Este Portal es actualizado por amigos de la espiritualidad carmelitana

donaciones boton

Ultima carta - Teresa de JesusSoy un carmelita obispo y no me quiero separar de quien ha sido fuente constante de inspiración en mi vida, Teresa de Jesús. Su lectura me ofrece la mejor perspectiva para leer el evangelio y procurar el bien del pueblo de Dios que me ha sido encomendado...

 


 

Cualquier fecha será significativa para nuestras vidas en la medida en que la identifiquemos con un hecho o acontecimiento también significativo. El 13 de agosto de 1967, cuando apenas yo contaba con dieciséis años, crucé el umbral más importante de mi vida al llegar desde Venezuela al Desierto de las Palmas, en Castellón, España. Eso significó un cambio radical para mi joven vida: pasar de una vida en familia estable a una nueva familia, la del Carmelo Teresiano; familia que durante cuarenta años fue casa, hogar y calor de comunidad; segunda familia de mi historia personal. Los años del Carmelo fueron intensos, mi vida se fue compenetrando con un carisma –el teresiano- que ha sido para mí como el aire que se respira y el paisaje de múltiples tonalidades que configuran mi cuadro personal.

Como un nuevo éxodo enmarcado exactamente en el número cuarenta -por los años pasados- emigré hacia un nuevo rumbo: El 13 de agosto de 2007 salí “sin ser notado”–apenas por mis hermanos de comunidad en Potrero de las Casas, Táchira, Venezuela- y crucé otro umbral para comenzar una nueva era de mi vida, ampliando mi horizonte familiar: ser obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Maracaibo. Hace poco, el 9 de junio de 2012 la nueva dirección ha sido Trujillo, en los Andes venezolanos. Recordando una frase teresiana: “procuren siempre ir comenzando de bien en mejor”, así me he dispuesto a reiniciar un camino como pastor de la Iglesia y servidor de todos.

Varios me han preguntado acerca del significado de mi llamado al ministerio episcopal y su relación con el magisterio teresiano en mi vida personal. Desde que fui ordenado como sucesor de los apóstoles me pregunté mucho acerca de mi vocación como carmelita. Nunca pensé que eso significaría desligarme de lo que ha sido mi casa y mi oxígeno. Me sentí entonces como Teresa, inmerso en un mar proceloso en que como iglesia unida mi vida tiene que continuar compenetrada con lo que ella sido. El código de derecho canónico me garantiza mi identidad institucional con el carisma teresiano, con el Carmelo. Pero no es lo institucional lo único. Es más profundo y perenne el sentido de identificación con una vida en la que el misterio del Dios escondido se transforma en una historia de amistad. La oración como amistad y como permanente contexto de vida ha sido la herencia fundamental que he recibido de la madre Teresa, quien sigue siendo mi madre espiritual, juntamente con mi gran amigo Juan de la Cruz, el santo que me inspiró como carmelita descalzo. Teresa de Jesús sigue siendo mi alimento espiritual en la lectura de sus distintos escritos que saben a vida en Dios y a experiencia contagiante.

La nueva forma de vida que me caracteriza me exige también no pretender imponer lo que ha sido mi carisma personal. Al estudiar las fundaciones de Santa Teresa encuentro que su genio espiritual le permitió tener una visión que va más allá de las fórmulas estereotipadas. Cada fundación teresiana fue una empresa novedosa donde el espíritu universal de la fundadora hizo prevalecer lo que ella defiende en el Camino de Perfección y en Las Moradas o Castillo Interior: el carmelita o la carmelita es alguien que puso en el centro de su existencia a Dios, que descubrió en el Amigo Dios –puesto en el centro de su castillo interior -la fuente de vida, el manantial que alimenta constantemente su interioridad y su relación con el prójimo. El libro de la Vida no es un resumen biográfico cualquiera o un diario íntimo, es la expresión del Dios que busca a Teresa y que irrumpe luminosamente en su existencia. Así es también para el carmelita. Así busco experimentarlo en mi propia existencia. Los horarios y actos comunitarios me ayudaron, como carmelita, a fomentar una disciplina interior que defiende los espacio del encuentro de oración y el encuentro con los demás. La virtud se edifica en la repetición de los actos. Como obispo no puedo vivir sujeto a unos horarios porque mi vida es para los demás y ellos están allí cuando me requieren. Mi existencia transcurre en “hartos negocios”, y recuerdo mucho a Teresa cuando tengo tantos “ruidos” en la cabeza y cosas que me ocupan. Cuando alguien me busca, especialmente un sacerdote, experimento la presencia de Cristo. Me retorna muchas veces a la mente el texto teresiano del libro de la Vida: "Esto tengo (Teresa) de unos años acá, que no veo persona que mucho me contente que luego querría verla del todo dar a Dios, con unas ansias que algunas veces no me puedo valer. Y aunque deseo que todos le sirvan, estas personas que me contentan es con muy gran ímpetu, y así importuno mucho al Señor con ellas" (V 34,7).

Ser obispo es servir al mundo, a la Iglesia y a cada persona como Cristo mismo lo haría. Ser obispo entraña ser hombre de oración y de intimidad profunda con Dios. El obispo es la cabeza de una iglesia particular y el primero que tiene que estar dispuesto a dar la vida por las ovejas, como el Buen Pastor. Teresa era muy consciente de este dinamismo eclesial que caracteriza su vida desde que sintió los primeros impulsos vocacionales en el comienzo del Camino de Perfección, y por ese motivo vivió en obediencia al magisterio del obispo, obediencia que le costó no pocos malos momentos y angustia, a sabiendas de que obedecía al mismo Cristo.

Soy un carmelita obispo y no me quiero separar de quien ha sido fuente constante de inspiración en mi vida, Teresa de Jesús. Su lectura me ofrece la mejor perspectiva para leer el evangelio y procurar el bien del pueblo de Dios que me ha sido encomendado. En Teresa encuentro compañía, inspiración, solaz y fuerza para seguir adelante viviendo el espíritu de la regla carmelitana: en obsequio de Jesucristo. Por este motivo, el quinto centenario del nacimiento de Teresa de Jesús es muy significativo para mí y deseo que la Diócesis de Trujillo, a la que presido, viva un año de oración que decretaré para 2015, en el contexto más amplio de la celebración del primer Sínodo Diocesano que abriremos pronto.

Agradezco inmensamente al P. General Saverio Cannistrà el apoyo que nos ha brindado a todos los obispos carmelitas para que vivamos “conectados” con la Orden y a tantos hermanos y hermanas carmelitas que con tanto cariño acogen a sus obispos carmelitas.

 

AUTOR: +Oswaldo Azuaje Pérez, OCD | Obispo de Trujillo (Venezuela)

TOMADO DE: www.paravosnaci.com 

 

Comparte en tus redes sociales:

FacebookTwitterShare on Google+YoutubePinterestMySpaceDiggStumbleuponGoogle BookmarksRedditNewsvine