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Madonna del CarmineCuando nace el Carmelo -finales del siglo XII- el sentido feudal está muy metido en la mentalidad de los hombres: señor y siervo; patronato y servicio. Por ello era lógico que los carmelitas en un principio no consideraran a María con la relación de madre-hijos. A pesar de ello...

 


 

1). María es mi Madre

DIFÍCILMENTE se encontrará un tema más bellamente cantado que el de la madre. Todos los hombres y en todos los tiempos han pensado, han escrito, han dicho maravillas de este ser que es el fundamento, causa y raíz de la humanidad.

En la primera parte de este slogan hemos contemplado a MARIA como Madre de Dios, causa y fundamento de cuantos privilegios y gracias la adornan. Toda la segunda parte ha sido una exhortación a amar a esta extraordinaria MUJER. En esta tercera parte vamos a recordar por qué, cómo y en qué debemos imitar a esta Mujer que, además de ser Madre de Dios, es también Madre Nuestra.

En mi primer libro Como ELLA, dediqué páginas poéticas a este tema (Barcelona, 1957, 60-85). Aquí van a ser un poco más doctrinales, pero, sobre todo, quisieran ser muy prácticas. Que nos ayudaran a un profundo conocimiento, amor, imitación e irradiación de nuestra dulce Madre.

La madre es la que engendra, la que alimenta, la que educa, Ia que cobija, la que defiende, la que da calor y alegría en el hogar, la reina, Ia que sirve a todos y en todo, la que no se cansa.

Hoy más que nunca debiéramos gritarle a María:

"Madre, demuestra que eres mi Madre...".

Y será fácil que ella me diga con honda pena:

"Hijo, demuestra tú que eres mi hijo".

Ella siempre está dispuesta a ayudarnos, a protegernos, a defendernos del maligno, a colmarnos de cuanto necesitamos para poder alcanzar la vida eterna... Pero nosotros somos quienes no sabemos corresponder a tanto amor. O, si lo sabemos, no lo hacemos.

María es Madre del Redentor, de la Cabeza; luego lo es también de los redimidos, de los miembros. María, al aceptar ser Madre de Jesucristo, automáticamente queda constituida Madre de los hombres. María hace a Dios hijo del hombre y a los hombres hijos de Dios.

María ha cooperado por medio de una activa generación a comunicarnos la vida, no la vida de la naturaleza, sino la vida de la gracia.

Las palabras de San Pablo: "Nacido de mujer" (Gal 4,4) y "Muchos formamos un solo cuerpo de Cristo" (Rin 12, 5), son magníficos argumentos para probar la maternidad espiritual de María, correlativos a estos otros dos: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38) y al "Yo soy la vid, vosotros, los sarmientos" (Jn 15, 5).

La maternidad espiritual de María perdura sin cesar. Comenzó en el fiat de la Anunciación y durará hasta la consumación de los siglos. María fue, es y seguirá siendo siempre la madre de los hermanos de Jesucristo, su Hijo verdadero.

María es Madre del Cristo Total, madre de toda la Iglesia. El día 21 de noviembre de 1964, al aprobar la Constitución sobre la Iglesia, el papa Pablo VI proclamó solemnemente este título de María, que, por otra parte, ya le habían dado los Padres y Doctores de todos los tiempos. Dijo el papa:

"Así, pues, para gloria de la Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María madre de la Iglesia, es decir, madre de todo el Pueblo de Dios, tanto de los fieles corno de los pastores que la llaman madre amorosa, y queremos que de ahora en adelante sea honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título".

Es curioso observar cómo san Juan -el que recibió como algo propio a María- se muestra tan familiar y minucioso en las Bodas de Caná y en la escena del Calvario. Tres veces la llama madre en Caná y cinco en el Calvario.

Varias Ordenes e Institutos religiosos, al nacer, tomaron a María como Madre. Los carmelitas lo hicieron de un modo todo especial.

Cuando nace el Carmelo -finales del siglo XII- el sentido feudal está muy metido en la mentalidad de los hombres: señor y siervo; patronato y servicio. Por ello era lógico que los carmelitas en un principio no consideraran a María con la relación de madre-hijos. A pesar de ello San Simón Stock (+1265), ya llamó a María en la plegaria Flos Carmeli "Mater mitis, Madre tierna".

A principios del siglo XIV se despierta en la Orden el concepto de relación mutua, materno-filial, porque empezó a hablarse de la ejemplaridad de María. Lo hicieron desde ópticas diversas.

Como Madre toda especial para con los que mueran vis-tiendo piadosamente el escapulario del Carmen se presenta en la Bula sabatina: "Yo bajaré del cielo como Madre gloriosa el sábado después de su muerte; y a cuantos de ellos encuentre en el purgatorio, los libraré y los conduciré al monte de la vida eterna".

En el primer escudo de la Orden -1499- aparece la Virgen con el Niño Jesús, vestida con la capa blanca y aureolada con esta inscripción: "Sum Mater et Decor Carmeli. Yo soy la Madre y Hermosura del Carmelo".

