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depresion La melancolía “es una experiencia que acompaña a los seres humanos desde el origen de su historia: la depresión tiene la misma edad que la humanidad, en cuanto está ligada al sufrimiento humano. Y desde siempre el hombre se ha enfrentado al ánimo abatido...

 


 

A la depresión le han llamado la enfermedad del siglo, su padecimiento está en todos los sectores de nuestra sociedad: políticos, economistas, campesinos, empresarios, maestros,   militares, psicólogos, psiquiatras e incluso religiosos son prisioneros de este mal. Y, con la misma intensidad que la encontramos en los sectores opulentos de nuestro mundo,  también se halla en los  grandes cinturones de miseria de nuestras sociedades modernas.

La finalidad de este pequeño estudio será un enfoque de la depresión, pero no desde la psicología, sino desde las orientaciones que Teresa de Jesús como madre de espirituales nos ofrece. Haremos un recorrido por sus obras  y nos detendremos  en los consejos que ella proporciona tanto a sus monjas, como a sacerdotes, obispos y laicos que adolecían de esta enfermedad en su tiempo.

Utilizaremos el término técnico de “dirección espiritual”, sabiendo de antemano que en la actualidad existen otras sensibilidades en cuanto al cómo denominarla y sin querer entrar en una polémica innecesaria, me parece muy oportuno el enfoque que el desaparecido maestro Benito Goya (+2008), ofrecía:

“A través de los siglos han sido empleados para designar este ministerio pastoral, diversas expresiones más adaptables a las mentalidades y a los ambientes culturales en las cuales se ejercitaba, y tal vez ninguna de ellas  deja satisfecho plenamente…Los más sensibles y abiertos a la antropología, han intentado sustituir la expresión “dirección espiritual”, con locución como “encuentro de ayuda”, “asesoramiento espiritual, “diálogo espiritual”, “coloquio espiritual”, “acompañamiento espiritual”, “guía de las almas”. Ninguna de estas expresiones está exenta de ambigüedad por la provisoriedad o por el peligro real de reducirla a un cambio de ideas de tipo puramente psicológico. Ello evidencia bien el nivel humano del encuentro pero no explica adecuadamente la dimensión teológica, porque no siempre se tienen en cuenta la realidad de la acción divina trascendente y la guía del Espíritu Santo.”  

 Adopto, por tanto, el término “dirección espiritual” para este trabajo, pero sin cerrarnos a nuevas corrientes que pretenden evitar el método directivo, en el sentido que cada uno debe ser el artífice de su propio crecimiento humano espiritual, evitando con ello especialmente el abusivo autoritarismo de un padre espiritual y el consiguiente infantilismo de sus “dirigidos”. Aunque somos conscientes de este peligro, es bueno también recordar que a partir de la nueva antropología emanada del Concilio Vaticano II, la dirección espiritual (en su denominación clásica) ha tomado un nuevo giro, superándose, al menos en teoría, las viejas y autoritarias  estructuras  que empobrecían  la madurez humana y espiritual de quien la solicitaba.
Finalmente a este respecto, baste señalar, que existe también una asociación internacional de “directores  espirituales”  y que está muy activa en varios países del mundo, sobre todo en los de lengua inglesa. Son especialmente,  los de cultura anglosajona,  los más afincados en el término “dirección espiritual”, en cambio en los de cultura española predomina más bien un abundante abanico de títulos.

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La melancolía “es una experiencia que acompaña a los seres humanos desde el origen de su historia: la depresión tiene la misma edad que la humanidad, en cuanto está ligada al sufrimiento humano. Y desde siempre el hombre se ha enfrentado al ánimo abatido, a la falta de ganas de hacer algo, la pérdida de interés, la incapacidad a ser lo que se había sido”

En nuestra tradición revelada son abundantes pasajes, Salmos, Lamentaciones, etc.,  los que nos hablan de este fenómeno melancólico, no se nos calla que el primer rey de Israel Saúl padeciese este mal (1Sam 16,14ss), como tampoco se nos niega como esta enfermedad se encuentra presente en los Salmos (50, 69, 86,…). En la actualidad hay muchos estudios que dejan entrever cómo muchos santos, místicos o personajes relevantes en el ámbito religioso han adolecido de esta patología: Casiano, san Gregorio Magno, san Juan Clímaco, santa Gertrudis, la beata Ángela de Foligno, Jean Leeuwen, Juan Tablero, el beato Suso, santa Catalina de Génova, san Ignacio de Loyola, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, María de la Encarnación, Juan José Surin, Madame Guyon…  También hay muchos personajes famosos que han sido depresivos: “Beethoven, Schumann, William Cooper, Isaac Newton, Franz Kafka, Darwin, Tolstoi, Winston Churcill (que llamaba a la depresión el “perro negro”) y los humoritas Tony Hancock y Spike Milligan”.

El tiempo en que Teresa vivió no era la excepción, bajo el título de melancolía se entendían varios fenómenos de carácter psicológico, de hecho su contemporáneo Cobarruvias definía así la melancolía:

“enfermedad conocida y passión mui ordinaria, donde ay poco contento y gusto; es nombre griego melancolía, atrabilis. Suélenla definir en esta forma: Melancolía est mentis alienatio ex atraíble nata cum moestitia metuque coniuncta .  Pero no cualquiera tristeza se puede llamar melancolía en este rigor; aunque dezimos estar uno melancólico quando está triste y pensativo de alguna cosa que le da pesadumbre. Melancolizarse, entristecerse. Melancólico, triste y pensativo en común accepción. Algunos dicen melachía y melárchico”.  

 A su vez, el Diccionario de Autoridades, define así la melancolía:

“Tristeza grande y permanente, procedida del humor melanchólico que domina, y hace que el que la padece no halle gusto ni diversión en cosa alguna.”

