahora en mi vida.

7. El sentido del Quinto Centenario del nacimiento de Teresa (1515-2015)

ALALITE: Cuéntanos un poco cómo se están preparando en Ávila para el Quinto Centenario del nacimiento de Santa Teresa.

MH: Se están haciéndose muchas cosas, justamente para despertar la atención con relación a una gran maestra de humanidad y, vamos a decirlo, de divinidad. Divino y humano junto, que es su frase sintética para hablar de Cristo como tal Hijo de Dios y para hablar de cada uno de nosotros, divinos y humanos junto. Como realmente hay un auténtico despertar de atención desde muchos ángulos de las ciencias del lenguaje, de las ciencias del arte, de las ciencias teológicas menos, de la psicología bastante más, pues lo que queremos desde el centro de la Universidad de la mística es dar a conocer lo máximo posible a esta mujer que no necesita ya presentación como tal, pero sí que necesita que abramos las puertas más a su manera de vivir y a su manera de traducir lo que llamamos una experiencia cristiana de Dios. Y se está preparando mucha actividad.

ALALITE: ¿Y en América Latina hay alguna conexión?

MH: Sí hay una conexión grandísima con el mundo entero. Ya os he dicho que voy a ir a China y a Corea y a Taiwán justamente para ponerlos en comunicación con otras experiencias místicas de otras religiones o que están pegadas a otras religiones para que se oiga la experiencia tan depurada de estos místicos españoles del S XVI, pues entra también dentro de esta programación San Ignacio de Loyola. Y con otros profesores de mística oriental de las distintas religiones del oriente.

Estamos cada año dedicando a una obra de Santa Teresa. Interiormente, en la vida nuestra de carmelitas, haciéndola objeto de lectura y resonancia personal: la influencia que produce, lo que despierta. Esto lo hacemos con los círculos más cercanos en nuestras distintas casas pero hacemos también como sabéis vosotros un congreso cada finales de agosto para crear, aparte de lo que ya se está recibiendo a través de los medios de comunicación, una gran enciclopedia teresiana. Se publican después las actas. La del año pasado sobre Camino de perfección se agotó y ha salido un volumen de más de quinientas páginas. Lo mismo ha pasado con El libro de la Vida y ahora también con Fundaciones y el próximo año con El Castillo Interior, la obra más hermosa de todas por el mensaje de la creación de la persona en la relación con Dios. A niveles cada vez más íntimos la persona va desplegando sus potencialidades de relación-acogida y de relación-donación; ya que no hay acogida sin donación ni hay donación sin acogida de la persona, no de cosas. En eso los místicos, insisto una vez más, no nos hablan nunca de religión, de formas de piedad, de rezos de piedad, no nos hablan nunca de eso, les interesa única y exclusivamente acentuar la relación interpersonal con Dios. Vosotros que sois padres y madres de familia y nosotros que somos padres espirituales, lo que tenemos que decir es que lo verdaderamente sustancial es que se den las personas las unas a las otras en la servicialidad y que después se traduzca en las imágenes de cada religión, pero hay que decir que todo tiene valor justamente porque está orientado a depurar y gratuizar la relación interpersonal. Esto son para los católicos los sacramentos, valen realmente como gracia potenciadora en la medida en que se está viviendo esto en relación con Dios, no por el hecho de comulgar sino por potenciar esto en la relación con Dios y convertirnos también nosotros en pan partido para los demás, porque si no compartimos no hay eucaristía.

ALALITE: ¿Y para el 2015 qué tienen pensado hacer?

