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Santa Teresa de Jesus y San JoseEl entusiasmo de santa Teresa por san José se explica sobre todo por su genialidad, por su inteligencia del evangelio, por su cristocentrismo, por el calor de su oración. Es ella quien nos revela el proceso y los motivos de este fervor...

 


 

En la historia de san José en la vida de la Iglesia hay que registrar dos tiempos claramente definidos: el de los dieciséis primeros siglos, que puede mirarse como el de la ausencia o desfiguración de José y de su misión; y el segundo, de presencia creciente del esposo de María y padre de Jesús en la Iglesia, desde santa Teresa de Jesús hasta casi nuestros días.

Es sobradamente conocido el proceso desfigurador de José en unos tiempos en los que, para salvaguardar la virginidad de María, se fue fijando la imagen apócrifa, grotesca, de un esposo viejo, ajeno al misterio de la salvación, en actitudes y quehaceres ridículos a veces. El retorno al evangelio exigido por los humanistas llevaría consigo el descubrimiento de la misión de san José. Hay que decir que la orden de los carmelitas le veneraba ya de forma especial en sus leyendas cordiales, con un oficio hermoso para la fiesta que celebraba antes de que lo hiciese la Iglesia. Doña Teresa de Ahumada la solemnizaba en la Encarnación, como ella misma testifica.

Ahora bien, el entusiasmo de santa Teresa por san José se explica sobre todo por su genialidad, por su inteligencia del evangelio, por su cristocentrismo, por el calor de su oración. Es ella quien nos revela el proceso y los motivos de este fervor. Lo hace en el conocido capítulo sexto de su "Vida", cuando narra el curso de su enfermedad dolorosa. La originalidad de doña Teresa consistió en acudir al médico (y no sólo médico) más cualificado, no muy invocado y casi desconocido: san José.

La Madre Teresa aprovecha el relato de su curación milagrosa para entonar el panegírico más ardiente de san José, un auténtico manifiesto de la necesidad de serle devotos puesto que su protección no tiene límites en el socorro de las necesidades. No solamente de las corporales, sino también, y más todavía, en las espirituales con su propuesta de san José como maestro de oración, de contemplación atónita de Jesús y de María: "En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas…Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará en el camino". "Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere; y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción".

La Madre Teresa no se redujo a escribir cosas tan hermosas e inauditas de su Santo. Publicaba con gestos elocuentes las excelencias de esta devoción a san José, tan presente en su experiencia mística y en su aventura fundacional. Su convento de San José en Ávila fue el primer monasterio que se erigía en la cristiandad con el Santo por titular. Con la expansión de su reforma, se multiplicaron los conventos e iglesias dedicados a san José, al que tenía por fundador de su orden.

Los conventos teresianos salieron a Europa, saltaron a misiones, y con ellos iba la devoción a San José. Sus frailes, además, lo predicaban, y escribían libros hermosos como hizo el discípulo de san Teresa, el padre Jerónimo Gracián (por citar al más egregio de los autores) con su "Josefina" (Roma, 1597). Ninguna propaganda sería tan eficiente, hay que acentuarlo, como la del testimonio de la Madre Teresa, leída y releída sin cesar.

 

AUTOR: P. Teófanes Egidio, OCD | Centro Josefino - Valladolid

TOMADO DE:  http://www.carmelitasdescalzos.com


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