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Santa Teresa de JesusComo me vi tan (enferma), y en tan poca edad, y cuál me habían parado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen... y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad...

 


 

La presencia de san José en los escritos y en la espiritualidad de santa Teresa comienza en plena juventud con la devoción personal al Santo, en la línea de la religiosidad popular. Luego, penetra en la vida y experiencia mística de Teresa. Pasa a ser determinante en su misión de fundadora. Y finalmente hace de Teresa un singular apóstol del culto al Santo Patriarca en la propia familia religiosa y en la Iglesia de los últimos siglos. En la autobiografía de Teresa, son tres los momentos incisivos que marcan el brote y el auge de su vinculación íntima a san José: a) su curación de la parálisis, a los 26/27 años (hacia 1542); b) su "conversión", a los 39 (hacia 1554); c) la fundación de su primer Carmelo, a los 47 (en 1562...).

a) El hecho decisivo parece ser el primero. Tras el regreso de Becedas, donde la famosa curandera la había reducido al total agotamiento físico, sobreviene -ya en Avila- el terrible paroxismo del 15 de agosto (1539: V 5,9); siguen varios días en coma profundo; "más de ocho meses" totalmente tullida, "solos los huesos tenía" (ib 6,2); y "casi tres años" de recuperación lenta en la enfermería, de suerte que "cuando comencé a andar a gatas, alababa a Dios" (ib). Fue entonces cuando apeló a san José. Y Teresa quedó convencida de que al Santo se debió su total curación

b) En la vida religiosa de Teresa hay un hecho incisivo en que ella supera sus fluctuaciones e indecisiones, reitera su "determinada determinación" y logra hacer total entrega de sí a Dios. Es lo que se ha llamado su "conversión". La cuenta ella en el capítulo 9 de su autobiografía. Ocurre en torno a sus 39 años. Factor decisivo fue su encuentro cara a cara con una imagen "de Cristo muy llagado". Y sucesivamente la lectura de las Confesiones de san Agustín. Pero esa "conversión" Teresa la ve como una especial gracia de lo alto. Y en su ánimo agradecido la atribuye tanto a la Virgen ("ella me ha tornado a sí": V 1,77) como a san José: "entendí que tenía mucha obligación de servir a nuestra Señora y a san José, porque muchas veces, yendo perdida del todo, por sus ruegos me tornaba Dios a dar salud" (R 30). A ello alude en Vida 6,6: "...este bienaventurado Santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo (parálisis), como de alma (conversión)".

c) Los hechos más incisivos y decisivos sobrevienen con ocasión de la fundación del Carmelo de San José, cuando la vida personal de Teresa adquiere calado místico y envergadura de misión eclesial. Ocurre en torno a sus 45/47 de edad. Teresa ha entrado de lleno en la experiencia mística de lo divino. Centro orbital de la nueva forma de vida es Cristo en su Humanidad Santa (c. 27).

Desde lo hondo de esa experiencia surge la misión carismática de la Fundadora. Es Cristo mismo quien le intima que funde el primer Carmelo, "haciéndome grandes promesas de que no se dejaría de hacer el monasterio, y que se serviría mucho en él, y que se llamase San José, y que a la una puerta nos guardaría él (San José), y nuestra Señora la otra..." (V 32,11). "Era esta visión con tan grandes efectos, y de tal manera esta habla... que yo no podía dudar" (ib 32,12). Así entraba san José no sólo en la vivencia mística de Teresa, sino en su futura misión eclesial.

En una y otra permanecerá los veinte años finales de la vida de la Santa, estrechamente vinculado a su experiencia mística central, Cristo Jesús. Baste subrayar someramente los dos datos más relevantes de esos textos teresianos: por un lado, la presencia de san José en la experiencia cristológica de la Santa, al lado de la Virgen, los tres personajes nucleares del misterio de la Encarnación, que ahora extienden su acción protectora sobre Teresa y su obra, "nos guardarían" (vocablo reiterado: en boca de Jesús -32,11- y de María -33,14-).

Y por otro lado, el sentido cultual de la obra teresiana como "servicio" a los tres, pero concretamente a San José: de nuevo el vocablo del servicio (eco de la "douleía" paulina) es reiterado por los dos interlocutores celestes: Jesús "se serviría mucho en él" (32,11). María: "en él se serviría mucho a ellos dos" (33,14).

Ahora, en las grandes dificultades que sobrevienen, incluidas las crematísticas, interviene personalmente -como actor sobrenatural- san José, primero prometiendo ayuda, y luego haciéndole llegar desde las Indias los indispensables doblones de oro "por maneras que se espantaban los que lo oían" (33, 12).

A partir de esos primeros episodios, Teresa decidirá introducir dos detalles sintomáticos en su praxis de fundadora: llevará siempre consigo en el carromato una imagen de san José (lo testificarán sus compañeras de viaje, así como sus biógrafos Ribera y Gracián).
Y una vez fundado cada nuevo Carmelo, encomendará al Santo una de las puertas de la casa. Y sobre todo, no sólo lo hará a él titular y patrón de casi todas sus fundaciones, sino que le otorgará el título de "fundador" de la nueva familia religiosa.
Lo atestigua el propio Gracián: “en todas las fundaciones llevaba consigo una imagen de bulto de este glorioso Santo, que ahora está en Ávila, llamándole fundador de esta Orden… Los cuales (discípulos de la Santa) reconocen por fundador de esta reformación al glorioso san José, con cuya devoción la fundó la Madre Teresa…” (BMC 16,476)
(Tomás Álvarez).

Testimonio de Santa Teresa de Jesús, que viéndose libre de una grave enfermedad -según ella por intercesión de San José-escribe la página que más ha influido a partir de ella en la extensión de la devoción al Santo Patriarca.

"Como me vi tan (enferma), y en tan poca edad, y cuál me habían parado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del cielo para que me sanasen... y tomé por abogado y señor al glorioso San José y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores de honra y pérdida de alma, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado Santo. De los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma. Que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; de este glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas; y que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra..., así en el Cielo hace cuanto le pide... Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu... Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso Santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona que de veras le sea devota y haga particulares servicios, que no la vea más aprovechada en la virtud... Paréceme ha algunos años, que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Y si va algo torcida la petición, él la endereza, para más bien mío. Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargara en decir por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso Santo a mí y a otras personas. Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere, y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso Patriarca y tenerle devoción. En especial personas de oración siempre le habían de ser muy aficionadas ... Quien no hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro y no errará el camino. Plegue al Señor que no haya yo errado en atreverme a hablar de él, porque, aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he fallado".

 

TOMADO DE: http://www.cipecar.org

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