MH: Va a haber muchas exposiciones de todos los escritos teresianos, exposición de los autógrafos, se quieren hacer también exposiciones de arte, pintura y escultura de Teresa. Hay mucho interés, a pesar de la crisis económica que estamos viviendo, porque realmente es una representante de la España de nuestros días, es una embajadora extraordinaria en cuanto mujer, mística, cuyos libros están traducidos a tantísimas y tantísimas lenguas. Por lo tanto, es también una manera de decir que es uno de los tesoros y perlas más grandes que tiene la España de hoy, de ayer y de mañana; esta mujer singular que no deja de estar vivísimamente presente desde hace cinco siglos. Y creo que no hay ningún teólogo famoso dentro de la Iglesia de Dios que con quinientos años de muerte biológica esté tan presente como está Teresa de Jesús hoy, en el mundo de la cultura española y aún más allá. Y es muy cercana al hombre de nuestros días porque hay una crisis de religión y una crisis de valores pero aquí hay una palabra auténtica y cristiana que es la vida de esta mujer y son sus escritos. No podemos privarnos de ellos si queremos salir a flote de esta situación de crisis de valores. Nos invita a ganar una interioridad sin la cual la persona deja de ser persona.

ALALITE: La crisis actual de todos los ámbitos se ve iluminada por la palabra de los místicos. Hablan desde una profundidad que no pasa de moda. ¿Hacia dónde nos orientan los místicos en las situaciones de crisis de distinto tipo?

MH: Dirigen nuestros pasos hacia las raíces más íntimas de nuestro ser porque de ahí es de donde sale toda la savia que fecunda nuestra persona, que fecunda nuestras acciones. Es decir, sin interioridad la persona no es persona, como sin raíces el árbol no es el árbol. Yo ya sé que hay hasta producciones en serie de tomates que, regados artificialmente, siguen siendo tomates aunque no tengan el sabor de la tierra, pero en nosotros, la persona sin interioridad no es persona. Y los místicos no hacen un viaje solo al interior de sí mismos; es un viaje al interior de sí mismos donde está quien es la fuente de su vida: Dios. Dios vive en lo más interior de la persona. Vive en todas las personas pero Teresa dice que le encontramos en la séptima morada porque es como un centro de atracción y ahí encontramos las raíces de nuestra conciencia de un modo máximamente consciente y mínimamente inconsciente. Entonces, justamente lo que quieren es invitarnos a ese viaje al interior, desde el cual la persona entra en relación toda ella con Dios, con los otros, con lo otro, con el mundo, al que nos presenta como San Juan de la Cruz, como el palacio que Dios crea para celebrar las bodas de su Hijo con la humanidad. Todo el mundo de la ecología entra en esta simple frase de San Juan de la Cruz: Ayudarnos a ser personas en cuanto creadas a imagen y semejanza de Dios. Que tengamos el máximo de consciente y el mínimo de inconsciente. Que tengamos una profundidad de liberación de todo ese mundo oscuro, pasional que nos sacude, que nos castiga, que nos hace gastar mucha gasolina en los acelerones, pero que no nos da perseverancia porque las pasiones y los sentimientos son volubles, son de corta vida, son intensos pero a veces tienen salidas de caballo y paradas de burro. Nos olvidamos de que la persona hay que recrearla, hay que renacer, tal y como hemos salido del sepulcro de Jesús, la creatura nueva que sale, el hombre nuevo. Y ese cultivo del hombre nuevo exige llevar la dirección de nuestra vida a las pasiones, porque las pasiones y los sufrimientos siguen, porque eso ha venido de Dios y no se toca, pero se organiza como deben organizarse puesto que las pasiones son buenas en cuanto creadas por Dios pero siempre y cuando se reduzcan a su límite. Es lo que dice San Juan de la Cruz cuando habla de la frontera, que le sirve de imagen para encauzar y armonizar todo ese mundo pasional que tanto motiva nuestros comportamientos cuando somos muy superficiales, porque entonces funciona mínimamente la razón y máximamente las pasiones que se despiertan por todos los mensajes que recibimos de dentro y de fuera, y al tocar eso, la pasión se dispara. Así estamos hechos y eso permanece, dicen siempre los santos, todo lo que pertenece a la persona no se toca sino que se encaja en lo que le corresponde, en esa armonía de la cual nos habla San Juan de la Cruz.

