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santa-teresa-inquieta-andariega-1Santa Teresa falleció en 1582 en Alba de Tormes. Tenía 67 años y durante los últimos 15 fundó 17 monasterios de monjas y 15 de frailes. Después de su muerte, nuevos conventos carmelitanos se multiplicaron rápidamente en los territorios de España, Italia, Portugal...

 



Inquieta y andariega. Enseñanzas de santa Teresa de Jesús para nuestros días

Estamos celebrando el quinto centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús (1515-1582), madre espiritual del Carmelo Descalzo. Hoy su familia está extendida por todo el mundo y consta de unas 13000 monjas carmelitas descalzas contemplativas, unos 4000 frailes carmelitas descalzos, unas 60 congregaciones religiosas de vida activa e institutos seculares afiliados a la Orden, algo más de 40000 miembros de la Orden seglar del Carmelo Descalzo y varias asociaciones laicales más.

En nuestros días, ¿quién lee los escritos de los grandes teólogos contemporáneos, como Domingo de Soto, Alfonso Salmerón, Juan Arza, Francisco de Vitoria, Alfonso de Castro, Diego de Covarrubias o Melchor Cano, que tanta importancia tuvieron en el concilio de Trento? Sin embargo, las obras de santa Teresa siguen traduciéndose y editándose en numerosos idiomas. En 2008 se publicó un volumen de bibliografía teresiana que recoge 12647 títulos de biografías, estudios históricos, literarios y teológicos, material audiovisual, etc. sobre santa Teresa. Esas numerosas publicaciones nos dan una idea del gran interés que esta mujer sigue despertando en el mundo entero.

Pero, ¿qué es lo que la hace actual para que sigamos interesándonos por ella después de tanto tiempo? La respuesta es sencilla: su experiencia. Ella no teoriza sobre cuestiones más o menos interesantes, pero alejadas de la vida concreta, sino que se centra en lo esencial: comparte la manifestación de Dios en su historia personal y nos enseña a encontrar a Dios en nuestras vidas y a relacionarnos con Él.

Santa Teresa falleció en 1582 en Alba de Tormes. Tenía 67 años y durante los últimos 15 fundó 17 monasterios de monjas y 15 de frailes. Después de su muerte, nuevos conventos carmelitanos se multiplicaron rápidamente en los territorios de España, Italia, Portugal, Francia, Países Bajos, Inglaterra, así como fuera de Europa. En 1590 se publicó la primera biografía de la Santa, escrita por Francisco de Ribera. Ese mismo año se inició el proceso de canonización en Salamanca, en el que comparecieron más de 300 testigos. En 1606 Diego de Yepes publicó una nueva biografía.

Teresa escribió varios libros que hoy son clásicos de la lengua española y de la espiritualidad cristiana, especialmente el Libro de la Vida, el Camino de Perfección y el Castillo Interior (conocido también como las Moradas), además de numerosas poesías, cartas y otros escritos menores. Sus escritos se editaron rápidamente. El Camino de Perfección en 1583 en Évora, en 1585 en Salamanca y en 1587 en Valencia y la edición príncipe de sus obras en 1588, acompañada de una larga carta de presentación de fray Luis de León. Sus Obras se tradujeron rápidamente al latín y a los otros idiomas europeos, por lo que su influencia se extendió fuera de las fronteras españolas.

Desde muy pronto, reyes, obispos e instituciones de España, Austria, Francia, Bélgica, Polonia… se dirigieron a Roma pidiendo su canonización; aunque también llegaron acusaciones contra sus escritos, que fueron rebatidas por autores importantes. En 1614, el papa afirma en el decreto de beatificación: «Su memoria florece en todo el pueblo cristiano; razón por la cual no solo la dicha Orden [de carmelitas descalzos], sino también nuestro querido hijo Felipe, rey católico de las Españas, y casi todos los arzobispos, obispos, príncipes, corporaciones, universidades y súbditos de los reinos españoles han elevado a Nos repetidas veces humildes súplicas…» Para las celebraciones de la beatificación se publicaron grabados, libros y poesías, destacando las de Lope de Vega y Miguel de Cervantes. La canonización tuvo lugar en 1622 en una ceremonia conjunta con san Isidro labrador, san Ignacio de Loyola, san Francisco Javier y san Felipe Neri.

Antes de su beatificación ya se hablaba de su «doctrina eminente», por lo que se la empezó a representar en pinturas y esculturas en el acto de escribir, a veces iluminada por rayos divinos, otras por el Espíritu Santo, otras con el birrete y otros atributos de los doctores. También las oraciones litúrgicas recogieron expresiones que estaban reservadas solo a los doctores, como: «concédenos imitar lo que hizo y realizar lo que enseñó… así nos alimentemos con su doctrina celestial… fue dotada de admirable gracia de erudición…»

A las numerosas peticiones para que se le diera el reconocimiento oficial de doctora de la Iglesia, desde Roma se respondía siempre con el tradicional «obstat sexus» (es decir: «lo impide el sexo»). Sin embargo, el año 1622, en una ceremonia pública, los catedráticos de la universidad de Salamanca revistieron una escultura suya con el birrete y demás insignias correspondientes a los doctores, y el claustro de la misma universidad la nombró formalmente doctora «honoris causa» en presencia de los reyes de España en 1922. Posteriormente Pablo VI la distinguió con el título de doctora de la Iglesia en 1970, siendo la primera mujer reconocida con ese título «en atención a su sabiduría de las cosas divinas y al magisterio que ejerce con sus escritos». Tras su declaración, solo tres mujeres más han recibido la misma distinción (santa Catalina de Siena, santa Teresa de Lisieux y santa Hildegarda de Bingen), lo que subraya aún más su originalidad.

Teresa de Jesús reúne en sí una actividad incansable de viajes, compras de casas, negociaciones para conseguir permisos… (que se recoge en el libro de las Fundaciones y en sus innumerables cartas) y una profunda vida interior que se desboca en un misticismo ardiente (que queda reflejado en el Castillo Interior). En ella se unen la introspección y el deseo de comunicación, la firme voluntad de realizar grandes empresas y la llaneza en el trato, la defensa decidida de algunos valores esenciales y la capacidad de repensar otros y de adaptarse con facilidad a las circunstancias cambiantes. Esa unión armónica de realidades tan distintas la hace especialmente atrayente. Además, fue una mujer muy simpática. Las enfermedades, los trabajos, las humillaciones y los desprecios nunca consiguieron apagar su optimismo.

 

AUTOR: P. Eduardo Sanz de Miguel, OCD

TOMADO DEL LIBRO: Inquieta y andariega. Enseñanzas de santa Teresa de Jesús para nuestros días

 

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