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orar con los misticosEn el corazón del que vive con la Iglesia se despierta una santa nostalgia y los cánticos del Adviento; y en aquel en quien ha penetrado el inagotable manantial de la santa liturgia, palpitan día a día las exhortaciones y promesas del Profeta de la Encarnación: ¡Caiga el rocío ...

 


 

"La verdad es
que no podemos hacer mucho,
sino ponernos en las manos de Dios
y suplicarle que sea Él quien haga todo.
Naturalmente nosotros tenemos que hacer
lo que Él reclama de nosotros".

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Carta 257
    

«Una fiesta de amor y alegría –
-ésta es la estrella
hacia la cual caminamos todos
en los primeros meses del inverno-.
Para los cristianos,
y en especial para los católicos,
tiene un significado mayor.
La estrella los conduce hasta el pesebre
donde se encuentra el Niño
que trae la paz a la tierra.
El arte cristiano nos lo presenta
ante nuestros ojos en numerosas
y tiernas imágenes; viejas melodías,
en las cuales resuena todo el encanto
de la infancia nos cantan de él.

En el corazón del que vive con la Iglesia
se despierta una santa nostalgia
y los cánticos del Adviento;
y en aquel en quien ha penetrado
el inagotable manantial de la santa liturgia,
palpitan día a día las exhortaciones
y promesas del Profeta de la Encarnación:
¡Caiga el rocío del cielo y
que las nubes lluevan al justo!;
¡El Señor está cerca! ¡Venid, adorémosle!
¡Ven, Señor, no tardes! ¡Alégrate Jerusalén,
exalta de gozo porque viene tu Salvador! ».

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, Misterio de la Navidad 1930
      

«Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía
debajo de aquella ley
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
de esta manera decía:

Ya ves, Hijo, que a tu esposa
a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había
En los amores perfectos
esta ley se requería:
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza
más deleite contenía;
el cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.
Mi voluntad es la tuya
_el Hijo le respondía_,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,
lo que tu Alteza decía,
porque por esta manera
tu bondad más se vería;
veráse tu gran potencia,
justicia y sabiduría;
irélo a decir al mundo
y noticia le daría
de tu belleza v dulzura
y de tu soberanía».

San Juan de la Cruz, Poema “In principio erat Verbum” Poema No 9
      

«De tu inmensa belleza
se ha prendado mi alma.
Yo quiero prodigarte
mis flores y perfumes,
por tu amor arrojarlos
sobre el ala del viento
e inflamar corazones
para ti, mi Señor.
Mis flores con sus pétalos
acarician tu rostro
y te dicen que es tuyo
todo mi corazón».

Santa Teresa del Niño Jesús, Poema No 23
      

«Hagamos el vacío en nuestra alma
para que El pueda lanzarse sobre ella
y le comunique la vida eterna (Jn. 17, 2),
que es la suya.
Y después, en el silencio de la oración,
escuchémosle.
Pidámosle que nos haga veraces en nuestro amor,
es decir, hacer de nosotros seres de sacrificio,
porque me parece que el sacrificio
no es más que el amor puesto en obra.
El me ha amado, se ha entregado por mí».

Me gusta pensar que la vida del sacerdote
(y de la carmelita) es como un Adviento
que prepara la Encarnación del Señor en las almas.
Y esta también es nuestra misión
preparar los caminos del Señor,
por nuestra unión con Aquel
que el Apóstol llama !fuego consumidor!
A su contacto, nuestra alma se convertirá
en una llama de amor,
que se reparte en todos los miembros
del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia».

Beata Isabel de la Trinidad, Carta No 250
      

«Del Verbo divino
la Virgen preñada
viene de camino:
¡si le dais posada!»

San Juan de la Cruz, Poema No.13
    

«En cada aurora te envidio,
piedra santa del altar.
Como un día en el establo,
veo en ti nacer a Dios.
Atiende mi humilde ruego,
ven a mi alma, mi Señor.
Lejos de hallar piedra fría,
en ella hallarás el eco
de tu propio corazón».

Santa Teresa del Niño Jesús, Poema No.16,3
    

«De paz y de piedad
era la ciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida, vía recta;
era cosa tan secreta,
que me quedé balbuciendo,
toda ciencia trascendiendo».

San Juan de la Cruz, Poema No.4
    

«¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que el alborada!
¡Oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!»

San Juan de la Cruz, Poema No 5
    

«Tú sabes, Dios mío,
que yo nunca he deseado
otra cosa que amarte.
No ambiciono otra gloria.
Tu amor me ha acompañado
desde la infancia,
ha ido creciendo conmigo,
y ahora es un abismo
cuyas profundidades
no puedo sondear.
El amor llama al amor.
Por eso, Jesús mío,
mi amor se lanza hacia ti
y quisiera colmar el abismo que lo atrae.
Pero, ¡ay!, no es ni siquiera
Una gota de rocío perdida en el océano...
Para amarme como tú me amas,
necesito pedirte prestado
tu propio amor.
Sólo entonces encontraré reposo».

Santa Teresa del Niño Jesús, C 35vº,35rº
    

«¿Qué hay que acertar sino ir
por el camino llano de la ley de Dios
y de la Iglesia, y sólo vivir en fe oscura y verdadera,
y esperanza cierta y caridad entera,
y esperar allá nuestros bienes,
viviendo acá como peregrinos,
pobres, desterrados, huérfanos,
secos, sin camino y sin nada,
esperándolo allá todo?»