8. Mística y teología: un diálogo postconciliar

ALALITE: ¿Y qué podrías aconsejar como tema de tesis a los jóvenes teólogos sobre la teología de Teresa hoy? ¿Dónde tiene que mirar la teología? Retomando un poco tu apreciación sobre el papel menor de la teología en los festejos del Quinto Centenario.

MH: Los teólogos son los que menos han analizado los documentos de los místicos. En ellos que se nos presenta justamente la vivencia, una realidad que se ha producido en una persona y que no se limita a ella, ya que como vocación la tenemos todos. Dios nos llama a eso: así como un padre no desea engendrar un hijo para la mediocridad, tampoco Dios nos engendra para la mediocridad sino para la plenitud. Entonces, todo lo “humano” nos pertenece. Humanizar la vida de la persona es el mensaje de los místicos.

ALALITE: Eso es lo que un trabajo teológico debería recoger.

MH: Cómo se ilumina a través de estos testigos nuestra vocación o la meta de nuestra vocación, que es divina, como nos lo ha recordado la Gaudium et Spes, es decir, que yo no lo puedo reducir a humanizar mi vida solo, mi libertad, mi razón sino que yo tengo un plus para entendernos que es eso que llamamos sobrenatural que está sobre la naturaleza. Yo tengo una vocación de Dios porque me viene de Él y para “ser Él” por adopción, por participación de esa vida. Esta es la gran preocupación de los místicos: que la experiencia de Dios, la relación con Dios humaniza nuestra existencia pero llevándola más allá de lo que es propiamente la exigencia de la naturaleza que es lo que llamamos lo sobrenatural.

Tenemos una vocación divina que es ser dioses por participación, sumamente libres, para amar no para hacer el mal, sumamente verdaderos porque nos dirigimos a todos según la verdad y no pedimos a nada ni a nadie lo que no pueden darnos porque la relación con las cosas y con las personas es en la verdad. La gracia extiende la capacidad intelectual de la persona y la grandiosidad de nuestra persona se muestra en perder la vida para ganarla, por lo tanto, darla, ponerla a disposición de los otros, convencer a la gente de que yo no puedo hacer con mi persona lo que quiera porque yo no soy propietario de mi persona, yo no soy propietario de mi vocación cristiana, yo no soy propietario de mi vocación carmelitana.

Soy administrador de una gracia en beneficio de los demás y por lo tanto, yo no puedo hacer lo que quiera de mi vocación, de mi persona. Es una revolución a lo que es la manera que tenemos habitual de vivir, es la revolución del cristianismo. Jesús nos ha introducido en una nueva humanidad y por lo tanto, necesitamos marcar esto muy bien. El cristianismo ofrece una alternativa en todos los órdenes de la vida a la vida que vivimos.

ALALITE: Esta visión mantiene despierto al cristianismo ante la tentación de aliarse demasiado con los criterios del mundo, del mercado. Allí está la semilla de la autocrítica o más bien de la conversión.

MH: Tanto comunitariamente, eclesialmente, como personalmente la persona tiene que tratar de ver cuáles son las motivaciones que le invitan a vivir de una manera o de tal otra a ver si se conforman con Jesús. Una mujercita musiquera muy buena y sin ninguna formación teológica como es Isabel de la Trinidad, gran lectora de San Juan de la Cruz, nos ha dicho que debemos “ser Él”: nosotros estamos llamado a “ser Él”, ser de tal manera que seamos como una humanidad adjunta a la del Verbo en la cual aquí y ahora pueda Él revivir los misterios que se realizaron en su vida en tanto que vivió con nosotros. Una humanidad adjunta a la del Verbo en la cual Él pueda renovar los misterios de Su vida, eso es la vocación cristiana. No podemos imputarlos a una religión que se ha conformado con hacer unas cuantas prácticas.

9. La mística fuera del marco de la religión: criterios de discernimiento

 ALALITE: A propósito de este tema de la religión y la mística, me vienen a la memoria algunas experiencias de místicos que se dan fuera del marco de la vida consagrada y a veces incluso fuera de una religión. ¿Cómo se puede reconocer la verdad de la experiencia mística más allá del marco de una religión?