 Teresa se refiere frecuentemente en sus escritos al humor de melancolía. Refleja así la creencia contemporánea que admitía la existencia biológica en el organismo de  unos líquidos, la sangre, la linfa, la bilis y la pituita, denominados humores, que dirigían la dinámica biológica y, consecuentemente, repercutían en la salud psíquica de la persona. En su tiempo estaba aceptada la idea de que el carácter dependía, en parte, de la proporción con la que los humores circulaban por el organismo. Actualmente, toda esa serie de estados y procesos se engloban bajo la rúbrica común de afectividad
    
 ¿Qué enfermedades psicológicas podríamos incluir bajo el título “melancolía”?

Podemos incluir un abanico de dolencias psíquicas: “depresión de ánimo, otros trastornos. En primer lugar, las especies neuróticas que actualmente sabemos emergen de alteraciones de humor básico. También, ciertas personalidades psicóticas (disarmónicas), en particular las que propenden a elaborar de manera sensitiva, obsesiva e hiponcondríaca su malestar. Incluso algunos caso que hoy diagnosticaríamos de esquizofrenia”

La melancolía, que era la palabra con la que se identificaba este mal desde la época de Hipócrates,  es sustituida por la palabra depresión , ésta aparece por primera vez en la literatura médica a finales del siglo XVIII.
Teresa tratará los problemas de melancolía en relación a la vivencia espiritual; como fundadora se ha dado cuenta del peligro que este tipo de enfermedad del ánimo puede traer a la vida comunitaria de sus monasterios, pero sus enseñanzas rebasan los muros conventuales y  se vuelven muy alentadoras y  pedagógicas para cualquier estado de vida.

Melancolía aparece 34 veces en sus escritos, en otras ocasiones utiliza la palabra melancólico y éste con una frecuencia de 11 veces, también en relación a lo mismo utiliza la palabra humor con 34 alusiones. Toda  esta cantidad de citas nos hacen comprender la atención que Teresa otorgo a las condiciones mentales o psicológicas de las personas que le rodeaban. Pero también hay que recalcar que no solo observa, sino que  también sabe dar el consejo oportuno o anhelado.

1.    La melancolía en los escritos teresianos

Teresa ha encontrado el mal de la melancolía en muchas personas. Una cita que bien puede ser el pórtico de nuestro estudio dice:
“Y de ésta está el mundo tan lleno que no me espanto; que hay tanta ahora en el mundo y hace el demonio tantos males por este camino, que tienen muy mucha razón de temerlo y mirarlo muy bien los confesores” (6M 1,8).

Dice espantarse, pues le parece que el mundo está lleno de ella, con mayor sorpresa contemplaría nuestro mundo moderno, pues ésta se ha convertido en un verdadero mal,  se le suele denominar “la enfermedad” o “el mal del siglo”. 

Haremos un estudio por las principales obras teresianas con el fin de hacernos una idea global de cómo comprende y a la vez qué consejos da para este mal:

1.1. La melancolía en el libro de Vida

Desde el libro de la Vida encontraremos referencias constantes a este mal. Ha observado como algunas personas sufren innecesariamente en la oración cuando están en esas fases agudas de melancolía. La oración que está llamada a ser un diálogo amoroso, se puede convertir en esos períodos en un “martirio psicológico”  y su consejo va en la línea que no hay que oprimir a la pobre alma. En consecuencia, cuando se está en una fase aguda de este mal, se hace necesario saber comprender lo que sucede y tomar resoluciones que beneficien la serenidad interior. Queriendo desdramatizar tal situación enseña lo siguiente:

“Muy muchas veces (yo tengo grandísima experiencia de ello, y sé que es verdad, porque lo he mirado con cuidado y tratado después a personas espirituales) que viene de indisposición corporal, que somos tan miserables que participa esta encarceladita de esta pobre alma de las miserias del cuerpo;  y las mudanzas de los tiempos y las vueltas de los humores muchas veces hacen que sin culpa suya no pueda hacer lo que quiere sino que padezca de todas maneras; y mientras más la quieran forzar en estos tiempos, es peor y dura más el mal; sino que haya discreción para ver cuando es de esto y no la ahoguen a la pobre. Entiendan son enfermos; múdese la hora de oración y hartas veces será algunos días…”  (V 11,15).

Analizando detalladamente esta situación vemos que “la pedagogía teresiana se completa en este caso con una serie de orientaciones positivas que ayudan al aprovechamiento espiritual, a la distensión, en un claro equilibrio cristiano acerca de la ayuda mutua entre el cuerpo y el alma.”
“Otras cosas hay exteriores de obras de caridad y de lección, aunque a veces aun no estará para esto. Sirva entonces al cuerpo por amor de Dios, porque otras veces muchas sirva él al alma, y tome algunos pasatiempos santos de conversaciones que lo sean, o irse al campo, como aconsejare el confesor. Y en todo es gran cosa la experiencia que da a entender lo que nos conviene y en todo se sirve a Dios. Suave es su yugo y es gran negocio no traer el alma arrastrada, como dicen, sino llevarla  con suavidad para su mayor aprovechamiento” (V 11,16).

Por lo tanto, hay ocasiones en que el interior de la persona no está para la oración (sea en tiempos cortos o tiempos largos) y suspenderla será un descanso para el alma que agoniza en sus estados de ánimo. Así que aunque suene escandaloso, la maestra de espirituales, la primera doctora de la iglesia, es decir nuestra Santa Madre, aconseja desde su primer gran escrito (Vida) suspender la oración en estos períodos.  Sin embargo, eso no debe servir para fundamentar cualquier actitud de pereza interior, pues Teresa invita a que el tiempo que se utilizaría para orar se ocupe en hacer otros oficios de caridad o de lectura (lección). Exhorta, por tanto, a mantenerse firmes en el servicio de Dios en todo momento (pues no solo la oración es servicio a Dios y al prójimo) y a hacerle frente a esta enfermedad desde lo que hoy llamaríamos terapia ocupacional.
Existen más alusiones a este mal en el libro de la Vida, dejamos constancia tan solo de estas dos citas anteriores pues son significativas y sumamente prácticas.

