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Santa Teresa de JesusY he aquí que la institución viene a encontrarse con el carisma floreciente del Carmelo Reformado. ¿Prevención, prejuicios, distanciamiento? Me imagino ser recibido por la santa con extraordinaria delicadeza, aun que sin demasiada ceremonia. No harían falta...

 


 

Trasladado al siglo XVI, aunque sin perder el eco de las preocupaciones de la Iglesia actual, no resulta difícil reproducir con la imaginación una visita, como obispo, al convento de San José de Ávila para departir con Sta. Teresa. Me dejo ambientar, vol-viendo a leer lo que nos decía el carmelita Ismael Bengoechea acerca de la santa y su relación con los obispos. No sería el único a tratar con ella, pues “se vio rodeada de ellos, con los que se relacionó personal y epistolarmente y con asiduidad”. Pero mi visita llevaría escondida una cierta inquietud: hoy los obispos no tenemos buena imagen, somos mirados con recelo y sospecha, no solo fuera de la Iglesia, sino también dentro de ella; somos algo tan poco actual como “la jerarquía”, representamos la “Iglesia insti-tución” frente a la Iglesia pueblo, la autoridad frente al carisma...

Y he aquí que la institución viene a encontrarse con el carisma floreciente del Carmelo Reformado. ¿Prevención, prejuicios, distanciamiento? Me imagino ser recibido por la santa con extraordinaria delicadeza, aunque sin demasiada ceremonia. No harían falta muchas palabras para que se creara entre los dos un clima de sincero afecto y em-patía. Sospecho que su primer movimiento interior sería ver en mí, no alguien que está frente a ella, sino alguien que está con ella en la misma Iglesia, alguien que hace presente su Iglesia, la que ella sentía como suya, como su familia, “en fidelidad a la cual deseaba morir”. A partir de aquí la conversación se desarrollaría con extraordinaria sinceridad y transparencia.

¿Qué papel jugaría yo? ¿El de un Álvaro de Mendoza, obispo de Ávila, total-mente convencido del valor del carisma teresiano, apoyo valedor de toda fundación carmelita, que también sabe sufrir con y por la santa, hasta asumir “su santo empecina-miento”? ¿El de un Teutonio de Braganza, obispo de Evora, que busca a la santa para recibir su consejo como un hijo espiritual? ¿El de Francisco Soto y Salazar, futuro obispo de Albarracín, que le consulta si debe aceptar el obispado? ¿El de Gaspar de Quiroga, arzobispo de Toledo, que deseaba ante todo imponer su autoridad? ¿El de Cristóbal Rojas y Sandoval, arzobispo de Sevilla, que acaba cediendo y reconociendo el valor de la fundación? ¿O el de Alonso Velázquez, obispo de Osma, su gran amigo y confesor, en quien reconocía rasgos de verdadera santidad?

Me quedo ante todo con el diálogo de Francisco de Soto, que recibe de la santa aquella respuesta verdaderamente evangélica y apostólica a su consulta sobre si aceptar el episcopado: “cuando entendiere con toda verdad y claridad que el verdadero señorío es no poseer nada, entonces le podrá tomar” (Vida 40,16). O con aquel consejo, sensato y cierto, que parecía inspirado en San Agustín, que dio a su querido Teutonio de Braganza sobre la dificultad para la oración en una vida activa: “alabe al Señor del deseo que trae de tenerla… vaya donde vea cielo y ande paseando” (Carta 3/7/1574).

Hay un misterio esencial en el encuentro entre el carisma y la jerarquía. Algunos seguirán pensando que se trata de un choque de fuerzas y que la solución es una especie de “equilibrio” pacificador o de buenas maneras. Pero una cosa es clara: las tensiones y las sintonías entre la santa y obispos no obedecen a esta dialéctica; son pura vida del Espíritu en la Iglesia, un Espíritu al que tanto la santa como los obispos deben docilidad absoluta, cada uno en su lugar y misión. Es el amor del Espíritu el que nos empuja a buscar, a veces permitiendo perplejidades y sufrimiento, pero siempre regalándonos con el gozo de la comunión.

Nos despediríamos y en mi quedaría un maravilloso regusto. ¿Quién ha enseñado a quién? Ambos hemos sido discípulos del Espíritu y hemos respirado el aroma de su amor.

 

AUTOR: + Agustí Cortés Soriano | Obispo de Sant Feliu de Llobregat (Barcelona)

TOMADO DE: www.paravosnaci.com 

 

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