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Matrimonio espiritualTeresa dedica cuatro capítulos para explicar el matrimonio espiritual: el primero nos habla de su relación con la Trinidad; el segundo relata el matrimonio con Cristo; el tercero se refiere a los “efectos” de la unión con el Esposo; y el cuarto señala la “finalidad” de todo el...

 


 

Unión transformante con la Trinidad

Lugar Místico de Encuentro entre el Cielo y la Tierra

Hemos llegado por fin a las Séptimas Moradas, al apartamento principal de la urbanización, a la cumbre de la experiencia religiosa según Santa Teresa, al lugar donde habita el mismo Dios y Señor del Castillo, que es la propia alma, el centro de nuestro yo.

Es importante señalar que los primeros caminantes del itinerario, descubrieron la tumba vacía y creyeron que Cristo vivía y que volvería. La fuerza de esta experiencia cambió sus vidas. Perdieron el miedo, recibieron una paz que el mundo no puede dar, el fuego del Espíritu Santo los lanzó a la misión, se hicieron esclavos de los hombres, cooperadores de Cristo. Empezaban a ser santos. María, la Virgen, acompañaba el proceso. Entraban en las Séptimas Moradas, que reproducen por tanto, el encuentro de Cristo resucitado con sus discípulos y la culminación de una transformación personal que remite a la evangelización. El Bautismo recobra su dimensión auténtica.

Habíamos dejado la mariposilla, renacida en las Sextas Moradas, revoloteando en busca de reposo. Se ha comprometido con el Esposo en el desposorio espiritual. Ahora vivirá el misterio de la Trinidad y consumirá el matrimonio en la unión plena. La acompañará de modo casi permanente, una paz interior profunda. La mariposilla muere al encontrar el reposo en la vida resucitada por Cristo, a cada instante: el hombre nuevo culmina su transformación. El cielo se ha acercado milagrosamente a la tierra.

¿Cuántos capítulos le dedica Teresa a esta Morada?

Teresa dedica cuatro capítulos para explicar el matrimonio espiritual: el primero nos habla de su relación con la Trinidad; el segundo relata el matrimonio con Cristo; el tercero se refiere a los “efectos” de la unión con el Esposo; y el cuarto señala la “finalidad” de todo el itinerario: la acción en ayuda del Crucificado. Al redactar el libro, la Santa llevaba cinco años en las Séptimas Moradas, tiempo suficiente para describir el itinerario completo desde cima tan alta.

¿Quiénes pueden visitar las Séptimas Moradas?

Pueden y deben ser visitadas por cualquiera, aunque en ellas vivan casi siempre los santos.

• Deben ser las moradas predilectas de los grandes pecadores y de quienes han llegado a la madurez espiritual.

• Acudirán de inmediato a visitarlas los muertos vivientes, quienes buscaron paraísos artificiales en las drogas o hicieron grave daño al prójimo, porque en ellas se encierra una noticia: la amnistía de Dios, la posibilidad de resucitar a una nueva vida, aquí en la tierra.

• Será morada predilecta de quienes viven instalados en el desamor o la desesperanza, porque encontrarán el amor de Dios y la esperanza en sus manifestaciones máximas.

• Visitarán las Séptimas Moradas los caminantes que meditan el misterio de la Resurrección de Jesucristo, bien en oración privada o acompañando a la Iglesia durante ese tiempo litúrgico.

• Quienes conocen, aman e imitan al Señor con perfección, han muerto al yo viejo y contemplan su vida renovada y resucitada.

• Quienes habiéndose encontrado con Cristo resucitado, han cambiado de vida, pasando del egoísmo a la donación de sí.

• Los santos y los que llevan camino de serlo, que suelen ser los que ni siquiera son conscientes de ello y viven en silencio del servicio.

• Los que viven una vida entregada a favor de su prójimo sin saberse los protagonistas de la historia.

• En sus más elevadas cimas, las habitan los místicos que han conseguido aunar contemplación y acción. Estamos en la Morada de la santidad.

En 1571, irrumpen en Teresa de Jesús las visiones de la Trinidad con fuerza desconocida hasta el momento. Lo que tenía adquirido por fe, lo comprueba por experiencia. Distingue las personas divinas, le hablan el Padre y el Hijo, adquiere un conocimiento nuevo del Espíritu Santo. Un día, San Juan de la Cruz le da la comunión en el monasterio de la Encarnación, y en ese momento escucha que ya es esposa de Cristo (1572; tenía 57 años). Ya está desposada. El Esposo la ha llevado a vivir en su casa, que es su propia alma. Lejos de permanecer inactiva, vive volcada en la acción. Escribió el libro de las Fundaciones (entre otros) que nos hace disfrutar de una santa en acción (Debe leerse al mismo tiempo que las Séptimas Moradas.)