1.2. La melancolía en el libro de Fundaciones

Es el escrito más específico, además de varias alusiones dispersas a lo largo de todo el libro, dedica un capítulo entero a este problema  y ofrece orientaciones praxiológicas en el estilo de cómo se debe llevar adecuadamente a estas personas; es el capítulo sétimo, haremos un análisis de él.
Describe así la sintomatología de esta enfermedad:

“Con otras enfermedades o sanan o se mueren; de ésta, por maravilla sanan ni de ella se mueren, sino vienen a perder del todo el juicio, que es morir para matar a todas. Ellas pasan harta muerte consigo mismas de aflicciones e imaginaciones y escrúpulos, y así tendrán harto gran mérito, aunque ellas siempre las llaman tentaciones: que, si se acabasen de entender es el mismo mal, tendrían gran alivio, si no hiciesen caso de ello” (F 7,10).

El objetivo de este capítulo es para dar respuesta a una petición hecha por sus monjas (Cfr. F 7,1), pues en sus monasterios se están experimentando ciertas dificultades con las hermanas que adolecen de melancolía; estragan la serena vivencia de la vida comunitaria. En sentido amplio, para los que no viven en comunidad,  podemos agregar que también alteran la vivencia familiar , sobre todo si son poco humildes.  Teresa, sumergiéndose en la sintomatología de tal enfermedad,  sale al paso y proporciona los criterios adecuados  para hacerle frente

¿Qué criterios ofrece en este capítulo sétimo de Fundaciones?
-     Lo primero es no tomar candidatas a monjas que adolezcan de este mal, pues de ingresar se complicarían la vida a sí mismas y en consecuencia a la comunidad a la que pertenecen. Sin embargo,  reconoce que esta enfermedad no se reconoce instantáneamente; su proceso es gradual, pues es un mal “mortecino”,  “y así no lo entendemos hasta que no se puede remediar” (F 7,1) .
-     Invita a estar alerta, pues se convierte en fuente de mil invenciones: “Son tantas las invenciones que busca este humor para hacer su voluntad, que es menester buscarlas para cómo lo sufrir y gobernar sin que haga daño a las otras”  (Ib.).
-    Cree muy conveniente que los melancólicos deben someterse a obediencia sea a su superior o a un director espiritual, pues será la salvaguarda entre tantos peligros: “Gran misericordia es de Dios a los que da este mal sujetarse a quien los gobierne, porque aquí está todo su bien.” (F 7,4).
-    El problema real estriba, cuando  lo padece una persona que no es de condición humilde, ahora bien,  existiendo esta virtud y “buen entendimiento”, no causan tanto problema, claro que ello dependerá de la calidad del humor “también hay más y menos de este humor” (F 7, 2.5).

-    Cree la Santa que el demonio se aprovecha más fácilmente de estas personas (Ib. 3), “Yo he miedo que el demonio, debajo del color de este humor, como he dicho, quiere ganar muchas almas” (7,7).
-    El mayor mal que hace la melancolía según  la Santa, y lo reitera en varias ocasiones, es que afecta la capacidad racional “por lo que más este humor hace es sujetar la razón, que está oscura…, más haber de tenerse por persona de razón, y tratarla como tal no la teniendo, es trabajo intolerable” (Ib., 3.4).
•    Es consciente que hay tiempos en  que los enfermos de ese mal parecen que están sanos.
•    A su vez, es bueno que en los tiempos malos no comiencen a tomar   libertad, para que  cuando estén buenos, no sean señores de sí.
•    Cuando están malos siempre se quieren salir con la suya y decir todo lo que les viene a la boca.
•    Miran más las faltas en los otros y encubren las suyas.
•    Llegan a desesperar en muchas ocasiones: “no tiene en sí quien le resista.” (F 7,3).
•    Son en algunos casos complicados en exceso, pues quieren vivir a su voluntad: “las pasiones no mortificadas, y que cada una de ellas querría salir con lo que quiere, ¿qué será, si no hay quien las resista?” (Ib.).

-     Por eso es necesario en la priora o en quien le acompaña lo siguiente: “que la razón que en la enferma está oscurecida es menester esté más clara en la prelada” (Ib.)
-    Teresa tiene conocimiento de muchas personas que padecen este mal, de hecho a pesar de todos los discernimientos siempre habían algunas melancólicas dentro de sus conventos, razón por la que escribe este capítulo como ya hemos visto.
-    Apela a la firmeza en la forma de conducir a estas personas con este mal: “que no hay otro remedio para él si no es sujetarlas por todas las vías y maneras que pudieran. Si no bastaran palabras, sean castigos; sino bastaran pequeños, sean grandes” (F 7,4).
•     Al no tener una locura declarada, lo más beneficioso es esta firmeza: “Gran misericordia es de Dios a los que da este mal sujetarse a quien lo gobierne, porque aquí está todo su bien” (F 7,4).
•     Invita a evitar las lástimas en estos casos “y no se engañen con piedades indiscretas” (F 7,5).
•    Esa suavidad puede hacer mucho daño, sobre todo en asuntos de obediencia, “si la que es melancólica resistiere al prelado, que lo pague como la sana, y ninguna cosa se le perdone. Si dijere mala palabra a su hermana, lo mismo. Así en todas las cosas semejantes que éstas”  (F 7,6).
•    Ampliando su postura, que puede parecer muy dura, aduce que después de muchos intentos y buscando soluciones ha llegado a esta conclusión: “parece sin justicia que, si no puede más, castiguen a la enferma como a la sana. Luego también lo sería atar a los locos y azotarlos, sino dejarlos matar a todos”  (7,7).
•     Enfatiza que darles voluntad para hacer lo que desean “no se podrá sufrir” y se querrá arreglar cuando hayan ya hecho mucho daño a las otras (Ib.).
•    Recalca: “y verdaderamente creo que muchas veces es, como he dicho, de condiciones libres y poco humildes y mal domadas, y que no les hace tanta fuerza el humor como esto” (Ib.).
•    Pone en guardia, piensa que generalmente estas personas tienden a ser un tanto manipuladoras: “y es que toda la propia voluntad y libertad llaman ya melancolía” (Ib.), es adversa que se use el nombre de melancolía “porque parece que trae consigo libertad, sino que se llame enfermedad grave, ¡y cuánto lo es!”  (F 7,8).
-    Avala también el uso de fármacos  para quienes sufren este estado  “es muy     necesario adelgazar el humor con alguna cosa de medicina para poderse sufrir”     (Ib.).
•    Que estén en la enfermería y cuando quieran salir a la comunidad que sean humildes, pues si no lo hacen “no le valdrá el humor” (Ib.).

