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immacolataEl ocho de diciembre es la fiesta de la Inmaculada, la mujer "vestida del sol, con la luna bajo los pies y una  corona de doce estrellas en la cabeza" (Ap. 12, 1), en  unidad armónica de cuerpo y alma. Fiesta de la Inmaculada, fiesta de la luz...

 


 

Las velas encendidas de la noche del siete de diciembre  simbolizan la luminosidad del universo en cada ser.  De unos que la tienen, de otros que la quieren tener. "Dios es luz y en El no hay tiniebla alguna"(1 Jn 1, 5). Puertas y ventanas, calles y avenidas llenas de luz. Sueños  y anhelos en busca de la lumbre que aprisionan los ojos al dormir. Aurora, noche que se vuelve día. "Caminemos como en pleno día, con dignidad" (Rom 13, 13), invitación de quien sabe que  el amor es  luz y  la oscuridad   ausencia de amor.

El ocho de diciembre es la fiesta de la Inmaculada, la mujer "vestida del sol, con la luna bajo los pies y una  corona de doce estrellas en la cabeza" (Ap. 12, 1), en  unidad armónica de cuerpo y alma. Fiesta de la Inmaculada, fiesta de la luz. "El cielo, los astros, la tierra, los ríos, el día, la noche, y todo lo que se halla sometido al poder y al servicio del hombre, se congratulan, Señora, porque…han sido resucitados por ti y dotados de una gracia nueva inefable" (S. Anselmo). Las velas encendidas  anticipan  lo que presiente el corazón:  ser transparencia de la luz.

¿Qué es la Inmaculada? Una mujer translúcida por dentro y por fuera  en la unidad  de su ser. A través de ella pasa la luz divina, Dios. Todo se extasía en su presencia. Cada cosa presiente la luz, anhela la luz, camina en la luz, se vuelve luz. En ella los gestos tienen la ondulación de la blancura sin fin. Deseos evanescentes de alborada que anuncia el presentimiento del rocío.

"Cuanto más puros sean nuestros corazones, más poderosas, preclaras, útiles, dignas de alabanza y perfectas serán nuestra oración y nuestra acción". Inmaculada, fiesta de los corazones puros. En ella toman carne  las sospechas más inverosímiles,  camino de la luz. Fiesta de la Inmaculada, fiesta de la mirada limpia, del corazón puro, "que no se perturba por nada ni está atado a nada; sin preocupaciones, no desea seguir su propio camino, feliz de estar inmerso en la amorosa voluntad de Dios", como dice el Maestro Eckhart,  insigne místico del siglo catorce. Las velas, los faroles, los fuegos pirotécnicos y los bombillos de  colores expresan los anhelos  de pureza de quienes celebran llevados por ella de la mano  a la mansión del que "habita en una luz inaccesible" (1 Tim. 6, 16), donde todo, y no sólo lo sexual, se vuelve limpio, inmaculado, puro: ojos, boca, manos, seno, entrañas, pies, mente y corazón.     

¿Por qué  seduce tanto la fiesta de la Inmaculada? ¿Porque  ella  expresa los sueños imposibles de felicidad? Al mirarla, al cantarle, al festejarla, al llenarla de luces, la inocencia se instala en los sentidos. Nos volvemos por un instante, anticipo del paraíso,  incapaces de hacer el mal, de dañar. La cordialidad,  ganas indefinibles de hacer el bien, de perdonar, de acoger, de amar, lo invade todo. Cada gesto  se vuelve transparente en su luz. Mirando el esplendor de tantas luces rompemos a cantar: "Tiembla como un cristal / al borde del abismo sideral" (R. Maya). Abismo de luz, abismo de bondad, lo que acompasa el ritmo del corazón a la música de las esferas. ¿Será  así el encanto de la alborada?

"Dios es padre de toda la creación, María es madre de la restauración universal" (S. Anselmo). Admirable labor la de restaurar, propia de los desvelos de  madre. Con  mirar sintoniza,  restablece  en plenitud,  promueve identidad. Orfebre que moldea artisticamente cada detalle de su obra. La Inmaculada da a luz a aquel sin el cual nada existe ni es bueno. Quien entra en contacto con ella aprende a vivir: "A la tarde te examinarán en el amor" (S.J. de la Cruz). Un juicio de amor no puede ser sino amoroso. Quien vive de amor sabe responder con  precisión. Manto de blancura, manto de amor con que esta madre abriga a sus hijos, a la creación entera. ¡Fiesta de la Inmaculada,  fiesta del amor!  

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

 

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