 

Habitaciones de las Séptimas Moradas

1. La Trinidad, o la experiencia de un Dios cercano:

Al finalizar el recorrido, descubrimos la profundidad del misterio de Dios en lo que llamamos “misericordia”: Se manifiesta en las obras que ha hecho, y, sobre todo, en su deseo de comunicarse con el ser humano. Los hombres, capaces de entenderlo por haber sido creados a su imagen y semejanza, descubren su grandeza al percibir esta comunicación (M7.1.1). Nuestro Itinerario Espiritual ha develado la misericordia de Dios.

¿Qué culmina en estas Moradas?

Culmina la comunicación con la experiencia del misterio trinitario. Siendo la persona humana, esposa de Jesucristo, Dios la introduce en su Morada antes de consumar el matrimonio espiritual, en la cámara del Rey, donde El habita desde siempre como si fuera otro pequeño cielo, porque “dentro de esta alma hay morada para Dios” (M7.1.5).

“…las Tres Personas de la Santísima Trinidad que yo traigo en mi alma esculpidas, son una cosa” (R 47). Tres años más tarde, dirá Teresa refiriéndose a ello: “con esta compañía que traigo siempre en el alma”. Y vuelve a repetirlo meses antes de su muerte: “…más parece que siempre se anda esta visión intelectual de estas tres Personas y de la Humanidad” (R 6.3).

¿Qué constituye el núcleo del misterio trinitario?

La unidad de personas en un solo Dios y la diferencia entre ellas, constituye el núcleo del misterio trinitario.

Las tres personas se comunican entre sí, le hablan al hombre desde la habitación principal del Castillo y no dejan de hacerlo con todo lo creado (R 33.3 y R 18).

Cada Persona concede a Teresa un don especial: El Hijo le da el “padecer con contento”, Dios Padre, la “caridad”, y el Espíritu Santo, el “sentir esta caridad”, porque enamora la voluntad, mueve el alma, con unos deseos que la encienden en fuego (R 16.1; C 27.7).

En suma, en las Séptimas Moradas la persona experimenta conscientemente y de manera habitual, estar habitada en lo profundo de su ser, por las tres Personas divinas. Cuando el alma está en gracia, se produce una situación de intimidad y amistad profunda entre ella y Dios.

 

2. Jesucristo en el matrimonio espiritual:

En el desposorio espiritual de las Sextas Moradas se había accedido a una unión con el Esposo, con momentos de gran intensidad, pero ambos podían separarse. De hecho, así sucedía. En el matrimonio, “ya no se pueden apartar”. La diferencia es radical (M7 2.2). Una expresión feliz escrita al redactar las Sextas Moradas describe la nueva situación: “más es muy continuo, no se aparta de andar con Cristo nuestro Señor por una manera admirable, adonde divino y humano, junto es siempre su compañía” (M6 7.9). Una última expresión, esta vez en la Séptimas, da cuenta de la nueva situación: “mira en sí misma con la continuanza que le tiene consigo” (M7.3.7).

¿Qué ha sucedido y, qué significa tener a Cristo en compañía permanente, en “continuanza”?

Leer el relato autobiográfico de R 35 para entender la radical novedad.

Cinco años después, la experiencia se convierte en reflexión al pasar a las Séptimas Moradas (M7.2.1). En el capítulo tercero vuelve de nuevo con palabras similares: “que mirase por sus cosas, que El miraría por las suyas” (M7.3.2).

En esencia, el matrimonio espiritual significa que el alma se convierte en esposa de Cristo en un intercambio total y absoluto de “sus cosas” o, en expresión de aquella época, de su “honra”: EL Esposo se encarga de todo lo relativo a la esposa, y ésta sólo se preocupa de los asuntos del marido. “Yo por ti y tú por mí” (Vida 33).

¿Qué comparaciones usa Teresa para explicar todo esto?

“Digamos que sea la unión, como si dos velas de cera se juntasen tan en extremo, que toda la luz fuese una, o que el pabilo y la luz y la cera es todo uno; más después bien se puede apartar la una vela de la otra, y quedan en dos velas, o el pabilo de la cera. Acá es como si cayendo agua del cielo en un río o fuente, adonde queda hecho todo agua, que no podrán ya dividir ni apartar Cuál es el agua del río, o lo que cayó del cielo; o como si un arroyico pequeño entra en el mar, no habrá remedio de apartarse; o como si en una pieza estuviesen dos ventanas, por donde entrase gran luz; aunque entra dividida se hace todo una luz” (M7.2.4).

