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GusanoSedaAsí desarrolla Santa Teresa de Jesús una de sus analogías más acariciadas y más brillantes. Reproduce lo que le han contado, ordenando las escenas según le interesan para la explicación mística, saltando por donde le conviene y parándose donde más le cumple...

 


 

He aquí una preciosa analogía desarrollada por Santa Teresa de un modo magistral en las últimas Moradas, desde las Quintas a las Séptimas, a través de largos y sabrosos capítulos. Adviértase que la Santa confiesa no haber visto el gusano de seda, cuya vida nos describe por referencias, pidiendo perdón si hay algún yerro o va alguna cosa torcida. Esta mujer admirable sacaba partido de todo cuanto oía e inmediatamente lo enfocaba al mundo sobrenatural en que vivía.

Si hubiera vivido más tarde se hubiera deleitado grandemente con las páginas que fray Luis de Granada consagra en el Símbolo al estudio de la vida y maravillosas costumbres y admirables instintos de los animales pequeños y mayores.

Veamos cómo empieza la Virgen abulense:

«Pareceros ha que está todo dicho lo que hay que ver en esta Morada (Quinta) y falta mucho, porque, como dije, hay más y menos. Cuanto a lo que es unión, no creo saber decir más; mas cuando el alma a quien Dios hace estas mercedes se dispone, hay muchas cosas que decir de lo que el Señor obra en ellas; algunas diré y de la manera que pueda. Para darlo mejor a entender me quiero aprovechar de una comparación que es buena para este fin, y también para que veamos cómo, aunque en esta obra que hace el Señor no podemos hacer nada más, para que Su Majestad nos haga esta merced podemos hacer mucho disponiéndonos. Ya habréis oído sus maravillas en cómo se cría la seda, que sólo Él pudo hacer semejante invención, y cómo de una simiente que es a manera de granos de pimienta pequeños (que yo nunca la he visto, sino oído, y así, si algo fuere torcido no es mía la culpa)26, con el calor, en comenzando a haber hoja en los morares comienza esta simiente a vivir, que hasta que hay este mantenimiento con que se sustenta se está muerta; y con hojas de morar se crían, hasta que después de grandes les ponen unas ramillas, y allí, con las boquillas, van de sí mismos hilando la seda, y hacen unos capuchillos muy apretados, adonde se encierran; y acaba este gusano, que es grande y feo, y sale del mismo capucho una mariposica blanca, muy graciosa. Mas si esto no se viese, sino que nos lo contaron de otros tiempos, ¿quién lo pudiera creer?».

Vienen seguidamente las aplicaciones morales. Entonces comienza a tener vida este gusano del alma cuando con el calor del Espíritu Santo se comienza a aprovechar con el auxilio general que a todos nos da. Dios: confesiones, lecturas buenas, sermones...

«Pues crecido este gusano, que es lo que en los principios queda dicho de esto que he escrito, comienza a labrar la seda y edificar la casa adonde ha de morir. Esta casa querría dar a entender aquí que es Cristo. En una parte me parece he leído u oído que nuestra vida está escondida en Cristo u en Dios, que todo es uno, u que nuestra vida es Cristo. En que esto sea o no, poco va para mi propósito... Pues veamos qué se hace este gusano, que es para lo que he dicho todo lo demás; que cuando está en esta oración, bien muerto está al mundo, sale esta mariposita blanca».

Y así continúa examinando el vuelo de la mariposita, que después (cap. III) le parece palomica, cuyo vuelo es muy alto. Interrumpió la Santa durante cinco meses, la redacción de las Moradas, desde que comenzó el símil del gusano de seda hasta que en el capítulo IV lo continuó. Ella temía que «"como la cabeza no está para tornarlo a leer, todo debe ir desbaratado, y por ventura dichas algunas cosas dos veces. Como es para mis hermanas, poco va en ello"».

Después de varias amplificaciones espirituales, vuelve a decir: «"Parece que hemos dejado mucho la palomica, y no hemos; porque estos trabajos son los que aún la hacen tener más alto vuelo"».

«"¿Si habrán bastado todas estas mercedes que ha hecho el Esposo a el alma, para que la palomilla u mariposilla esté satisfecha (no penséis que la tengo olvidada) y haga asiento donde ha de morir? No, por cierto, antes está muy peor; aunque haga muchos años que reciba estos favores, siempre gime y anda llorosa..."», porque se ve ausente del Señor, a quien más va conociendo. «"Ahora, pues, decimos que esta mariposica ya murió, con grandísima alegría de haber hallado reposo, y que vive en ella Cristo"».

Así desarrolla Santa Teresa de Jesús una de sus analogías más acariciadas y más brillantes. Reproduce lo que le han contado, ordenando las escenas según le interesan para la explicación mística, saltando por donde le conviene y parándose donde más le cumple. Pudiérase decir que le guía la lógica de la imaginación, «"que es la lógica de las mujeres la cual se acerca a la realidad de las cosas más aún que la lógica del raciocinio"».

Adviértase la predilección singular que en el orden zoológico mostró Santa Teresa por las aves, sin duda por volar al cielo y en el cielo. Muchas veces decía ella con el Salmista: "¡Quién me dará alas como de paloma, y volaré y descansaré!"35. Y con más justa razón que el poeta de las Doloras pudo exclamar la dulce Madre:

    Me atrae tanto el cielo,         
    que extraño alguna vez cómo no vuelo.         

¡Bendita sea la facultad creadora de la fantasía vivísima y endiosada de Santa Teresa de Jesús!

 Gusano de seda - Transformación en Cristo

Preparado por: Madres Carmelitas Descalzas - Monasterio de la Ceja - Antioquia - Colombia

 

 

TOMADO DE:http://www.cervantesvirtual.com

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