Sin embargo, el talante humanista y materno también emerge en el mismo capítulo:
-    Aconseja a las prioras “sin que las mismas lo entiendan (las melancólicas), llevarlas     con mucha piedad, así como verdadera madre y buscar los remedios que pudiere para su remedio” (Ib.).
•    Trabajar con estas almas será todo un arte amoroso y paciente “Llevarlas por maña y amor todo lo que fuere menester, para que, si fuere posible, por amor se     sujetasen, que sería muy mejor y suele acaecer, mostrando que las ama mucho y dárselo a entender por obras y palabras” (7,9).
•    Aconseja también la terapia ocupacional: “Y han de advertir que el mayor remedio que tienen es ocuparlas mucho en oficios, para que no tengan lugar de estar imaginando, que aquí está todo su mal; y aunque no los hagan tan bien, súfranlas algunas faltas, por no las sufrir otras mayores”  (Ib.).
•     “De estar imaginando viene todo su mal”, Santa Teresa ha experimentado en su     propia vida como la imaginación le ha llevado la contraria en su recogimiento, llega a expresar “que parece que yo misma me quería vengar de mí” (4M 1,13) hasta que un glorioso día hizo un gran descubrimiento, se cree que asesorada por San Juan de la Cruz, hablando pues de la tortuosa imaginación dice:
“Yo he andado en esto de esta barahúnda del pensamiento bien apretada algunas veces, y habrá poco más de cuatro años que viene a entender por experiencia que el pensamiento –o imaginativa, porque mejor se entienda- no es el entendimiento y preguntélo a un letrado y me díjome que era así; que no fue para mí poco contento”  (4M 1,8).
    
•     Otro aspecto a tomar en cuenta en estos casos será la supresión o la disminución del tiempo de oración: “y procurar que no tengan muchos ratos de oración, aun de lo ordinario, que por la mayor parte tienen la imaginación flaca y haráles mucho     daño, y sin eso se le antojarán cosas que ellas ni quien las oyere no lo acaben de entender” (F 7,9).
•     Una alimentación nutritiva es también necesaria: “Téngase en cuenta con que  no coman pescado, sino pocas veces; y también en los ayunos es menester no ser tan continuos como lo demás” (Ib.). La dieta habitual de religiosos y religiosas era el pescado y fuertes tiempos de ayuno, está queriendo decir con ello  que coman carne y que no se den a los ayunos de la Regla.

-    Teresa, tenía entrañas de madre, es por eso que les ha pedido a las prioras que también actúen con mucha dulzura. Ante las melancólicas Teresa se comportaba así: “por cierto,  yo las tengo gran piedad, y así es razón todas se la tengan las que están con ellas, mirando que se le podrá dar el Señor, y sobrellevándolas sin que ellas lo entiendan, como tengo dicho” (7,10).

1.3. La melancolía en Camino de Perfección

¿Cómo debe ser la oración en las etapas agudas de los embates melancólicos? Nos da variados consejos:
“permite Dios días de grandes tempestades en sus siervos para más bien suyo: y aunque se afligen y procuran quietarse, no pueden ni están en lo que dicen, aunque más hagan, ni asienta en nada el entendimiento, sino que parece tiene frenesí según anda desbaratado. Y en la pena que da a quien lo tiene, verá que no es a culpa suya, y no se fatigue, que es peor, ni se canse en poner seso a quien por entonces no le tiene, que es su entendimiento, sino rece como pudiere; y aun no rece, sino, como enferma, procure alivio de su alma; entienda en otra obra de virtud”  (CV 24, 4-5).

También previendo esta situación la Santa pensó un elemento inexistente hasta ese entonces en la vida religiosa; “la recreación”,  es nuestra Santa la fundadora de este espacio de  vital esparcimiento en la vida monacal y religiosa. Ella la dejó estipulada en dos momentos a lo largo del día, después del almuerzo y de la cena, siendo esta la última actividad de la jornada . Teresa  deja fijado para sus monasterios lo siguiente “Salidas de comer, podrá la madre priora dispensar que todas juntas puedan hablar en lo que más gusto les diere, como no sean cosas fuera del trato que ha de tener la buena religiosa y tengan todas allí sus ruecas. Juego en ninguna manera  se permita, que el Señor dará gracia a unas para que den recreación a otras” (Cs 26-27) .