MH: Partiendo de nuestra religión es fácil, basta que pensemos en lo que nos ha dicho Jesús, en lo que ha vivido Él y nos ha dejado dicho. San Juan de la Cruz lo resume al decir que “a la tarde te examinaran en el amor” y eso lo encontramos en el capítulo 25 de Mateo: ¿Has dado de comer al hambriento, has dado de beber al sediento, has vestido al desnudo, has visitado al encarcelado, es decir, has hecho bien a tu prójimo? Porque así lo dijo Jesús: “por los frutos se los reconocerá”. Ese es el criterio. No el criterio de examinarse a ver si he sido un fiel cumplidor de todas las prácticas religiosas. No te van a preguntar eso, eso es evidente. No nos preguntarán cuántas misas hemos celebrado o cuántas horas de oración hemos hecho. No, nos preguntarán: ¿Has amado a tus prójimos? No hay otro criterio autentificador de una presencia de quien es solo y siempre amor. El amor de Dios es el salir de sí para gozar en el otro, pues el signo infalible de una auténtica experiencia mística, más allá de cualquier religión o en el seno de una religión cualquiera es que hace a la persona servidora de sus semejantes, porque esto es lo que ha hecho Dios con nosotros. San Juan de la Cruz dice: no mires la experiencia mística que has tenido, déjala de lado y centra tu atención amorosísima en quien te la ha provocado, porque la experiencia mística por sí misma produce el efecto. Yo digo siempre que si yo te doy un bofetón bien dado, tú dices, eso no va a quedar como estaba, no, no, la mejilla se te va a hinchar, porque el efecto de una acción pasiva depende de la pasividad de la gracia que se te ha concedido o del daño que se te ha hecho, pienses tú en ello o no pienses, el efecto se va a producir. Entonces, el efecto de toda gracia mística es la relación con el prójimo. “En esto conocerán que sois mis discípulos, porque os amáis”, no si vais con puntualidad al templo, que hay que ir, o si vas a rezar el rosario todos los sábados a la Virgen, que hay que hacerlo si tenemos esa manera de devoción a la Virgen, está muy bien pero no podemos centrarnos en una devoción concreta, cada uno debe encontrar aquello que le exprese mejor en cada momento de su vida.

10. Experiencia mística y lenguaje

ALALITE: ¿Qué aporta una experiencia mística dentro de un camino religioso formal?

MH: Sencillamente la manera de traducirla en la cultura en la que está viviendo una persona. Si Santa Teresa hubiera tenido las mismas experiencias siendo no cristiana en Japón, pues nunca hubiera visto a Cristo Resucitado, que no lo vio, son formas de expresarse, pero no cambia lo expresado en términos de “Jesucristo”, “la columna”. Eso no lo respondería en una sociedad japonesa o india o lo que sea. Lo que diferencia es la traducción, la experiencia mística solo se diferencia por la traducción que se le hace.

ALALITE: La religión ofrece el lenguaje y el ámbito hermenéutico para interpretar la experiencia.

MH: Lo que estás viendo con tus ojos físicos, de imágenes, pues eso es lo que traduces. Si una persona no ha visto nunca una Cruz ni un señor crucificado pues nunca va a traducir una experiencia mística a unos símbolos que nunca los ha visto.

ALALITE: Cuando uno pertenece a una cultura se expresa a través de esa cultura y es fiel a ese lenguaje.

MH: Por eso tenemos que ser muy cuidadosos a la hora de estudiar el lenguaje porque el lenguaje se produce en una cultura, en un determinado momento de la evolución del lenguaje y el lenguaje es algo vivo, porque va pegado a nosotros, por eso no podemos seguir diciendo las cosas como se dijeron hace cuatrocientos años, porque el lenguaje camina, y la experiencia humana camina y los puntos de referencia caminan. Y si Jesucristo viniera ahora no utilizaría un lenguaje agrícola, campestre, utilizaría el lenguaje de la máquina, pues ya tenemos todas las maquinarias incorporadas.

