Corpus Christi

Corpus Christi

Varias veces al día me siento a la mesa a comer, a alimentarme, generalmente en compañía de otros. Y ahora saco un momento para preguntarme qué significa el alimento, la comida, y me abismo de todo lo que esta inquietud genera en mi mente y en mi corazón.

Cuerpo y alma son mis dos dimensiones esenciales, dinámicas y simultáneas. Hay un alimento del cuerpo y un alimento del alma, y ambos necesitan alimentarse para subsistir. Además existe reciprocidad entre ambos. Un buen alimento del cuerpo, lo es también del alma. Y esto me lleva a ser cuidadoso en la manera de alimentarme.

Cada vez me llama más la atención el constatar la importancia que Jesús, Dios hecho hombre, dio al alimento corporal, hasta el punto de haber hecho de una comida su gesto de despedida. Tomó el pan, lo bendijo y se lo dio para que comieran todos de él diciéndoles que ese pan era su cuerpo. Y luego tomó la copa, la bendijo y se la dio diciéndoles también que esa bebida era su sangre.

La eucaristía es comida, y la comida es eucaristía, que es dar gracias por un buen regalo, y no hay regalo comparable al de la comida y la bebida. Lo que Jesús hizo en la última cena como despedida de sus discípulos, les pidió que lo hicieran siempre en memoria suya.

Que Jesús deje una comida como memoria perdurable de su presencia entre los hombres es un gesto que me llena de fascinación. Para Él, cuerpo y alma son por igual importantes, cada uno a su modo. Por eso, cuando me siento a la mesa para alimentarme, la memoria me lo hace tan presente como cuando se despidió de sus discípulos.

El interés de Jesús en alimentar cuerpo y alma será siempre la lección que todo ser humano tiene por aprender, teniendo en cuenta que el alimento del cuerpo es también el alimento del alma, y que la bebida del cuerpo sea también la bebida del alma.

En la eucaristía, el creyente hace esta oración: “Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan y este vino, frutos de la tierra, del trabajo del hombre y de tu generosidad divina”. La oración que todo comensal debe hacer cuando se sienta a la mesa. Todo alimento tiene por necesidad esa triple procedencia: la tierra, el hombre y el Creador.

Al irse, Jesús nos dejó esta enseñanza: que la eucaristía es alimento que nutre alma y cuerpo, y que el pan es eucaristía que nutre cuerpo y alma. 

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 21 de junio de 2019