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corazon-misericordiosoLa misericordia de Dios, penetra las más profundas realidades del ser humano, limpiando hasta aquellos lugares que han comenzado a oler a podredumbre, simplemente por no creer en ese amor misericordioso al que se abandonó santa Teresita del Niño Jesús o hacer...

 


 

Las páginas de nuestra vida cargan con anécdotas en las que se marca el recuerdo de experiencias llenas de alegría y pureza en las que nos sentimos verdaderamente amados por nuestros semejantes y sobre todo por Dios. Son días que quisiéramos no pasen, historias que deseásemos se repitan y hagan del presente un tiempo de gozo en el que se verifica la presencia de Dios, felices de que él sale a nuestro paso para suscitar un dulce encuentro en amor y misericordia. En este estilo se dio lo vivido por Pedro en el monte tabor o el corazón de los discípulos de Emaús. Luego ¿Qué pasa cuando nos encontramos con realidades contrarias? Por un lado nos sentimos atrapados por la tristeza producto del pecado y la impotencia de amar al prójimo a la manera de Dios, por otro vamos cayendo en situaciones que opacan la compañía del Amado y lo sentimos cada vez más lejano. Vivimos la dura realidad de la mujer adúltera del evangelio o tocamos fondo como el hijo pródigo, sintiendo incluso que hasta nuestros seres queridos nos abandonan y otros hermanos juzgan nuestra falta de amor y fidelidad al compromiso cristiano. Se viene a mi memoria la pregunta de un jovencito de apenas 16 años ¿es tan difícil ser santo? Y sólo me nacía decirle que no era imposible, que Dios iba marcando el camino de sus elegidos, aquellos que se han convertido en sus principales testigos, los mismos que hoy llamamos “santos”. El jovencito me respondía ¿Y si caemos? Inmediatamente le dije “pues nos levantamos como lo hizo Jesús camino al calvario” eso sí, confiando plenamente en el Padre, tal como él lo hizo.

Todo esto pone en evidencia que aún no logramos creer en la trascendencia de la misericordia de Dios, lo imaginable del amor con que nos ama a pesar de nuestras caídas, siendo yo un principal testigo. La trascendencia de ese corazón misericordioso del Amado unido a las realidades que vivimos entre pecados y gracias, se queda en lo superficial y no va más allá de nuestra razón e incluso de nuestros sentimientos cuando pasamos continuamente auto juzgándonos. La misericordia de Dios, penetra las más profundas realidades del ser humano, limpiando hasta aquellos lugares que han comenzado a oler a podredumbre, simplemente por no creer en ese amor misericordioso al que se abandonó santa Teresita del Niño Jesús o hacer nuestra la experiencia de vida de la santa madre Teresa de Jesús “Nunca se agotan sus misericordias”.

Corramos pues amados hermanos tras las huellas del Amado, dejémonos invadir por los impulsos de su corazón misericordioso y actuemos conforme a sus sentimientos, pues sólo así lograremos amar nuestra vida en las noches claras u oscuras y ante todo convertirnos en profetas de la misericordia incalculable del Padre, amando a nuestros semejantes con corazón limpio ¡Qué bienaventuranza infinita! Gozar de esta misericordia, siendo misericordiosos. No nos quedemos con la dulce acogida, el beso y el abrazo del Padre de amor, sino que anunciemos con trompetas la tierna esperanza del perdón que recibimos de él, llegando a su culmen de gozo cuando el arrepentimiento viene del más profundo centro. Pongámosle el mejor traje a nuestros hermanos y hermanas, valorando más sus virtudes que señalando sus debilidades.


AUTOR: Fray Gerardo de las Bienaventuranzas, OCD

 

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