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santa Teresa AjedrezEn la obra teresiana, se atisba la importancia de este juego para la autora. Así, en una carta a Jerónimo Gracián de fines noviembre 1575, le dice: «querría que no pareciese les dan mate ahogado». El diccionario de la R.A.E. lo define así: «En el juego de ajedrez...

 


 

La reina o la dama no es una pieza que haya existido desde el principio en este antiquísimo juego que es el ajedrez. En lugar de ella, existía una figura muy débil, masculina, que se llamaba el “alferza“, pesado guerrero que se movía dando un paso en diagonal. Hay estudiosos que vinculan la pieza de la reina, introducida a finales del siglo XV, al prestigio de la reina Isabel la Católica. En cualquier caso, sea esto cierto o no, estamos ante la pieza más poderosa del tablero en el ajedrez moderno. Así lo afirma también Teresa de Jesús, patrona de los ajedrecistas españoles.

En la obra teresiana, se atisba la importancia de este juego para la autora. Así, en una carta a Jerónimo Gracián de fines noviembre 1575, le dice: «querría que no pareciese les dan mate ahogado». El diccionario de la R.A.E. lo define así: «En el juego de ajedrez, estrechar al rey sin darle jaque, de manera que no tenga donde moverse», Pero es en Camino de Perfección donde nos sorprende, en el capítulo 16, con toda una serie de expresiones que hacen referencia al ajedrez: “Voy entablando el juego”, “mover las piezas”, “quien no sabe dar jaque, no sabrá dar mate”, “dar mate a este Rey divino”.

El símil del ajedrez con la vida espiritual ya lo había usado Teresa en la primera versión de la obra (CE 24). Ella sabe bien que muchos no verán con buenos ojos tal comparación en labios de una monja, por eso se apresura a excusarse, aunque puede apreciarse un dejo de ironía en sus palabras:

«Así me habéis de reprender, porque hablo en cosa de juego, no le habiendo en esta casa ni habiéndole de haber. Aquí veréis la madre que os dio Dios, que hasta esta vanidad sabía. Mas dicen que es lícito algunas veces» (CE 24,1).

Tomás Álvarez comenta este hecho afirmando:

«Es inútil que la autora entrevere una petición de excusa, entre sonrisas y sonrojo. En la casa de don Alonso, Teresa había jugado al ajedrez, quizás apasionadamente. Rabiosamente gozosa de doblegar la cerviz y los humos de sus hermanos, “hidalguetes” con vocación de conquistadores»¹.

A Teresa le gustó el paralelismo que había establecido entre la dama o reina del ajedrez y la virtud de la humildad como única posible contrincante y vencedora del Rey divino. Tanto es así que, en la segunda redacción de Camino, dedicó cinco folios (todo un capítulo) a desarrollar tal idea. Más tarde, todo ese capítulo será arrancado por ella misma, quizá para no dar impresión de ligereza al mencionar tan por extenso un juego que moralistas como Fr. Domingo de Valtanás, habían calificado de grave inmoralidad.

Sin embargo, es más probable que en esa decisión, la razón de más peso fuese no tanto esa como una evolución doctrinal de Teresa. Al extenderse en esas páginas en clave ascética –según el P. Tomás Álvarez– habría cargado las tintas en el hecho de que Dios «no se entrega, ni da la contemplación perfecta, ni la experiencia de su amor, a quien vive “en mal estado”, a quien anda sumergido (“perdido”) en cosas de la tierra, etc.: no va a mancharse Él dándose a quien está en la charca de los vicios. Ya en otra ocasión había escrito Teresa que Él “quiere a quien le quiere” (Vida 22, 17)»².

teresa ajedrez 2Como fruto de una experiencia posterior, influida en buena medida por la carta-respuesta del Maestro Ávila a su Libro de la Vida, Teresa descubrió que podía estar poniendo barreras a la misericordia y gratuidad de Dios. El apóstol de Andalucía le había escrito en estos términos:

«Y no se debe nadie atemorizar para condenar de presto estas cosas, por ver que la persona a quien se dan no es perfecta; porque no es nuevo a la bondad del Señor sacar de malos justos, y aun de pecados, y graves, con darles muy grandes gustos suyos, según lo he yo visto. ¿Quién pondrá tasa a la bondad del Señor? Mayormente que estas cosas no se dan por merecimiento, ni por ser uno más fuerte; antes algunas por ser más flaco, y como no hacen a uno más santo, no se dan siempre a los más santos»³.

Por eso, finalmente, eliminó todo lo referente al ajedrez, al comprender que «cuando este misterioso ajedrez de la vida lo juegas con Dios, (…) a Él no le das jaque mate aunque hayas concertado todas las piezas. Es Él quien se entrega por amor».

1 ÁLVAREZ, Tomás, Comentarios a “Vida”, “Camino” y “Moradas” de santa Teresa, Monte Carmelo 2005, p. 355

2 Ibid. p. 357.

3 Se puede leer la carta completa en este enlace

4 Ibid.p. 360.

TOMADO DE: https://delaruecaalapluma.wordpress.com

 

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