2). Hermanos de la Virgen María

Además de ser "hijos de María", somos también "hermanos de María"

Los carmelitas nacieron a finales del siglo XII en las laderas del Monte Carmelo, en Palestina, y dedicaron su primer oratorio a la Virgen María. Este hecho, con la mentalidad medieval, tiene un profundo significado de entrega, servicio y dedicación. Por ello pronto se les conocerá como "Hermanos de la Virgen María". Y la Virgen María para ellos será "La Señora del Lugar".

La palabra frater-hermano que vive en comunicación con el pueblo, se acuña en la Edad Media y sucede a la de monje, que vive en la soledad, separado de la gente.

A los carmelitas se les llamó desde un principio "Hermanos del Carmelo" para distinguirlos de los cenobitas griegos del cercano monasterio de Santa Margarita. Sólo a partir del siglo XVI se llamará padre a los que son sacerdotes.

Los primeros carmelitas profundizando en la vivencia que en esta palabra se significaba, no tardaron en descubrir en ella un filón de familiaridad, mucho más acorde con sus aspiraciones y en sintonía con su carisma. De esta manera, y de forma casi connatural, se fue dando el paso de frailes a hermanos; y por lo que se refiere a María, de Patrona a Hermana.

Toda esta transformación fue realizándose tras las oportunas reflexiones sobre la ejemplaridad de la Santísima Virgen; y sobre todo, gracias a una generosa y constante dedicación a hacerse semejantes a Ella. Por ello, esa innovación no fue efecto de un entusiasmo pasajero o de una repentina llamarada de fervor, sino la consecuencia lógica de una afinidad comprobada con María, fruto de su imitación, o reproducción de su ejemplaridad. Y esto, de una manera especial a nivel de pureza, de virginidad.

Juan Baconthorp (+1348), inglés, es el primero que reflexiona en profundidad sobre esta fraternidad de los carmelitas con María, y lo hace sirviéndose del principio de causalidad ejemplar, poniendo a María como prototipo a quien los carmelitas deben procurar imitar. Esa semejanza creyó encontrarla en la compara-ción entre diversas prescripciones de la Norma de vida y el estilo de vida de la Santísima Virgen. Según esa comparación, si se observa la Regla con fidelidad, ello lleva indefectiblemente a una semejanza con María en las facciones morales, lo que autoriza al carmelita a llamarse hermano de María y a considerar a María como hermana suya. Aunque hay que hacer notar que él no llama a María Hermana y a los carmelitas los llama hermanos del Carmelo no hermanos de la Virgen María.

Cheminet (+1350), francés, para sacar sus conclusiones, se apoya no en la Regla, sino en la virginidad y en la pobreza evangélica que vivió María y que habrían practicado también Elías y sus discípulos, los hijos de los profetas, precursores de los carmelitas. Tampoco Cheminet llama Hermana a María aunque indica las premisas para ello.

Hildesheim (+1375), alemán, sigue una línea paralela a la de Cheminet: María vivió como nadie el Evangelio, sobre todo la obediencia, pobreza y observancia del silencio, oración, abstinencia y trabajo. Todo esto lo viven también los carmelitas, luego llevan una vida semejante. Pero tampoco la llama Hermana.

- Felipe Ribot (+1391), español, es el que tiene el mérito de haber desarrollado las premisas de la hermandad de María con el Carmelo. El se fija sobre todo en la virginidad de María, en su pureza inmaculada y en su determinación de permanecer siempre virgen. De aquí saca estas conclusiones:

1° Su elección preferencial de María para patrona de la Orden, inspirada en la semejanza mutua en cuanto a la virginidad y pureza.

2° Su resolución de considerarse como verdaderos hermanos de María y de llamarse hermanos de María en virtud de esa semejanza; y

3° Su decisión, basada en ese mismo motivo, de reconocer en María a su hermana y de llamarla con tan dulce nombre.

El ser llamados con el título de hermanos de María fue siempre el mayor honor para los carmelitas y el timbre de gloria que defendían siempre de palabra y por escrito. El ser "hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo" era público testimonio de las estrechísimas relaciones que existían entre María y los carmelitas: Ella era su Patrona, de la Orden y de cada uno de los religiosos. Y los religiosos debían procurar honrarla, amarla, imitarla, hacerlo todo a su servicio.

Por el bautismo somos hechos hijos de Dios. Por el ingreso en la Orden y vestir su hábito, somos hechos hermanos e hijos de la Virgen María. Así lo decía el Directorio:

"¡Por demasiado dichoso, sí, sí! Por demasiado feliz me ten-dría yo por ser el último de vuestros servidores para barrer siquiera el zaguán de este monasterio: mas he aquí que Vos me queréis honrar con el título de vuestro hermano, de hijito vuestro. Tan hermosos calificativos, tan excelentes nombres, ¡oh Virgen Santa!, podrían razonablemente darse a los santos, mas no a mí, pobre pecador y ruin criatura. Nadie se extrañará de que alguien diga que un San Alberto, que un San Simón, que un San Andrés Corsini, que un San Angel, que un San Anastasio mártir y tantos otros son vuestros hermanos e hijos de vuestra familia, puesto que por sus buenas obras y por sus virtudes tan excelentes se han hecho dignos. Pero ¿de mí? ¿Qué se dice de mí que yo soy hermano de la Virgen, de la Emperatriz del universo, de la Madre de mi Dios? ¡Ah! Esto es una gracia incomparable y un honor que me cubre de confusión".

