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somos-islasLa isla está relacionada con el continente a través del agua, más aún, su fundamento no es agua, es tierra. Isla es tierra rodeada de agua. Isla no es barco ni lancha ni canoa, pero qué bueno serlo, para disfrutar los versos de embrujo de Gerardo Diego: "Arríame, tómame ...

 


 

Nadie es una isla. Es bueno afirmarlo una y otra vez, porque somos relacionales en todas las direcciones, con oportunidades inmensas por descubrir y cultivar. Quien fracciona la realidad, cae, aun sin darse cuenta, en la pequeñez del individualismo.

La realidad no es como es, es como la vemos. Todo punto de vista es la vista de un punto. Es sabio quien distingue los diferentes puntos de vista, pues de esta distinción depende la comprensión de la realidad. Eso puede pasar con la isla.

Nadie es isla si la entendemos como aislamiento o separación, pero si la vemos como modo diferente de tener y cultivar relaciones con personas y cosas, ser isla es una realidad tan fecunda como estimulante.

La isla es un modo singular de existir en relación con todo, de ventajas innumerables. Como isla, tengo la oportunidad de embriagarme con el ancho mar, sumergiéndome en él, y disfrutar en el inmenso cielo azul el suntuoso misterio de los astros, forma inefable de acoger la divinidad. Entre isla, cielo y mar existe una compenetración asombrosa.

Estar rodeado de agua por todas partes es una bendición. Lo que le pasó a la Samaritana cuando su interlocutor le hizo caer en la cuenta de que tenía frente a sí, a su alrededor, el agua viva que salta hasta la vida eterna. Envidio sobremanera ser isla, estar rodeada de mar y cielo por todas partes.

La isla está relacionada con el continente a través del agua, más aún, su fundamento no es agua, es tierra. Isla es tierra rodeada de agua. Isla no es barco ni lancha ni canoa, pero qué bueno serlo, para disfrutar los versos de embrujo de Gerardo Diego: "Arríame, tómame; / déjame en puro casco, / flotante y sin rumbo, / oscilando en tu mar".

A la isla le corresponde el horizonte de la desmesura, vivir sumergida en la inmensidad del infinito. El mismo mar que la circunda, la une con la tierra, con el cosmos; y en ella el aire, inespacial e intemporal, la convierte, más allá del tiempo y del espacio, en esa tierra extraña de luz de que habla santa Teresa.

Isla, puro misterio de versatilidad en el abismo sideral del día y de la noche, el lugar privilegiado para disfrutar la mañana, el mediodía, la tarde, el crepúsculo, la noche y, por sobre todo, el placer inenarrable del amanecer. Dios amaneciendo sin cesar en la isla que es el hombre.


AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 24 de enero de 2014

 

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