¿Cuál es el agua del arroyo y cuál es el agua del mar? ¿Quién los puede diferenciar? Ya no son agua de lluvia y fuente, son un río; y ya no son agua de arroyo y mar, todo es mar.

¿Qué podemos entender ahora?

Podemos entender plenamente cómo la relación con el Señor ha tenido a lo largo del recorrido espiritual, una historia muy similar a la vivida por el Pueblo de Dios, en su relación con Dios, tal como nos lo narra la Biblia. La Santa plasmó y expresó el encuentro con el Amado en la pintura, aunque indirectamente, pues encargó reproducir en cuadros las visiones imaginarias. De uno de ellos, “Cristo atado a la columna”, tenemos abundante documentación. Estando en la Encarnación, -nos cuenta Francisco de Ribera- el Señor “le mostró un brazo muy llagado y arrancando de él un pedazo de carne, de cuando estaba atado a la columna”. Posteriormente, en una de las ermitas de San José de Ávila, “la pintura de Cristo atado a la columna, hizo pintar la santa madre después de muchas horas de oración, ilustrando a un muy buen pintor, cómo lo había de pintar” (Testimonio de Isabel de Santo Domingo, en el proceso de Beatificación).

 

3. La oración continua en el matrimonio espiritual:

¿Qué reiterábamos al comenzar nuestro itinerario espiritual?

La importancia de la oración, por ser la puerta que da acceso al Castillo. Dijimos con Teresa que se trataba de una relación de amistad con el Dios de Jesucristo. Aprendimos en cada morada una nueva forma de dirigirnos a Dios y de escucharlo.

¿Llegados a las Séptimas Moradas, qué comprueban sus habitantes?

Comprueban cómo la oración se ha hecho habitual y necesaria en sus vidas. Recogida toda la persona en estas Moradas-donde habita hasta su muerte, salvo culpa de su parte-, la oración acaba convirtiéndose para los habitantes de las Séptimas Moradas, en algo tan natural como respirar.

Al acercarse Teresa al final de su vida, escribe una nota íntima, para dejarnos en herencia la situación oracional del alma, que Dios ha llevado hasta la plenitud de su existencia. Nos descubre el estado último de oración cristiana, para el que se ha ido preparando con las formas de oración anteriores: Dios trino y la Humanidad de Cristo:

“Lo de las visiones imaginarias ha cesado; mas parece siempre se anda esta visión intelectual de tres Personas y de la Humanidad, que es, a mi parecer, cosa muy más subida” (R 6.3).

¿Qué hemos de recordar siempre?

Que la oración cristiana no aleja de la vida; al contrario, sumerge en ella cada vez con más fuerza, como ha quedado demostrado en este Itinerario Espiritual. Debemos eliminar una falsa concepción de la mística, que convierte al orante en un ser fuera del mundo.

¿Cómo vive el verdadero amador de Cristo?

Vive procurando ayudar al Esposo en la construcción del Reino y de Dios. Lo hace sin divisiones ni dicotomías. Se sabe y experimenta estar habitado por las tres Personas y la Humanidad de Cristo. Se ha hecho capaz de vivir intensamente la acción exterior en servicio de la Iglesia y el Reino de Dios, sin dejar de estar con la fuente de su ser: el mismo Dios que lo habita.

Teresa recurre al relato evangélico de Martha y María para explicar esta nueva situación.

¿Qué simbolizan para la Santa estas dos mujeres?

Simbolizan para ella la acción y la contemplación. (M7.1.10). Trabajo y contemplación forman una unidad indisoluble (M7.4.12). Las obras deben ser consecuencia de la oración, pero la oración se manifiesta en las obras. Ambas son inseparables y a la vez complementarias.

Hemos de advertir que el vivir la oración en las Séptima Moradas, no evita los diarios paseos del creyente por las Moradas anteriores. Nunca-tampoco en estas- dejaremos de visitar a diario, las Primeras, para rezar vocalmente, ni las Segundas, Terceras y Cuartas para conocer a Jesucristo en su Humanidad, ni las Quintas con la Cruz, ni las Sextas a fin de perfeccionar el amor. Jamás dejaremos de seguir meditando las lecturas bíblicas de ese día, propuestas por la Iglesia, ni abandonaremos la contemplación orante del misterio presentado en el ciclo litúrgico.

¿Dónde vive lo esencial de la persona?

Vive en las Séptimas Moradas, la del Rey; recogida en la habitación principal, toda su vida es oración, conciencia permanente de vivir en compañía.

