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teresa-cosas-de-mujeresEn un mundo dominado por hombres, Teresa defendió el derecho de las mujeres a estudiar y a decidir por sí mismas, creando espacios en los que podían ser autónomas y autogestionarse. Ella estaba convencida de que una mujer tiene las mismas capacidades...

 


 

Todos sabemos que santa Teresa es maestra de oración y una de las más grandes místicas de la historia, pero a veces pasamos por alto su dimensión humana, que resalta aún más si la consideramos en el contexto histórico que le tocó vivir. Acostumbrados a mirarla en cuadros que la representan entre ángeles y nubes, podemos olvidar que fue una mujer con los pies en la tierra, plenamente consciente de la situación de inferioridad en que se encontraba a causa de su sexo. Adelantándose a los tiempos, reivindicó con fuerza la posibilidad de que las mujeres pudieran formarse y decidir por sí mismas, sin estar sometidas a la tutela de los varones. Esto le causó muchas dificultades, a las que hizo frente con decisión. En ese campo es un modelo para nuestra sociedad, que tanto tiene que avanzar todavía para ofrecer iguales oportunidades a cada persona para que pueda desarrollar sus capacidades y decidir autónomamente, independientemente de su sexo, su raza o de otras condiciones sociales o económicas.

La globalización de la información a la que nos tiene acostumbrados internet nos permite conocer que en nuestros días las mujeres tienen prohibido conducir un vehículo en algunos países y que en otros tienen vetado el acceso a la cultura e incluso que no pueden salir a la calle sin la compañía de un varón. Hay imágenes que nos hieren, porque nos hacen tomar conciencia de que ser mujer significa una condena en algunas regiones del planeta: por ejemplo, las mujeres afganas obligadas a cubrirse totalmente con los burkas, pero aún más las niñas sometidas a mutilación genital en el norte de África, las mujeres lapidadas por adúlteras en diversos países de Oriente Medio y los feminicidios extendidos en muchas las regiones del planeta.

Pero no todos tienen la sensibilidad necesaria para darse cuenta de la gravedad de estos comportamientos. Hay quienes los ven normales e incluso quienes los justifican como manifestaciones de una cultura determinada. Y no debemos olvidar que la situación del sexo femenino no ha sido muy distinta entre nosotros en otros tiempos y que todavía falta mucho para que se dé una igualdad real de derechos en la sociedad y en la Iglesia.

Si nosotros hemos llegado a comprender que estas cosas no son normales, a pesar de que sean habituales en algunos sitios, es gracias a la reflexión que muchas mujeres han realizado y a su lucha para conseguir una igualdad de oportunidades con los varones, que la sociedad les negaba. Entre ellas, Teresa de Jesús ocupa un lugar especial, sea por la profundidad de su mensaje, sea por lo temprano del mismo.

En un mundo dominado por hombres, Teresa defendió el derecho de las mujeres a estudiar y a decidir por sí mismas, creando espacios en los que podían ser autónomas y autogestionarse. Ella estaba convencida de que una mujer tiene las mismas capacidades que un hombre y sabía que solo las pueden desarrollar si le permiten formarse. Por medio de su palabra y de sus escritos, influyó notablemente en muchos contemporáneos suyos, que quedaron convencidos de sus razones: el teólogo Domingo Báñez, el inquisidor Francisco de Soto, su compañero de aventuras carmelitanas san Juan de la Cruz o incluso el gran humanista fray Luis de León, que fue el primer editor de sus obras.

 

AUTOR: P. Eduardo Sanz de Miguel, OCD

TOMADO DEL LIBRO: Inquieta y andariega. Enseñanzas de santa Teresa de Jesús para nuestros días

 

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