Invita a todas las hermanas a involucrarse en ese ambiente festivo cotidiano: “Procurar también holgaros con las hermanas cuando tienen recreación con necesidad de ella y el rato que es de costumbre, aunque no sea a vuestro gusto; que, yendo con consideración, todo es amor perfecto. Así que es muy bien las unas se apiaden de las necesidades de las otras” (CV 7,7).
-    Volviendo a nuestro tema en mención, Santa Teresa reconoce que “hay unas     almas y entendimientos tan desbaratados como unos caballos desbocados, que no hay quien los haga parar; ya van aquí, ya van allí, siempre con desasosiego; es su     misma naturaleza, o Dios que lo permite” (CV 19, 2).
•    A nuestro entender este tipo de temperamento o de complexión hace a la persona la más propensa para vivir los episodios y  si las fases son muy agudas, es mejor que ese orante se dedique a la oración vocal: “Estando rezando el paternóster os ponga el Señor en contemplación perfecta, o rezando otra oración vocal” (CV 25,1) .
•    Recordemos que la Santa cayó en la cuenta que aunque muchas se sentían contagiadas por su carisma fundacional, y que además,  todas estaban deseosas de entregarse completamente a Dios, no todas esas vocaciones encuadraban para la vida contemplativa, pero también es bueno traer a la memoria que en aquel entonces no existía la vida religiosa activa, tal como florecerá en los siglos subsiguientes, así que ella ideó una especie de vida activa al interior de sus     conventos . Es desde su gran segundo escrito, es decir, Camino de Perfección que está presente esta veta de su carisma: “así que, no porque en esta casa todas traten de oración, han de ser todas contemplativas. Es imposible”  (CV 17,2) y sigue aclarando: “Santa era santa Marta, aunque no dicen era contemplativa…Si se estuviera como la Magdalena , embebidas, no hubiera quien diera de comer a este divino huésped (Jesús). Pues pensad que es esta congregación la casa de santa Marta, y que ha de haber de todo; y las que fueren llevadas por la vida de activa no murmuren a  las que mucho se embebieren en la contemplación…, acuérdense que es menester quien guise la comida y ténganse por dichosas en andar sirviendo con Marta” (CV 17, 5-6). Teresa también conectará este criterio con el libro de las Fundaciones en donde afirma que su carisma  puede también ser vivido en medio de las ocupaciones (Cfr. F 5)  es la teología de la praxis de Teresa, el cual no ahondamos por no salirnos del tema fundamental que estamos tratando, solo sostenemos que en ese capítulo queda evidenciado  cómo el Señor hace crecer la vida espiritual  en medio de las ocupaciones:
“yo estaba con pena grande de verme con poco tiempo, y así las había lástima de verlas siempre ocupadas (algunos frailes y monjas) en negocios y cosas muchas les mandaba la obediencia; y pensaba yo en mí, y aun se lo decía, que no era posible entre tanta barahúnda crecer el espíritu, porque entonces no tenían mucho. ¡Oh Señor, cuán diferentes son vuestros caminos de nuestras torpes imaginaciones..., sin entender cómo, nos hallamos con espíritu y gran aprovechamiento, que nos deja después espantadas”  (F 5,6).

 Además que podríamos agregar toda la praxiología de cada grado de oración aquí, es decir, en cada grado de oración teresiano hay un crecimiento también en la dimensión apostólica  o de servicio.
¿Qué es lo que hemos querido decir con todo lo anterior? Algo muy sencillo, hay personas que por su temperamento, historia, complexión, etc., nos les viene bien la vida contemplativa, es en ese entonces en donde Teresa cae en la cuenta que es mejor que se dediquen a otros menesteres y que recen con las oraciones vocales, que al fin todo es servir al mismo Señor y por ese medio obtendrán las gracias que otros adquieren mediante la vía contemplativa (4M 3,13).
1.4. La melancolía en Moradas del Castillo Interior.
Una de sus grandes observaciones en este libro es que las personas melancólicas tienden a ensimismarse mucho y a confundir sus estados emocionales con gracias sobrenaturales “a una persona le acaecía estar ocho horas, que ni están sin sentido ni sienten cosa de Dios. Con dormir y comer y no hacer tanta penitencia se le quitó a esta persona, porque hubo quien se lo entendiese”  (4M 3, 12).
-     Torna a la misma idea expuesta en Camino de Perfección para quienes no pueden vivir esa quietud contemplativa “con oración vocal ganará, y con obedecer, y merecerá lo que había de merecer por aquí, y por ventura más” (4M 3,13).

•     Por medio de ese punto llega también hasta discernir la vocación concreta de las     personas, aconseja que si el mal es muy grave, no conviene para la vida contemplativa:
“Por eso tengan aviso que, cuando sintieren esto en sí, lo digan a la prelada, y diviértanse lo que pudieren, y hágalas no tener horas tantas de oración sino muy poco, y procure que duerman bien y coman hasta que se les vaya tornando la fuerza natural, si se perdió por aquí. Si es de tan flaco natural que no le baste esto, créanme que no la quiere Dios sino para la vida activa, que de todo ha de haber en los monasterios. Ocúpenla en oficios, y siempre se tenga cuenta que no tenga mucha soledad, porque vendrá a perder del todo la salud. Harta mortificación será para ella; aquí quiere probar el Señor el amor que le tiene en cómo lleva esta ausencia y será servido de tornarle la fuerza después de algún tiempo y si no, con oración vocal ganará, y con obedecer, y merecerá lo que había de merecer por aquí, y por ventura más” (4M 3,13).

Recalca de nuevo el asunto de la soledad, es decir, para personas con imaginación desbaratada más les conviene esa dimensión activa de la religión. De lo contrario pueden caer en muchos yerros, siendo uno de ellos padecer una pseudo santidad melancólica: “¡No sea santidad de melancolía!” (Cta 95,11) .

