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dia-del-trabajoAl hombre le corresponde estarse apropiando esta misión, posible en la medida que cultiva su relación de inmediatez de amor con su Creador, lo que se llama oración. Es decir, la oración es el fundamento del trabajo realizado con acierto, pues solo cultivándola consigue...

 


 

El trabajo tiene relación con la creación. Todo cuanto existe es creado, tiene un Creador, que crea sin descanso criaturas de amor. El hombre, “imagen y semejanza suya”, es la criatura más asombrosa del Creador.

El Génesis lo presenta así: “Tomó Yahveh al hombre y lo estableció en el huerto del edén para que lo cultivara y lo guardara” (2,15). Esta misión de secundar al Creador en su obra creadora es abismática por comprometedora.

Al hombre le corresponde estarse apropiando esta misión, posible en la medida que cultiva su relación de inmediatez de amor con su Creador, lo que se llama oración. Es decir, la oración es el fundamento del trabajo realizado con acierto, pues solo cultivándola consigue saber qué espera su Creador de él, y que además lo hace competente para realizarlo.

La primera tarea que surge soy yo mismo. Dedicarme tiempo para entrar en mi interioridad y hacer claridad sobre mis sentimientos, pensamientos, palabras y obras, de modo que por ser de amor, me dispongan para participar con destreza en su obra creadora.

Los místicos, como S. Teresa de Jesús y S. Juan de la Cruz, son maestros consumados en el arte de la autoestima, el cultivo amoroso de sí mismo. “Mi alma se ha empleado / y todo mi caudal en su servicio; / ya no guardo ganado / ni ya tengo otro oficio, / que ya sólo en amar es mi ejercicio”.

Rilke también sabía mucho de interioridad. “Camine hacia sí mismo, y examine las profundidades en las que se origina su vida. Nada puede estorbarle con mayor violencia que mirar hacia fuera y de allí esperar una respuesta a preguntas que sólo su más íntimo sentimiento, en los momentos más silenciosos, puede acaso responder”.

El trabajo tiene la calidad de quien lo realiza. Mi trabajo primordial soy por tanto yo mismo. Me cultivo, me labro, me cuido, me adorno. Es decir, me embellezco haciendo bellos mis sentimientos, pensamientos, palabras y obras.

De esta manera me preparo para mirar, escuchar, oler, hablar, tocar y pisar con amor. Más aún, entender y recordar con amor. Es bello lo que hago con amor.

Labor titánica el trabajo conmigo mismo. Demanda toda mi capacidad, de suyo ilimitada. Dialogo conmigo mismo diciéndome: “Nada te turbe / nada te espante”. Las palabras que me digo van ennobleciendo cuerpo y alma.

Mi relación de amor conmigo mismo me llena de armonía. El trabajo que celebro el primero de mayo.

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 01 de mayo de 2015

 

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