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san francesco d assisiFrancisco de Asís tiene sello inconfundible. Si bien se habla de la pobreza franciscana, sus afirmaciones expresan con elocuencia soberana su modo de vivir cuando dice una y otra vez: Hermano sol, hermana luna, hermano lobo, hermano fuego. Hermano en labios...

 



El franciscanismo está de moda, siempre lo estuvo. Es la inclinación natural del corazón, la de vivir en armonía con todos los seres de la creación, expresión de la unidad de todas las cosas. Aspiración que S. Pablo formula así: "Que Dios sea todo en todos" (1 Cor. 15, 28).

Tomar conciencia de esta sintonía holística nos lleva a caer en la cuenta de que distinguimos uniendo no separando. La unidad en la pluralidad y la pluralidad en la unidad es la expresión propia de la realidad.

La armonía, entendida como la conveniente proporción y correspondencia de unas cosas con otras, es el distintivo de la creación. La misión incansable del ser humano, el modo de asociarse a la obra creadora.

Jesús nos confió el secreto de su vida: "Yo y el Padre somos uno" (Jn. 10, 30), "Yo no hago nada que no vea hacer al Padre" (Jn. 5, 19); secreto que completó así: "Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros" (Jn. 17, 21).

Francisco de Asís tiene sello inconfundible. Si bien se habla de la pobreza franciscana, sus afirmaciones expresan con elocuencia soberana su modo de vivir cuando dice una y otra vez: Hermano sol, hermana luna, hermano lobo, hermano fuego. Hermano en labios de Francisco tiene un encanto indefinible de ternura cósmica.

La fraternidad universal, de la cual hablamos tanto, tiene su fundamento en la filiación. Son hermanos los hijos del mismo padre. Estas dos palabras encierran el misterio portentoso del ser humano y de la creación.

‘Padre’ es un concepto relativo. Con agudeza singular, Ratzinger comenta, inspirado en S. Agustín: "En su ser para otros es Padre, en su ser hacia sí mismo es simplemente Dios. La persona es pura relación de referencia y nada más". Todo existe en relación, comenzando por Dios.

"Cuando Jesús se llama a sí mismo hijo, no se refiere a un poder que Él se atribuye, sino al carácter relativo de toda su existencia" (Ratzinger). Hijo es algo esencialmente relativo: ‘ser de’ y ‘ser para’. Jesús viene de Dios para los hombres. La relación tiene en el cristianismo una riqueza extraordinaria.

Dios nos muestra su rostro en Jesús. En su obrar conocemos sus pensamientos y su voluntad. La fraternidad universal se fundamenta en la filiación divina.

"Al fin, pobres criaturas, Dios es nuestro Padre. Él tiene compasión de nuestro indecible absurdo personal", escribió Ch. Du Bos en su Diario íntimo.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 19 de abril de 2013.

 

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