1.5. La melancolía en el espistolario

Abundantes son las cartas con referencia a este mal, ponemos solamente una muestra de las que creemos son más significativa y de personas que al parecer padecían dicho mal:
-    Pedro de Ahumada, hermano carnal de Teresa, viaja a América teniendo una vida un tanto inestable,  junto a su hermano Lorenzo retorna a España, viene pobre y desconsolado. Su hermano Lorenzo se hará cargo de su manutención con una pensión (Cta 324, 5) , pero Pedro ocasiona a su hermano benefactor muchos problemas; en una ocasión huye de la casa y se presenta donde Teresa en Toledo, medio loco, Teresa intercede por él ante su entrañable hermano Lorenzo:
 “Y suplico a vuestra merced, por amor de nuestro Señor, me la haga a mí de no tornarle más a su casa, por ruego que haya de necesidad en que se vea, para que yo esté con sosiego; porque verdaderamente, cuanto este punto de estar con vuestra merced, él está loco, aunque no lo esté en otras cosas, que yo lo sé de letrados que puede esto muy bien ser” (Cta 324,1) .

•    A los pocos días escribe de nuevo: “Está el pobre aquí gastando y debe estar muy afligido, según está de flaco” (Cta 325,1) .
•    Y agrega sobre la intención que tiene Pedro de entrar en un convento:
 “Lo  que vuestra merced decía de estarse en un monasterio de los nuestros, ya me lo ha él dicho; mas ningún camino lleva, porque no se hace tener seglares, ni las comidas que le darán serán de sufrir. Aun ahora, como no le dan la carne manida y cocida en el mesón, no lo puede comer; con un pastel se pasa. Cuando yo puedo, le envío alguna nadería; mas es pocas veces. Yo no sé quién le ha de sufrir y dar las cosas tan a punto. Terrible cosa es este humor, que hace mal a sí y a todos…” (Ib.10-11).

Muerto su hermano Lorenzo, se hará cargo de él su hermano Francisco, al cual llegará a demandar por asuntos de la pensión dejada por su hermano Lorenzo. Finalmente muere Pedro el 09-02-1589 .
-    Teutonio de Braganza. Es obispo, de joven se encontró con San Ignacio de Loyola el cual le disuade que entre en la Compañía de Jesús; es admirador en extremo de la Santa y de Gracián, siempre tuvo pretensiones de que la Santa fundara en Portugal en su obispado. Es el primer editor de Camino de Perfección, al parecer también el adolecía de algunos episodios melancólicos:
“De lo que vuestra señoría tiene del querer salir de la oración, no haga caso, sino alabe al Señor del deseo que trae de tenerla, y crea que la voluntad eso quiere y ama estar con Dios. La melancolía congójase de parecer se le ha de hacer premio. Procure vuestra señoría algunas veces, cuando se ve apretado, irse adonde vea cielo, y andarse paseando, que no se quitará la oración con eso, y es menester llevar esta nuestra flaqueza de arte que no se apriete el natural. Todo es buscar a Dios, pues por él andamos a buscar medios, y es menester llevar el alma con suavidad” (Cta 66,4)  .    
-    Antonio Gaitán. Hay cuatro cartas dirigidas a él por distintos motivos, no nos consta que adoleciese de melancolía, pero en una carta la Santa le dice una frase de mucha profundidad psicológica y que puede ser utilizada como recurso terapéutico: “Sepa que como en este mundo hay tiempos diferentes, así en el interior, y no es posible menos; por eso no tenga pena, que no es por su culpa”  (Cta 70,1)
-    M.María Bautista. Es sobrina segunda de la Santa. Hay varias cartas dirigidas hacia ella, en una ocasión la Santa le escribe así:
“De eso que dice interior, mientras más tuviere ha de hacer menos caso de ello, que se ve claro que es flaqueza de la imaginación y mal humor, y como esto ve el demonio, debe ayudar su pedazo. Mas no haya miedo, que San Pablo dice que no permite Dios seamos tentados más de lo que podemos sufrir, y aunque le parezca que consiente no es así, antes sacará de todo eso mérito.
Acabe ya de curarse, por amor de Dios, y procure comer bien y no estar sola, ni pensando en nada. Entreténgase lo que pudiere y como pudiere. Yo quisiera estar allá, que había bien que parlar para entenderla” (Cta 138, 14-15) .

-   Ella misma. Teresa ha sido un personaje muy controvertido para ciertos especialistas de la conducta o de la medicina. “Se admite en general que sin enfermedades no hay Teresa” ; la teoría de una Teresa histérica adquirió mucha difusión , aparte de estas discusiones que no son nuestra intención, observamos en sus escritos que ella padecía ciertos episodios transitorios o normales de melancolía, sobre todo antes de llegar al Matrimonio Espiritual(18-11-1572), ya que, después de él, existe hasta estabilidad en el ánimo (Cfr. 7M 4, 1-2), sin embargo esos momentos son difíciles de dilucidar, pues también están emparentados con los episodios de la noche oscura pasiva del espíritu (Cfr. 6M 1;11) . Un testimonio de estos momentos es esta carta: “Ya estoy casi buena, que el jarabe que escribo a nuestro padre me ha quitado aquel tormento de melancolía, y aun creo la calentura del todo” (Cta 60,2)  Otra referencia de esos estados emocionales bajos lo encontramos en Cuentas de Conciencia.

1.6. La melancolía en Cuentas de Conciencia

Como bien sabemos estos son escritos teresianos sobre ella misma, es una colección de sus estados espirituales, entre ellos encontramos una digna de ser tomada en consideración:
“Viénenme algunos días –aunque no son muchas veces y dura como tres o cuatro días- que me parece que todas las cosas buenas y hervores y visiones se me quitan, y aún de la memoria, y aunque quiera no sé qué cosa buena haya habido en mí; todo me parece sueño, u a lo menos no puedo acordar de nada.
Apriétanme los males corporales en junto; túrbase el entendimiento, que ninguna cosa de Dios puedo pensar ni sé en qué ley vivo. Si leo, no lo entiendo; paréceme estoy llena de faltas, sin ningún ánimo para la virtud, y el grande ánimo que suelo tener queda en esto, que me parece  a la menor tentación y murmuración del mundo no podría resistir. Ofréceseme entonces que no soy para nada, que quién me mente en más de  en lo común. Tengo tristeza, paréceme tengo engañados a todos los que tienen algún crédito de mí; querríame esconder donde nadie me viese, no soledad para virtud, sino de pusilanimidad; paréceme querría reñir con todos los que me contradijesen. Traigo esta batería, salvo que me hace Dios esta merced, que no le ofendo más que suelo ni le pido que quite esto, más que, si es su voluntad, que esté así siempre, que me tenga de su mano para que no le ofenda, y conforme con Él de todo corazón, y creo que lo no tener siempre así, es merced grandísima que me hace”  (CC 1, 28-29) .