¿Qué sucede en el proceso preparatorio, hasta llegar al matrimonio espiritual?

Todo el proceso va transformando a la persona, produciendo unos “efectos”, siendo la oración uno de los más importantes, al que hace referencia en este tercer capítulo.

 

4. La transformación de la persona en las Séptimas, o la madurez humana hecha realidad:

El creyente llega a la plenitud humana y espiritual al entrar a vivir del todo en las Séptimas Moradas, pasando del egoísmo inicial a la donación del sí, por amor. A lo largo del Itinerario Espiritual se ha ido “disponiendo” hasta llegar a una transformación que lo ha espiritualizado.

¿Cómo se dispone el hombre?

Se dispone mediante el crecimiento de las virtudes, la imitación de Jesucristo Hombre, el conocimiento de sí mismo, el aprendizaje del amor, la oración y la acción. Cuando ya está preparado, dispuesto, espiritualizado, lo introduce en su cámara real, allí consuma la unión de espíritus. Y surge:

• Una persona olvidada de sí misma, porque toda ella busca sólo el interés de Dios;

• Con un gran deseo de padecer por Cristo para que se cumpla en cada momento su voluntad;

• Que experimenta una gran alegría si es perseguida;

• Con deseos de servir, por “si pudiesen ayudar en algo al Crucificado”;

• A la que nada ni nadie ata ni domina, pues se siente libre frente a todo: en lenguaje teresiano, “un desasimiento grande de todo”.

• De la que ha desaparecido el miedo a la muerte y al demonio. Por ello y en resumen, podemos decir que las esperanzas puestas al principio del Itinerario, se han visto cumplidas.

El yo, herido desde el comienzo, ha debido aceptar y asumir la realidad de su vida pasada y presente, acompañado por un Dios amoroso que le acepta en esencia. Por eso, el itinerario espiritual teresiano parte de la realidad, y a ella vuelve enriquecida por el matrimonio. Tampoco significa que los habitantes de estas Moradas no vayan a equivocarse. Lo harán con frecuencia. Siguen siendo hijos de su época y de sus limitaciones humanas. Pero orientar la vida en el seguimiento y la imitación de Cristo da unos ojos nuevos y una perspectiva inusual, gracias a la cual estas personas adultas en la fe, trascienden con frecuencia su época, para seguir siendo útiles siglos después, como es el caso de Teresa.

Por eso el itinerario teresiano pretende llevarnos a vivir plenamente la gracia bautismal. (Leer Poesía 8)

Si hemos perseverado hasta llegar a las Séptimas Moradas, el creyente se descubre a sí mismo en su totalidad, viéndose en el espejo que es Cristo: “Y no dejamos de entrar aquí todos, porque así dijo Su Majestad: no sólo ruego por ellos, sino por todos aquellos que han de creer en mí también, y dice: Yo estoy en ellos” (M7.2.7).

¿Cuándo descubre Teresa de Jesús la necesidad de mirarse en el espejo que es Cristo?

Teresa lo descubre por primera vez, cuando ya vivía en las Sextas Moradas. En una de sus visiones, descubre el interior de su ser como un espejo múltiple lleno de luz y hermosura. En el centro de esa habitación que es su alma, toda ella espejo claro, aparece la figura de Jesucristo.

Sería una pena perder tanto bien y hacer todo lo posible por llegar hasta aquí, porque al mirar y dejarnos mirar por Cristo, nos encontramos con nosotros mismos. Somos una imagen esculpida y labrada en el Señor. Coinciden en el encuentro con Cristo y el encuentro con nuestra verdadera imagen: “Más como faltamos en no disponernos y desviarnos de todo lo que puede embarazar esta luz, no nos vemos en este espejo que contemplamos, adonde nuestra imagen está esculpida” (M7.2.8).

5. La acción en ayuda del Esposo, o la libertad del esclavo.

Los discípulos pasaron de la traición, en la Pasión, al encuentro con el Resucitado y la acogida del Espíritu Santo. Sus vidas cambiaron definitivamente.

El evangelio de Lucas desarrolla los acontecimientos en una secuencia:

Descubrimiento de la tumba vacía; diversas experiencias de encuentro con el Señor, desde las situaciones normales de la vida; Ascensión; Pentecostés y misión. En ese tiempo, pasaron del miedo a la actividad: permanecer encerrados o volviendo a sus trabajos de antes, a reunirse en grupos, compartir los bienes y ayudar a los necesitados. Servían al Reino de Dios, cuya llegada consideraban inminente, a la vez que construían la Iglesia. Todo adquiría un nuevo sentido. Incluso la cruz de la que habían huido, cobraba un significado pleno.

