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Cada vez que leo a la Santa, me sitúo como si fuese una de aquellas carmelitas a las que ella hablaba, y me doy cuenta cómo se tenían que sentir ellas al oír hablar a esta gran mujer. Una mujer que, como vemos en sus obras, una vez más habla de lo que ella sabe, pero no de conocimiento, sino de lo que ella ha vivido, ha palpado, ha experimentado. Teresa nos habla desde su experiencia, y una experiencia de Jesús vivo.

¡Cuántas veces me he imaginado a mí mismo recibiendo esas exhortaciones de la Santa! Y en todas ellas he percibido dos sentimientos. Por una parte, considerarme heredero de ella. Sentir que estoy llamado a vivir y a dar a conocer esa espiritualidad que ella nos va explicando en todas sus obras, y que no es otra que orar, y orar en clima de amistad, relacionándome con el Amado y con mis hermanos en clave de amor. Queriéndolo vivir como ella, desde la experiencia del encuentro con Jesús. Por otra parte, un sentimiento de «envidia», de no estar con ella en aquellos momentos, para preguntarle y dejarme interpelar por ella, para seguir creciendo en estos caminos del espíritu. ¡Menos mal que nos queda su voz a través de sus escritos que son muchos y muy enriquecedores!

Mi experiencia, al leer las obras de la Santa, es la fascinación que me nace por su esfuerzo, su vitalidad y su convencimiento a la hora de fundar sus «palomarcitos», y su lucha contra tantos frentes para llevar a cabo las «empresas» que Dios le proponía.

Sus obras me llaman a buscar a Dios y a encontrarlo desde esa relación de amor. Desde siempre, Teresa me fascina por su relación con Dios, desde la amistad amorosa. Me invita a relacionarme con Él, como lo haría con un amigo, con mi madre, con mi abuela.

Me hace ver que, ciertamente Dios es mi padre, Dios es mi madre, Dios es mi amigo y por tanto, le trato como tal.

Por toda esta experiencia y por aquello que la Santa dijo: «Los cinco que al presente nos amamos en Cristo» (V 16,7), brota dentro de mi un deseo de oración, de encuentro con el Amado en el silencio y en su palabra. Y esto es lo que busqué y encontré hace unos años en los grupos de oración teresiana (GOT), grupos que oramos al estilo de santa Teresa y a la sombra del carisma del Carmelo. Grupos que desde la Palabra de Dios, el silencio y textos teresianosanjuanistas, oran, se relacionan con Dios y van avanzando por los caminos del Espíritu.

En verdad, Teresa con sus palabras nos transmite un mensaje muy actual, y muy necesario en nuestros días.

No me extiendo más. Ésta es un poco mi experiencia tras conocer, leer y profundizar el mensaje y la vida de santa Teresa. Tan sólo me queda invitaros a que sigáis leyendo y conociendo a esta mujer, maestra de oración y buscadora de Dios, y que lo hagáis sin prisas, despacio, escuchando el susurro de Teresa en vuestros oídos. Merece la pena.

 

AUTOR: Oscar Moral Castillo | Presidente de la Coordinadora GOT 

TOMADO DE: http://www.paravosnaci.com

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