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estrechar-las-manosEl final de la primera carta a los corintios es un derroche de transparencia afectiva. "Las iglesias de Asia los saludan. Les envían muchos saludos en el Señor Áquila y Prisca, junto con la iglesia que se reúne en su casa. Salúdense los unos a los otros con el beso santo...

 


 

Saludar, según el diccionario, es el arte de dirigir a alguien, al encontrarlo o despedirse de él, palabras corteses, interesándose en su salud o deseándosela.

Saludar pertenece a la rutina de la vida cotidiana. Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Y hacer del saludo un arte es obra de sabiduría que requiere dedicación y perseverancia.

Quien saluda pone un modo de relación, el de la salud, armonía de todo el ser. Salud del cuerpo, salud del alma, armonía biológica y espiritual. Salud y armonía van de la mano, conveniente proporción y correspondencia de las partes en el todo.

"Canción mía, / canta antes de cantar; / da a quien te mire antes de leerte / tu emoción y tu gracia; / emánate de ti fresca y fragante " (Juan Ramón Jiménez). El poeta me enseña a darme todo entero al saludar.

Además del encuentro personal, el género epistolar es un tratado de salud. Hay un placer inenarrable en el saludo que envío al amigo lejano, que lee en silencio con gusto embriagador.

El final de la primera carta a los corintios es un derroche de transparencia afectiva. "Las iglesias de Asia los saludan. Les envían muchos saludos en el Señor Áquila y Prisca, junto con la iglesia que se reúne en su casa. Salúdense los unos a los otros con el beso santo. El saludo va de mi mano, Pablo".

Encanto indefinible el de este saludo epistolar. "Me llenan de alegría tus palabras y despiertan en mí tantos deseos de hacer lo que me propones y lo que tú haces con tanta maestría. Siento que tu ayuda me hace mucho bien y gozo inmensamente con tu bendición".

En el saludo, armonía y espiritualidad van de la mano, pues la obra del Espíritu está en cada resquicio de cuerpo y alma. El mismo cuerpo enfermo es fuente de salud para quien lo asume con paz, generosidad, fortaleza y gratitud.

Jesús, con las puertas cerradas, entra donde están los discípulos y los saluda: "La paz con ustedes". Les muestra las manos y el costado, y ellos "se alegran de ver al Señor" (Jn 20, 19-20). El saludo de paz transforma la vida de los que tienen miedo, pues la magia de Dios acontece sin cesar.

Saludo el amanecer con entusiasmo desbordante, lo mismo que el medio día y el anochecer. Así todo se viste de armonía y gratitud. El modo de participar en la obra del Creador.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD
TOMADO DE: El Colombiano, 31 de enero de 2014

 

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