¿Cuál es el significado último de la acción del creyente?

Ya estamos en condiciones de contestar esta pregunta. Un párrafo sublime, da la pauta para descubrir el sentido último de la acción, basándola en el hacer de Cristo:

“¿Sabéis qué es ser espirituales de verdad? Hacerse esclavos de Dios, a quien, señalados con su hierro que es el de la cruz, porque ya ellos le han dado su libertad, los pueda vender por esclavos de todo el mundo, como él lo fue; que no les hace ningún agravio ni pequeña merced” (M7.4.8).

En este párrafo, se resume el concepto de Redención, según el pensamiento de Teresa. El verdadero amador sabe, que unido a la cruz de Cristo, encuentra el mejor de los sentidos de la salvación que nos ha traído el Señor:

Cristo, siendo libre, se hizo esclavo para salvarnos de la esclavitud, aunque ello comportara la cruz. El sentido último de la acción del creyente, se encuentra en Jesucristo, haciendo lo que El hizo: dar la libertad libremente para convertirse en esclavo del prójimo. La donación de sí implica sufrimiento y, llegado el momento, el martirio. “…somos esclavos suyos, vendidos por su amor, de nuestra voluntad a la virtud de la obediencia, pues por ella dejamos, en alguna manera, de gozar al mismo Dios” (F5.17).

El Señor obedeció a la voluntad del Padre en la Encarnación, en la Cruz y durante toda su vida. El habitante de las Séptimas Moradas, se ha convertido en un esclavo por amor obediente. El amor crecido a través de la oración y la acción, no permite el descanso, aún cuando en el interior estas almas vivan en una paz encomiable (M7.4.10).

 

Recuerde:

Son las moradas de los santos y de los pecadores.

Los primeros, por haber alcanzado a vivir el estilo de vida de Jesucristo.

Los segundos, por encontrar en ellas la esperanza de una amnistía y un futuro diferente.

Acuda a las Séptimas Moradas durante todo el tiempo de Pascua.

Si está en paz profunda, o trabaja incansable por el Reino de Dios, en la Iglesia, se está acercando a las Séptimas Moradas.

Nos relacionamos con Jesucristo Resucitado, por tanto, desde las Séptimas Moradas.

La santidad sea o no reconocida públicamente por la Iglesia, es un don de Dios al que todo creyente está llamado.

El matrimonio espiritual nos deja preparados para colaborar con Jesucristo en la construcción de un mundo habitable.

Quien accede a él, vive intensamente el Sacramento del Bautismo.

Seguimos anhelando la segunda y definitiva venida de Cristo al mundo.

La conciencia casi permanente, de vivir en presencia de la Trinidad y la Humanidad de Cristo, sellan las Séptimas Moradas: “Yo en ti y tú en mí.”

 

Oración

“En fin, hermanas mías, con lo que concluyo es que no hagamos torres sin fundamento, que el Señor no mira tanto la grandeza de las obras, como el amor con que se hacen; y como hagamos lo que pudiéramos, hará su Majestad que vayamos pudiendo cada día más y más, como no nos cansemos luego, sino que lo poco que dura esta vida-y quizá será más poco de lo que cada uno piensa-, interior y exteriormente, ofrezcamos al Señor el sacrificio que pudiéramos, que su Majestad le juntará con el que hizo en la cruz por nosotras al Padre, para que tenga el valor que nuestra voluntad hubiera merecido, aunque sean pequeñas las obras. Plega a su Majestad, hermanas e hijas mías, que nos veamos todas adonde siempre le alabemos, y me dé gracia para que yo obre algo de lo que os digo, por los méritos de su Hijo, que vive y reina por siempre jamás, Amén, que yo os digo que es harta confusión mía, y así os pido por el mismo Señor que no olvidéis en vuestras oraciones esta pobre miserable” (M7.4.15-16).

El último escrito de Teresa (1581, R6) Leerlo.

Siglas: V: Libro de Vida CV: Camino de Valladolid M: Moradas

¿Cómo leer las siglas? (M 4 1,1). Quiere decir, 4tas Moradas capítulo 1, párrafo 1 / ( V 14.5). Vida, capítulo 14, párrafo 5. / (CV 30.5). Camino (Valladolid) capítulo 30, párrafo 5

Bibliografía: Antonio Mas Arrondo, Acercar el Cielo. Itinerario espiritual con Teresa de Jesús. Editorial: Sal Terrae

 

AUTOR: Fr. Johnny de Jesús, OCarm

 

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