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puede-no-existir-el-dueloPara el místico, morir es acabar de nacer, llegar a la vida en plenitud, que es Dios. La muerte, tanto en mí mismo como en los demás, no puede inspirarme sino cosas hermosas. Es decir, vivir con entusiasmo, el modo perfecto de entrar en la vida a través de la muerte...

 


 

Duelo es el dolor ante una pérdida. Si no poseo nada, no tengo nada que perder, pues no pongo la causa del dolor y por tanto del duelo.

La muerte de un ser querido es la principal causa de duelo. Por eso cultivo con mis seres queridos una relación de amor sin apegos. Por amor, salgo de mi mismo, libre y responsable, a dar, a darme. Y evito todo apego, que me lleva a recoger, acaparar y retener, volviéndome dependiente y esclavo.

Desapego no es despreocupación. Por amarlos, me intereso vivamente en mis seres queridos, sin apegarme a ellos. Y así, si se muere uno, por amarlo sin apegos, no dependo de él ni soy su esclavo. Y por eso puedo hacerle el homenaje de vivir su muerte con gozo, admiración y gratitud.

Morir es acabar de nacer, alcanzar vida en plenitud, sumergirme definitivamente en mi Creador, que me crea continuamente por amor, haciéndome partícipe de su condición divina.

"Y máteme tu vista y hermosura" es un verso de S. Juan de la Cruz, que él mismo comenta. "No le puede ser al alma que ama amarga la muerte, pues en ella halla todas sus dulzuras y deleites de amor". Visión sublime de la muerte.

Para el místico, morir es acabar de nacer, llegar a la vida en plenitud, que es Dios. La muerte, tanto en mí mismo como en los demás, no puede inspirarme sino cosas hermosas. Es decir, vivir con entusiasmo, el modo perfecto de entrar en la vida a través de la muerte.

Alguien escribió lleno de amor: "Orar por los difuntos es aprender como ellos a no desear más que a Dios, y encomendarnos a sus oraciones, es reclamar para nosotros las gracias más puras de la santidad".

S. Teresa tenía esta visión arrobadora de la muerte. "A veces […] tornan con ternura los deseos de gozar de Dios y desear salir de este destierro […] Temor ninguno tiene de la muerte, más que tendría de un suave arrobamiento".

El ser querido al morir cambia su forma de presencia, convirtiéndose en mi ángel de la guarda de modo invisible, iluminándome, fortaleciéndome y llenando mi vida de amor en cada paso del camino. Por eso oro con el alma: "Ángel de mi guarda, mi dulce y fiel compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que me pongas en paz y alegría." Oración que me llena de felicidad...


AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 8 de agosto de 2014.

 

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