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teresa avilaSanta Teresa escribe poesías sólo ocasionalmente. Lo hace inspirada en poemas y rimas pastoriles y literarios que aprendió en su juventud cuando también leía libros de caballerías. Muchos de ellos los compone durante los largos viajes a las fundaciones, en los carromatos...

 


 

Las Poesías

Santa Teresa escribe poesías sólo ocasionalmente. Lo hace inspirada en poemas y rimas pastoriles y literarios que aprendió en su juventud cuando también leía libros de caballerías. Muchos de ellos los compone durante los largos viajes a las fundaciones, en los carromatos en que se desplazaban, para animar las largas y monótonas horas.

Las compuso para alegrar la vida de los conventos, pues le gustaba ver a las hermanas contentas.

No se dio mucha importancia estos cortos textos, por lo que deben haberse perdido la mitad de ellos.

Reproducimos algunas de sus poesías más inspiradoras:

Nada te turbe,

nada te espante,

todo se pasa,

Dios no se muda,

La paciencia,

 todo lo alcanza,

Quien a Dios tiene,

 nada le falta.

Sólo Dios basta.

 

———————————–

 

Vivo sin vivir en mí,

Y tan alta vida espero,

Que muero porque no muero.

 

———————————–

 

En la cruz está la vida,

 y el consuelo,

y ella sola es el camino,

para el cielo.

 

———————————-

 

Vuestra soy, para vos nací:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Soberana Majestad,

eterna sabiduría,

Bondad buena al alma mía;

Dios, Alteza, un Ser, Bondad:

la gran vileza mirad,

que hoy os canta amor así:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Vuestra soy, pues me criastes,

vuestra pues me redimistes,

vuestra, pues que me sufristes,

vuestra pues que me llamastes.

vuestra, porque me esperastes,

vuestra pues no me perdí,

¿qué mandáis hacer de mi?

 

¿Qué mandáis, pues, buen Señor,

que haga tan vil criado?

¿Cuál oficio le habéis dado

a este esclavo pecador?

veisme aquí, mi dulce amor,

amor dulce veisme aquí:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Veis aquí mi corazón,

yo le pongo en vuestra palma;

mi cuerpo, mi vida y alma,

mis entrañas y afición.

Dulce esposo y redención,

pues por vuestra me ofrecí,

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Dadme muerte, dadme vida;

dad salud o enfermedad,

honra o deshonra me dad,

dadme guerra o paz crecida,

flaqueza o fuerza cumplida,

que a todo digo que sí:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Dadme riqueza o pobreza,

dad consuelo o desconsuelo,

dadme alegría o tristeza,

dadme inferno o dadme cielo,

vida dulce, sol sin velo,

pues del todo me rendí:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Si queréis dadme oración;

si no, dadme sequedad,

si abundancia y devoción,

y si no esterilidad.

Soberana Majestad:

sólo hallo paz aquí,

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Dadme pues sabiduría,

o, por amor, ignorancia;

dadme años de abundancia,

o de hambre y carestía.

Dad tiniebla o claro día,

revolvedme aquí y allí,

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Si queréis que esté holgando,

quiero por amor holgar,

si me mandáis trabajar,

morir quiero trabajando;

decid dónde, cómo y cuándo,

decid dulce amor decid:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Dadme Calvario o Tabor,

desierto o tierra abundosa;

sea Job en el dolor,

o Juan que al pecho reposa;

sea viña fructuosa,

o estéril, si cumple así:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Sea José puesto en cadena,

o de Egipto adelantado,

o David sufriendo pena,

o ya David encumbrado.

Sea Jonás anegado,

O libertado de allí:

¿qué mandáis hacer de mi?

 

Haga fruto o no lo haga,

esté callando o hablando,

muéstreme la ley mi llaga,

goce de Evangelio blando;

esté penando o gozando,

sólo vos en mí vivid.

¿qué mandáis hacer de mi?

Vuestra soy, para vos nací:

¿qué mandáis hacer de mi?


DOCUMENTO EN PDF:

Poesías de Santa Teresa de Jesús

 

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