Este título de HERMANOS DE MARIA debe ser el mayor motivo de santo orgullo para los carmelitas. Así lo recordaba Pedro Tomás Sarraceni, clásico autor del siglo XVII:

"Nuestra gratísima Reina ha mandado que tan espléndido título sea divulgado por todo el orbe, para que por su medio re-tengamos para siempre grabado en nuestro corazón el nombre más dulce, más suave, más amable después del de Jesús, de nuestra liberalísima Patrona, de nuestra Señora, de nuestra Reina, y para que sea para nosotros eterno monumento y perenne recuerdo de los beneficios recibidos de Ella, a quien hacemos nuestros votos, a quien como a cabeza nos unimos, a quien como defensora nos encomendamos, a quien dirigimos todo lo nuestro, afanes, corazones, palabras y obras".

3). Relaciones de hijo y hermano

El carmelita alemán Juan Paleonydoro (+1507) nos recuerda que como hermanos e hijos de María tenemos especiales relaciones con Ella:

"de amor: Considérala cercana a ti en toda ocasión. Pon sumo cuidado en acogerla ahora como Madre, para que Ella un día te acoja como hijo en la gloria del cielo.

de imitación: ¡Qué gran dignidad el ser yerno de un rey de la tierra, como lo fue David de Saúl! Pues ¿cuál no deberá ser el honor y la felicidad de quienes pueden considerarse con justicia hermanos de María, la Reina del cielo?

de confianza: Como Ester, y mucho más que Ester, María vive angustiada por la salvación de su pueblo. Invócala con con-fianza, seguro de que serás escuchado. Como Abrahán con Sara, repite tú también a menudo: Te ruego, oh María, que digas que eres mi hermana, y gracias a ti se salvará mi alma".

Si María es Madre y Hermana nuestra será lógico que ten-gamos algunas obligaciones respecto a Ella como hijos y como hermanos. El célebre humanista y gran mariólogo carmelita Arnoldo Bostio (+1499) estudió detenidamente estas relaciones de intimidad en su precioso libro "De Patronato Mariano". Dice que esta intimidad se expresa y se afianza de tres formas:

a) con el pensamiento: Nunca olvides sus beneficios. Nunca olvides los múltiples testimonios de su amor de Hermana y de Madre. Ella nunca cambiará sus disposiciones de amor hacia ti: su fidelidad es irreversible.

Que no pase, pues, un solo día, que no transcurra una noche, que no vayas a ninguna parte, que ningún pensamiento ni conversación alguna tengan lugar, que no te sobrevengan trabajo ni descanso, sin que traigas afectuosamente al pensamiento el recuerdo de María. Que en el vestíbulo de tu memoria Ella ocupe siempre un puesto de vanguardia.

b) con el corazón, con cariño, con confianza, con abandono: Vuélvete a menudo hacia María, y nunca te canses de invocarla con estas palabras de la Biblia: Hermana mía, amiga mía, paloma mía, inmaculada mía, ábreme tu corazón, morada de misericordia. Tú, María, eres el amor de mi corazón, más aún, mi propio corazón, mi propia alma. Y no dudes en añadir las dulcísimas palabras de Esdras: Abraza, Madre, a tus hijos; estréchate al corazón de tus devotos; afianza sus pasos; guíalos en la santa alegría. O la súplica de Abrahán: Te ruego que digas que eres mi hermana, para que, gracias a ti, encuentre yo una buena acogida y por causa tuya viva mi alma.

c) con los labios: Dirige frecuentemente a María tus saludos. Procura repetirle sobre todo el saludo celestial que le trajo el ángel Gabriel en nombre de la Santísima Trinidad. Cada vez que le repitas ese saludo, lleno de misterio y que tanto le agrada, sentirás como que María te estrecha entre sus brazos, y tiernamente abrazado por su corazón, saludándola a menudo, te sentirás, gracias a Ella, enriquecido en tu interior.

Recurre a Ella con asiduidad, acércate confiadamente al trono de su misericordia. Colmada de todo bien, Ella es la puerta del cielo, siempre abierta para cuantos la invocan. Seguramente te cansarás antes tú de suplicarla que Ella de favorecerte con sus dones.

Siempre que te acerques al Señor, sírvete de su mediación: todo lo que quieras ofrecerle, ofréceselo por medio de María; con-fíalo seguro a sus benditas manos".


TOMADO DE:  www.ocarm.org

 

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