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remordimientoEl remordimiento produce miedo de mirarse al espejo porque afea cuerpo y alma. Cultivarlo es una equivocación, la de agregar un error a otro error, sin beneficio para nadie. Al ser humano no lo matan las tragedias, lo mata la tragedia que hace de las tragedias...

 


 

Lope de Vega escribió para sí mismo: “A mis soledades voy / de mis soledades vengo, / que con venir de mí mismo / no puedo venir más lejos”. Descubrió asombrado que vivía en relación consigo mismo. La relación era su dotación. Su mayor lejanía, la suya consigo; su mayor cercanía, la de su intimidad.

Los sentimientos indican el modo de relación. Si son negativos, como la tristeza, la amargura y la desconfianza, indican cuán dañina es la relación consigo. Si son buenos, como la alegría, la confianza y la fortaleza, manifiestan lo amoroso que es el cultivo de la relación consigo mismo. Construyen identidad, realización vocacional.

El remordimiento produce miedo de mirarse al espejo porque afea cuerpo y alma. Cultivarlo es una equivocación, la de agregar un error a otro error, sin beneficio para nadie. Al ser humano no lo matan las tragedias, lo mata la tragedia que hace de las tragedias. Es claro que abundan los simpatizantes de los placeres amargos, gozan haciendo tragedias.

El pasado tiene presente. La forma como vivo el pasado en el presente es el presente del pasado. Tengo el poder de convertir en un presente bueno un pasado malo, volver limpia un agua sucia. Pido perdón a quien ofendí, y que pertenece ya al mundo inespacial de Dios. Convierto mi error en oportunidad para vivir mi vocación, voluntad de mejoramiento continuo.

Me fascina la claridad y precisión de S. Juan de la Cruz. “Aunque todas las cosas sucedan al revés y adversas, vano es el turbarse, pues, por eso, antes se dañan más que se remedian. Y llevarlo todo con igualdad tranquila y pacífica, no sólo aprovecha al alma para muchos bienes, sino también para que en esas mismas adversidades se acierte mejor a juzgar de ellas y ponerles remedio conveniente. Y así, antes nos hemos de alegrar que turbar, por no perder la tranquilidad y prosperidad.”

Abro en la mañana un espacio para limpiar el corazón de apegos y resentimientos, incluido el remordimiento. Nutro de amor mi relación conmigo mismo, con los demás, con el cosmos y con Dios, maravillosa comunión cosmoteándrica.

La cultura ambiental insiste en el fracaso, en llevar la cuenta de las ofensas, mundo oscuro de extraño placer amargo, como si la vida tuviera que ser así. Me encantan estas palabras: “Con las piedras que encuentres en el camino sé delicado, y llévatelas. Y si no las puedes cargar al hombro como hermanas, déjalas atrás como amigas”.

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

 

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