ALALITE: La experiencia mística, sin embargo, tiene algo de atemporal y el lenguaje es algo vivo, condicionado por la cultura. ¿Cómo se conjugan esas dos realidades?

MH: El valor de la experiencia mística radica allí, pero la experiencia en sí nunca es atemporal, está situada y después se traduce en el lenguaje y los signos de la cultura en la que vive la persona que hace la experiencia porque no tiene otra manera de hacerlo. Por eso, como en la experiencia mística hay mucho más significado que lo que cabe en las expresiones, esa experiencia puede producir a lo largo del tiempo distintas interpretaciones y distintas formulaciones. Lo que tenemos que buscar es que sea fiel a la experiencia original. Yo por ejemplo, tengo muchísimo cuidado porque no puedo violar la experiencia de Santa Teresa o de San Juan de la Cruz como ha sucedido con tanta frecuencia.

Tengo que ser respetuosísimo con esa experiencia pero a la vez ese respetuosísimo me obliga a que yo lo traduzca inteligiblemente para que me ayude a entrar en el conocimiento real de esa experiencia. Por eso hoy las experiencias de los místicos son mucho más actuales que en su tiempo, porque ellos se adelantan muchísimo, abren en un fogonazo un horizonte infinito a la iglesia donde se produce, que normalmente ni se da cuenta, pero abren un horizonte inmenso hacia delante como una flecha que nos indica el camino que hay que hacer. Porque los místicos nos dicen que nuestro tiempo es el futuro. Todas las civilizaciones antiguas tienen un siglo de oro por detrás, pero el siglo de oro de la Iglesia está por delante, está en la escatología, entonces los místicos nos abren hacia esa perspectiva, y por lo tanto nos ponen en vuelo como decía San Juan de la Cruz, porque tendemos a sentarnos cómodamente en nuestro presente cuando va bien y que no nos toquen. Pero no tenemos morada definitiva, ni del lenguaje, ni de la experiencia, ni de nada; somos peregrinos en la medida en que el horizonte nos atrae, eso es la tensión a la escatología y lo que nos acerca a los místicos y a su experiencia que está más allá de la forma que le hayan concedido para expresarla.

La forma de la experiencia no está en los fenómenos místicos sino en la interioridad con que se ha producido en una persona y le ha trastocado todo. Repito que esto nos pasa cuando no somos ya tan fuertemente enamoradizos o románticos. Todo puede ser, lo que pasa es que somos cortos de vista, miopes y a cuatro metros de nuestros ojos ya no vemos nada, pero la realidad existe, no podemos reducirla a lo que veo, eso es un suicidio, que puede ser colectivo.

11. La mística en la Iglesia hoy

ALALITE: Por último queremos preguntarte qué nos dice la experiencia de los místicos a la Iglesia hoy. Una Iglesia en estado de crisis, de cambio, de renovación.

MH: Los místicos nos dicen que miremos más al futuro que al presente, así de simple. No podemos quedarnos varados cuando el tren del mundo pasa a una altísima velocidad por nuestras estaciones. Si tenemos vocación de luz del mundo, sabemos que el tren lleva unos faros, la Iglesia tiene vocación desde su nacimiento de máquina conductora, que va adelante, porque tenemos más motivos que nadie para ir a velocidad de crucero, máxime cuando confesamos en el principio del Concilio Vaticano II que somos una Iglesia que pertenece a una sociedad en cambio, dinámica. En las sociedades de hace poco la nieta era tan viejita como su abuelita, no se notaban los cambios. Hoy el cambio de generaciones se da vertiginosamente. Ese movimiento profundo, rápido y universal, que son los tres adjetivos que utiliza el concilio, fue dicho hace casi cincuenta años, y estamos más quietecitos que nunca en la Iglesia Católica.

Cecilia I. Avenatti de Palumbo. Profesora, Licenciada y Doctora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA).
Pedro Eugenio Bayá Casal. Licenciado en Teología por la Universidad Católica Argentina.


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