Poveda Ariño, piensa que esta descripción que ha hecho la Santa corresponde a “la melancolía endógena (sin motivos)…, se trata de un trastorno que se manifiesta en forma fásica: que va y viene sin motivos. Que deja al sujeto interiormente paralizado” . En otras palabras este estudioso considera que la Santa vivió episodios de melancolía o depresión endógena. Nuestra labor no es de psicólogo, sino de estudiosos de la espiritualidad, es por eso que nos resulta llamativo el caso que este padecimiento en este período que escribe a la Santa (1560) le dura el malestar  de 3 a 5 días, en cambio en el Matrimonio Espiritual, no obstante la ordinaria estabilidad anímica que goza, también allí, encontramos este padecimiento, solo que con una notable diferencia: ”verdad es que dura poco: un día a lo más, o poco más” (7 M 4,2) y la Santa lo comprende como una fase espiritual pero con repercusiones psicológicas.

2.    Recomendaciones prácticas

Después de hacer este rápido recorrido por los escritos teresianos, es hora de definir esas enseñanzas para una adecuada y fructífera dirección espiritual, en suma ¿qué criterios teresianos nos son útiles para el acompañamiento espiritual en las personas depresivas o melancólicas?

* En primer lugar hemos visto el trato afectuoso (Cfr. F 7,9), eso implica valorar a la persona más allá de lo que le está sucediendo, es decir, toda persona no se agota en sus actos, por deprimentes que éstos sean. En toda persona melancólica o deprimida siempre hay que tener presente que: “no hallo yo cosa con qué comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad…, no hay para qué nos cansar en querer comprender la hermosura de este castillo…, basta decir su Majestad que es hecha a su imagen para que apenas podamos entender la gran dignidad y hermosura del ánima” (1M 1,1) y esto debe ser así, aunque la persona que tengamos de frente no sea consciente de ello.  Es por ello que el acompañante o director espiritual teresiano se preocupará en gran medida por hacerle descubrir a su acompañado la dignidad y belleza de su alma. Cuando la persona llegue a valorizarse desde las fuentes de su ser, es decir, desde esa presencia divina que lleva en su interior y que ha sido llamada, capacitada para la unión con Dios; su vida comenzará a cambiar notablemente, pues la melancolía o depresión es también en última instancia un problema antropológico, es decir, desafía una respuesta ante las preguntas: ¿Quién soy? ¿Hacia dónde voy? ¿Qué más puedo esperar?, etc.
* La Santa no se muestra adversa al recurso de la farmacoterapia para estos males. Aquellos primitivos antidepresivos (por llamarle de alguna forma) eran bien valorados por la Santa, claro que para los casos que así lo ameritaban: “es muy necesario adelgazar el humor con alguna cosa de medicina para poderse sufrir”  (F 7,8) y a las prioras sugiere “buscar los remedios que pudiere para su remedio” (Ib.).
* Una vigilante nutrición, al director espiritual teresiano, se le invita también a prestar atención a la dieta alimenticia de su dirigido, la Santa incluso se aparta de la Regla Carmelitana que mandaba la abstinencia de carne comiendo  sólo pescado, además de los ayunos rigurosos. Ella va más allá de la ley y pone a la persona antes que las normas: “Téngase en cuenta con que no coman pescado, sino pocas veces; y también en los ayunos es menester no ser tan continuos como lo demás” (F 7,9).
* Firmeza en el director espiritual teresiano en los puntos esenciales. El melancólico tiende consciente o inconscientemente a la manipulación, esto requiere en el acompañante teresiano una verdadera astucia para no dejarse enredar en los mecanismos  psicológicos de su dirigido, pues de lo contrario terminará siendo parte del problema de su acompañado “que la razón que en la enferma está oscurecida es menester esté más clara en la prelada (director)” (F 7,3). A Teresa, su intuición profunda, le permite observar que estos males florecen sobre todo en personas poco esforzadas y poco humildes “y verdaderamente creo que muchas veces es, como he dicho, de condiciones libres y poco humildes y mal domadas, y que no les hace tanta fuerza el humor como esto..., y es que toda la propia voluntad y libertad llaman ya melancolía”  (F 7,7).
* El hecho de que el melancólico padezca este penoso mal no le exonera de la lucha por la conquista de las virtudes en su seguimiento de Cristo, ya que es posible la santidad en medio de esas crisis depresivas (Cfr. F 7,5), es bueno recordar que la lástima desmedida es dañina para con estas personas “no se engañen con piedades indiscretas”  (Ib.).
* Se debe prestar particular atención al momento que las personas están viviendo, particularmente a las fases obsesivas y de carácter religioso, sean estas gratificantes o agónicas en su defecto:

“que todo lo que nos sujetare de manera que  entendamos no deja libre la razón tengamos por sospechoso, y que nunca por aquí se ganará la libertad de espíritu; que una de las cosas que tiene es hallar a Dios en todas las cosas y poder pensar en ellas. Lo demás es sujeción de espíritu y, dejado del daño que hace al cuerpo, ata al alma para no crecer”  (F 6,15).

