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el principito y la rosaLas cosas importantes, como los amigos, no las compro; les dedico tiempo. Y yo debo ser el gran amigo de mí mismo. Necesito dedicarme tiempo para descubrir el tesoro divino de mi interioridad, y cultivarla con esmero. El secreto de mi felicidad y de aquellos con quienes...

 


 

No tengo tiempo. No tengo tiempo. No tengo tiempo. La letanía con que justifico el atropellamiento en que vivo. Indica la urgencia de ordenar los medios de comunicación para no ser esclavo de ellos.

Tengo veinticuatro horas diarias para mis propósitos. Hacer pereza, comer, dormir, pasear, trabajar. La acción que realizo es decisión mía. En ella gasto mi tiempo.

No tengo tiempo. Un buen modo de engañarme, de mentirme. No tengo tiempo para lo que no quiero, pues siempre estoy haciendo algo, lo que me propongo, lo que quiero, lo que me obligan a hacer y lo acepto porque quiero, pues si no lo quiero, aunque me maten, no lo hago.

Tengo tiempo para lo que me interesa. Y no me engaño a mí mismo haciéndome creer lo que para mí no es verdad. Sé cuándo enmascaro mi querer.

El Principito se encuentra una rosa. “Una flor de tres pétalos, una flor de nada”. Es única en el mundo, y por eso le dedica su tiempo. Descubre de repente, desilusión total, que su rosa no es única en el mundo, pues se encuentra con un jardín de cinco mil rosas.

El Principito va, viene, sube, baja, piensa, medita. Al fin su corazón se llena de entusiasmo desbordante al descubrir: “El tiempo que he dedicado a mi rosa, hace que mi rosa sea para mí única en el mundo”.

El Principito sigue: “Como no existen comerciantes de amigos, los hombres ya no tienen amigos”. Para tener un amigo hay que domesticarlo, es decir, dedicarle tiempo, hacerlo sentir en casa, y la casa está en función del que vive en ella.

Las cosas importantes, como los amigos, no las compro; les dedico tiempo. Y yo debo ser el gran amigo de mí mismo. Necesito dedicarme tiempo para descubrir el tesoro divino de mi interioridad, y cultivarla con esmero. El secreto de mi felicidad y de aquellos con quienes convivo.

Todo ser humano tiene un talento único y una manera única de expresarlo. Saco tiempo para descubrir mi talento y cultivarlo, y así servir atendiendo necesidades para sacar de ellas generando abundancia, el modo de ser útil, el secreto de la felicidad.

Saco tiempo diario para responderme: ¿Qué es servir, quién sirve, a quién sirve, cómo sirve, cuándo sirve, dónde sirve, por qué sirve y para qué sirve? Mis respuestas garantizan mi profesionalismo, el de hacer bien lo que hago. No me engaño. Saco tiempo para lo que quiero: cultivarme.


AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 11 de noviembre de 2014.

 

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