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teresa y los jovenesSanta de Teresa de Jesús es maestra de oración, de espirituales, hasta mistagoga la han llamado, una palabra que parece de la new age pero que en su caso esconde una verdad profunda y práctica que nos puede ayudar y mucho. Teresa es una Santa, y además...

 


 

Entre la experiencia vital de Sta. Teresa y la de los jóvenes de hoy día podemos encontrar una sintonía profunda. La sabiduría de la Santa puede ayudar a cualquier creyente de hoy a renovar en la vida real de cada día y en profundidad, la experiencia básica de la fe: revivir la relación personal de cada uno con Jesús, el Cristo, y dejar que nos lleve por el camino de la realización personal, acogiendo el amor de Dios y manifestándolo en la fraternidad con los demás y en la vivencia eclesial.

Realmente corren tiempos recios que precisan amigos fuertes de Dios. Para afrontar la situación y seguir la invitación del Papa Francisco “a cada cristiano, en cualquier lugar y situación (…) a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo” (EG 3) Teresa de Jesús es una excelente compañera y maestra.

Santa Teresa, Maestra del Cristo Vivo

Santa de Teresa de Jesús es maestra de oración, de espirituales, hasta mistagoga la han llamado, una palabra que parece de la new age pero que en su caso esconde una verdad profunda y práctica que nos puede ayudar y mucho. Teresa es una Santa, y además pertenece a un “club” muy exclusivo dentro de los santos de la iglesia: los doctores (de los miles y miles de santos solo unos 35 son doctores); de ellos, solo tres son chicas y de las tres, dos son Teresas: Teresa de Jesús y Teresa de Lisieux, monja carmelita como ella, su “hija” y discípula.

teresa3Pero antes que todo eso, Teresa de Jesús fue una mujer; antes todavía, una niña y una chica que despertó a la vida y tuvo que tomar las decisiones necesarias para ser feliz y dueña de su vida. Ante nosotros, sobre todo en su libro de la vida aparece como una chica moderna. No se contentó con lo que le venía dado, sino que quiso examinarlo todo por ella misma, ver si de verdad le era útil y le servía para ser feliz. Y comprobó que sí, que ese Dios de la infancia, que los niños perciben tan claro, seguía con ella en su difícil adolescencia, que se le mostraba personalmente como Presencia cercana y cálida, que se abría paso en su vida como amigo y se proponía como real compañero, con quien vivir la mejor historia de amistad que nunca defrauda.

Teresa de Jesús no es solo maestra de oración y del encuentro con Dios. Es sobre todo Maestra del Cristo Vivo. Su doctorado vivencial, reflexivo y teológico es acerca de Jesús, el Señor, que es efectivamente Camino, Verdad y Vida para todo aquel que se toma en serio el camino de la fe. Su objetivo, su logro, su gran aportación es poder ponernos a cada uno en relación real, personal, amistosa con el Cristo que vive en nuestro mundo y, especialmente, en cada uno de nosotros. Nos invita a asomarnos a la mayor aventura de la vida que es conocernos a nosotros mismos y descubrir que no podemos hacer esto sin conocerle a Él, sin reconocerle presente y expectante a que nos decidamos a acogerle, a dejarle entrar.

Una propuesta: oportunidad en tiempos recios

Nos propone a todos, y especialmente a los jóvenes, siempre abiertos a las novedades, a las pruebas y a lo verdadero, un camino concreto y realista de amistad con el Dios que se manifiesta y nos busca en Jesús. Primero de todo, nos quiere seducir, engolosinar, con su experiencia, con lo que ella ha visto, oído y probado. No tiene nada que ver con ideologías ni ideas aprendidas, transmitidas y repetidas sin encontrarle el sentido. Teresa abre una puerta a un mundo nuevo, real y, sobre todo, cercano, porque está dentro de cada uno de nosotros y a nuestro alrededor. No estamos huecos por dentro y podemos comprobarlo porque el paso a este mundo de maravillas que somos nosotros mismos está a nuestro alcance: la puerta es la oración.

Se trata de una Buena Noticia: somos una pequeña maravilla de la vida, de la naturaleza. Tenemos un valor y una riqueza inmensas. Cada uno de nosotros hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, no estamos aquí por casualidad. Hemos sido llamados a esta vida por Alguien que nos quiere y tenemos la prueba dentro de nosotros mismos. Eso sí, hay que hacer un pequeño esfuerzo por sustraernos a todo lo que nos distrae desde fuera y entrar en nuestro interior. Teresa nos indica la puerta, la oración, pero no desde técnicas o procedimientos sino desde una motivación existencial: se trata de estar con el Amigo que siempre está con nosotros. El remedio a la soledad, al miedo, a nuestro descontento nos aguarda dentro. Porque solo podemos ser nosotros mismos cuando nos relacionamos con este otro Yo que nos conoce y nos quiere tan bien.