Es parte de la misma enfermedad el llevar a la persona a vivir constantemente pendiente de sus pensamientos y de sus estados emocionales, ante esta tentación surge el consejo oportuno teresiano “Procuren que no tengan muchos ratos de oración, aun de lo ordinario, que por la mayor parte tienen imaginación flaca y haráles mucho daño, y sin eso se les antojarán cosas que ellas ni quien las oyere no lo acaben de entender”  (F 8,9).

Sabe Teresa, por experiencia propia, que cuando el alma está en estos estados agudos, el ir a  la oración no será otra cosa que estar rumiando agónicamente  la situación psíquica-emocional, y la oración que está llamada a ser un diálogo liberador se convierte así en un monólogo estresante: “como cuando van en un camino y entran en un trampal o atolladero, que no pueden pasar de allí; en parte hace así el alma, la cual para ir adelante, no sólo ha menester andar, sino volar”  (F 6,15), por eso en estos momentos, el director espiritual teresiano debe invitar a su dirigido o dirigida a disminuir la oración, o en todo caso a dedicarse a las obras de caridad; la terapia ocupacional se vuelve en un extraordinario y saludable recurso. Teresa dice que no es cuestión de darle solamente un trabajo, sino tareas abundantes: “Y han de advertir que el mayor remedio que tienen es ocuparlas mucho en oficios, para que no tengan lugar de estar imaginando, que aquí está todo su mal” (F 7,9). Es por ello que en relación a esto, el  director espiritual teresiano, orientará a su dirigido a buscar actividades recreativas: deporte, paseos, pasatiempos sanos, etc., pues el ocio es dañino para estas personas, pues se activan todas las alarmas de la interioridad ante el menor estímulo: “que no tengan lugar de estar imaginando, que aquí está todo su mal”  (F 7,9).

* A Teresa le ayudó mucho el comprender la diferencia entre imaginación y entendimiento. Muchos de los males del melancólico están solo en su imaginación, por eso el terapeuta teresiano (director espiritual) reforzará esta idea liberadora, es decir, que viva pendiente de sus actos y pensamientos conscientes y no tanto de los que no puede controlar.  Cuando Teresa comprende que la imaginación escapa al control del entendimiento, es decir, que ese tipo de pensamientos involuntarios, llamados “aves ligeras” por San Juan de la Cruz (CB 20-21),  no son controlados por el entendimiento, entonces descansa. Pareciera que ella le daba valoración moral a esos fantasmas de la imaginativa, cuando se da cuenta que éstos no provienen de su entendimiento, los deja estar sin preocupación alguna y logra así desactivar la angustia que le provocaban “Y así no es bien que por los pensamientos nos turbemos ni se nos dé nada; que si los pone el demonio, cesará con esto; y si es, como lo es, de la miseria que nos quedó del pecado de Adán con otras muchas, tengamos paciencia y sufrámoslo por amor de Dios, pues estamos también sujetas a comer y dormir, sin poderlo excusar, que es harto trabajo”  (4M 1,11), orienta, en consecuencia, la atención a los actos y pensamientos voluntarios o conscientes, dice: “y no os traiga inquietas y afligida, sino que dejemos andar esta tarabilla de molino y molamos nuestra harina, no dejando de obrar la voluntad y el entendimiento” (4M 1,13), además: “querría dar a entender que el alma no es el pensamiento , ni la voluntad es mandada por él, que tendría harta mala ventura; por donde el aprovechamiento del alma no está en pensar mucho, sino en amar mucho” (F 5,2; 4M 1,7).

En los escritos teresianos encontramos muchas referencias personales de la lucha que tuvo que llevar ella  misma  contra la imaginación:
    - No podía aprovecharse de ella V 4,7; 9,6.
    - Daño que le hizo V 17,6 final y 7.
    - Había ocasiones en que mejor deseaba morir (CV 31,8).
    - Imaginación puede hacer mucho daño, para ello la clave es: “limpia conciencia y obediencia” (F 4,2).

Los melancólicos generalmente están alterados antes los embustes de la imaginativa; se quejan de pensamientos terribles que se le vienen en los momentos de la oración o fuera de ella  ¿Qué dice la Santa para estas personas atormentadas?:
    
“Ninguna pena le dé, que no está en eso la perfección sino en las virtudes…, y no piense que en viniendo una cosa al pensamiento luego es malo, aunque ello fuese cosa muy mala, que eso no es nada…, cuando algún pensamiento malo le viniere, santígüese o rece un paternóster (Padrenuestro) o dése un golpe en los pechos y procure pensar en otra cosa, y antes será mérito, pues resiste” (Cta 338,2-4) .

Para finalizar, Luna Tobar, nos ofrece un criterio de discernimiento vocacional válido para nuestros días: “el melancólico no es dueño de sí mismo, por libre que pareciera y claro que fuera en sus opiniones; por lo tanto, cuanto exija plena libertad, no cabe en él: el matrimonio, ordenación sacerdotal. Inútil para la vida religiosa de comunidad” .  A su vez, la Santa hablando sobre la cura de esta enfermedad dirá “con otras enfermedades sanan o se mueren; de ésta (melancolía) por maravilla sanan ni de ella se mueren” (F 7,10). Este criterio a nivel general lo compartimos, pero también en la actualidad adquiere ciertas acentuaciones, pues la psicología, psiquiatría y la terapia farmacológica han evolucionado mucho, lo cual  ha  permitido a muchos melancólicos poder llevar una vida “relativamente” normal en cualquier estado de vida.

Todas estas indicaciones que nos ha dado Teresa están llenas de sabiduría y profundidad psicológica, sus palabras son aciertos “y que, aunque las mujeres no somos buenas para consejo que alguna vez acertamos” (Cta 97,7) , ella que es maestra contemplaba regocijada cómo su palabra o experiencia ayudaba a los otros “paréceme que debe ser uno de los grandísimos consuelos que hay en la tierra ver uno almas aprovechadas por medio suyo” (MC o CAD 7,6).

 

AUTOR: P. Oswaldo Escobarl, OCD

 

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