Este Portal es actualizado por amigos de la espiritualidad carmelitana

donaciones boton

codiciaCodicia es gusto, placer o deleite que se experimenta con algún motivo, hasta el punto de que se tiene genio para lo que se tiene gusto. Pierdo la noción del tiempo y del espacio, es decir, me vuelvo inespacial e intemporal cuando hago lo que me gusta, lo que codicio...

 


 

La codicia ocupa puesto de honor en los medios de comunicación, motivo suficiente para llamarla su majestad. El hombre vive noche y día enredado en ella, como razón de ser de su existencia. Codicia con el cuerpo, codicia con el alma, codicia lo terrestre, codicia lo celeste. Codicia es el vestido que con más naturalidad le cae.

Pablo de Tarso, que sabía mucho de esto, dice que codicia es una idolatría (Col. 3, 5), que es adorar un ídolo, el dios Dinero, que tiene ojos y no ve, oídos y no oye, pero extermina todo, como lo demuestran aun las culturas más prósperas que han sucumbido a manos de la codicia, de la cual está demasiado cerca el hombre actual, como aparece en la crisis económica mundial y en todas las crisis gubernamentales y empresariales, víctimas de la codicia, de la corrupción.

Codicia es apetito desordenado de poseer, preocupación excesiva de riquezas, el interés primordial del corazón, que sin codicia no puede vivir. A cada uno lo atrae lo que codicia, lo que anhela, lo que busca con afán.

Codicia es gusto, placer o deleite que se experimenta con algún motivo, hasta el punto de que se tiene genio para lo que se tiene gusto. Pierdo la noción del tiempo y del espacio, es decir, me vuelvo inespacial e intemporal cuando hago lo que me gusta, lo que codicio. Es maravilloso hacer las cosas con gusto. Cuando digo: "con mucho gusto", comprometo todas las fibras de mi ser, como coger el cielo con las manos.

Cada día resulta más descomunal por extraordinario, enorme, sorprendente y común el dicho de Jesús, conocedor admirable del corazón. "Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al Dinero" (Mt. 6, 24).

Codiciar es afán de poseer. Quien se apega al dinero, se vuelve cosa entre las cosas, con el agravante de que si no hay comida ni bebida, por mucho dinero que posea, se muere de hambre y sed porque el dinero no es comida ni bebida.

"Cuanto mayor es el amor, es tanto más impaciente por la posesión de su Dios, a quien espera por momentos de intensa codicia" (S. Juan de la Cruz). Quien ama sin apegos, encuentra la satisfacción total de su codicia en Dios, haciéndolo partícipe de su condición divina.


AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 13 de septiembre de 2013

 

Comparte en tus redes sociales:

FacebookTwitterShare on Google+YoutubePinterestMySpaceDiggStumbleuponGoogle BookmarksRedditNewsvine