La puerta es la oración

Cruzar esta puerta es iniciar una aventura, que puede ser la mayor y mejor de nuestra vida y que nos hace implicarnos por entero. Ante todo, nos encontramos con lo que de Dios, de Jesús, hay dentro de nosotros. Él es esa Presencia que vive en cada uno y con quien podemos dialogar. La primera experiencia es que nos sentimos acogidos, queridos, perdonados, justo como cuando damos con un buen amigo. Todo encuentro con Dios es encuentro con Cristo. Él es el Libro Vivo donde aprendió Teresa la verdadera experiencia de Dios. Dentro de uno mismo se entra con el Evangelio en la mano para interpretar, modelar, llenar de contenido nuestros encuentros con el Señor. Dentro de nosotros, con Cristo, escuchando y creyendo las palabras del Evangelio comprobaremos hasta qué punto es verdad, entenderemos su sentido que es descubrirnos a cada uno que somos queridos, que estamos salvados, que Jesús ha dado la vida para que podamos amar y ser felices.

Teresa concretaba el Evangelio en tres actitudes básicas que son la misma oración: liberarnos (desasirnos) de las cosas, de las personas y de nosotros mismos (egoísmo, codicia, individualismo); junto a esto y como consecuencia, amar a los otros más que a nosotros mismos; y, por último, la más importante, andar en verdad, esto es la humildad que es la luz que nos descubre quienes somos y lo cerca que lo tenemos a Él. A estas actitudes fundamentales, la Santa añade otra muy necesaria en el camino emprendido: determinada determinación, esto es, una decisión firme, apoyada en la experiencia de sentirnos queridos y de lo que sentimos al mirar a los ojos al Amigo Jesús para no abandonar el camino emprendido, vengan las dificultades que vinieren.

La oración es vida y la vida es oración

Este de la oración-vida es un camino de descentramiento de nosotros mismos que tiene como objetivo que cada uno dejemos de ser lo primero en nuestro orden de prioridades y reconozcamos la presencia e importancia de los demás. El estilo de vida y oración de Teresa pide una comunidad, una familia. La oración, si es auténtica, nos empuja a la verdadera amistad también con los demás. Es una experiencia eclesial. El verdadero Cristo es el corazón de la Iglesia y a ella nos lleva. En ella aprendemos, sanamos, vivimos, ayudamos a renovarla y reconstruirla, a reformarla no con quejas ni palabras sino aportando lo que somos y tenemos. Esta auténtica experiencia de Dios hecha en Cristo mediante la oración nos hace vivir en comunidad. Aprendemos que vivir en familia no es posible si nos consideramos lo primero y más importante de nuestra vida, si preservar nuestro bienestar y satisfacer nuestras necesidades es nuestro principal objetivo.

Se descubre así que la comunidad eclesial tiene esas mismas características: es una familia humana humilde en la que todos tenemos un lugar, con tal que cada uno asumamos quienes somos y aceptemos a los demás sobre la base de que son como nosotros. Es una familia, un espacio de amor verdadero, de entrega, de acogida hacia todos. Y es ese otro mundo que es posible, formado por hombres y mujeres libres, liberados del egoísmo y la codicia que se saben acompañados y guiados por Jesús, el Hijo de Dios. Y muy especialmente en estos tiempos, tiene que ser un grupo de personas muy determinados a vivir esto y anunciarlo, no como ideas o doctrinas, sino como una experiencia viva y llamativa que se puede contagiar.

Por último, este camino de humanización a través de la oración en la Iglesia nos lleva a cada uno a nuestra plena realización personal. Mediante la humildad, el amor de unos para con otros y el desasimiento vemos crecer nuestro auténtico yo, el que sabe y reconoce su lugar en el mundo, el que se vive en comunión con tantos otros yos, purificados también o en camino hacia la purificación. Como dijo en una ocasión el Papa emérito Benedicto XVI, Cristo no os quita nada (que valga la pena, al menos) y os lo da Todo. De eso se trata, de recibirlo todo, de no perdernos nada de todo lo bueno que tiene esta vida: amor, perdón, cariño verdaderos.

Una gran oportunidad, una gran esperanza

Tenemos que ver el momento existencial que vivimos como una gran oportunidad: cuando parece que ya no queda ningún espacio para la religión y lo religioso en nuestra sociedad que cree saberlo todo y altamente tecnificada, Cristo aprovecha la ocasión para volver a manifestarse en su lugar propio y específico: por un lado, en tantos “márgenes” y “fronteras” humanas donde no llega aún es falsa seguridad y ese bienestar sin fundamento real y, por otro, y más importante, en el centro mismo de la vida y la existencia. Cristo es Luz, Revelación, Presencia incondicional de lo que realmente importa, de lo más auténticamente humano: la amistad, la comunión, que está a un paso de nosotros, a un cerrar de ojos, podríamos decir, a una decisión personal y comunitaria de escuchar su Palabra y acoger su Presencia que ya está en realidad en nuestro centro y mitad, en nuestra existencia, compartiendo nuestras esperanzas y dolores, temores y sufrimientos. Solo necesita que le miremos para que descubramos con cuanto amor nos está mirando. No encontraremos en Él reproches, no nos echará en cara nuestra infidelidad o nuestro alejamiento: solo se alegrará de nuestra vuelta a su casa, a nuestra casa, a la casa del Padre y querrá que nos dispongamos para la fiesta de la amistad y de la vida.

 

TOMADO DE: http://www.pjalbacete.org

 

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