San Juan de la Cruz, Carta No.19

      
Oración del alma enamorada

«¿Quién se podrá librar de los modos y términos
bajos si no le levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío?
¿Cómo se levantará a ti el hombre, engendrado y criado en bajezas,
si no le levantas tú, Señor, con la mano que le hiciste?

No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste
en tu único Hijo Jesucristo, en que me diste todo lo que quiero.
Por eso me holgaré que no te tardarás si yo espero.
¿Con qué dilaciones esperas, pues desde luego puedes amar a Dios en tu corazón?

Míos son los cielos y mía es la tierra; mías son las gentes,
los justos son míos y míos los pecadores;
los ángeles son míos, y la Madre de Dios
y todas las cosas son mías; y el mismo Dios es mío y para mí,
porque Cristo es mío y todo para mí.
Pues ¿qué pides y buscas, alma mía?
Tuyo es todo esto, y todo es para ti.
No te pongas en menos ni repares en migajas
que se caen de la mesa de tu Padre.
Sal fuera y gloríate en tu gloria, escóndete en ella y goza,
y alcanzarás las peticiones de tu corazón».

San Juan de la Cruz, Oración del alma enamorada No, 26 y 27
      

La felicidad está dentro de ti

«¡Ah,
qué buena es la presencia de Dios
dentro de nosotras,
en el santuario íntimo de nuestras almas!
Allí le encontraremos siempre,
aun cuando no experimentemos
sensiblemente su presencia.
Pero El está allí lo mismo,
tal vez más cerca aún, como dice.
Es ahí donde me gusta buscarla.
Procuremos no dejarle nunca solo,
que nuestras vidas sean una oración continua».

Beata Isabel de la Trinidad,Carta No.47
      

La fe en la noche

«Porque pasando por la primera noche,
que es privarse de todos los objetos de los sentidos,
luego entra el alma en la segunda noche,
quedándose sola en fe
que es cosa que no cae en sentido».

San Juan de la Cruz, 1 Subida 2, 3
      

La fe en lo dificultoso   

«El corazón generoso
nunca cura de parar
donde se puede pasar,
sino en más dificultoso;
nada le causa hartura,
y sube tanto su fe,
que gusta de un no sé qué
que se halla por ventura».

San Juan de la Cruz, Poesía No. 12, 2
      

El amor da vida

«Y, aunque tinieblas padezco
en esta vida mortal,
no es tan crecido mi mal,
porque, si de luz carezco,
tengo vida celestial;
porque el amor da tal vida,
cuando más ciego va siendo,
que tiene al alma rendida,
sin luz y a oscuras viviendo».

San Juan de la Cruz, Poesía No. 11,2
      
Confiar! 

«Yo no supe dónde estaba,
pero, cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia trascendiendo».

San Juan de la Cruz, Poesía No. 4

      
Siempre fue movida por el Espíritu

«Pide una persona a otra
que está en este estado
que la encomiende a Dios.
Esta persona no se acordará
de hacerlo por alguna forma ni noticia
que se le quede en la memoria de aquella persona;
y si conviene encomendarla a Dios,
que será queriendo Dios recibir oración por la tal persona,
la moverá la voluntad dándole gana que lo haga; y,
si no quiere Dios aquella oración,
aunque se haga fuerza a orar por ella,
no podrá ni tendrá gana;
y a veces se la pondrá Dios
para que ruegue por otros
que nunca conoció ni oyó.
Y es porque Dios
sólo mueve las potencias
de estas almas para aquellas (obras)
que convienen según la voluntad
y ordenación de Dios,
y no se pueden mover a otras;
y así, las obras y ruego de estas almas
siempre tienen efecto.
Tales eran las de la gloriosísima Virgen Nuestra Señora,
la cual, estando desde el principio levantada a este alto estado,
nunca tuvo en su alma impresa forma de alguna criatura,
ni por ella se movió, sino siempre su moción fue por el Espíritu Santo».

San Juan de la Cruz, 3 Subida 2,10
      

Pobre como Jesús

«Por Jesús
he preferido ser pobre
y trabajar…
Siendo pobre
me pareceré más a Aquel
que no encontró
dónde reclinar su cabeza.
No teniendo nada,
el corazón permanece puro,
sólo para Dios».

Santa Teresa de los Andes, Carta 128

 

Viene el Salvador!

«Lo que Dios comunica al alma
en esta íntima unión,
totalmente es indecible,
el mismo Dios
es el que se le comunica al alma,
con admirable gloria
de transformación de ella en él,
estando ambos en uno».

San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual 26,4
      

Un río de amor se derrama sobre la tierra

«Cuando los días van siendo cada vez más cortos,
cuando en el inverno caen los primeros copos de nieve,
se abren camino con timidez y humildad
los primeros pensamientos de la Navidad.

De esta sencilla palabra
emana una fascinación misteriosa
a la cual muy difícilmente
puede sustraerse un corazón.
También quienes profesan otra fe
y los no creyentes,
a los cuales nada dice
el antiguo relato del Niño de Belén,
preparan la fiesta y procuran irradiar
por todas partes un rayo de alegría.
Algunas semanas y meses antes
ya inunda toda la tierra
un cálido flujo de amor».

Santa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, el Misterio de la Navidad

 

Actitud de oración

«¡Cuán bien cuidado está
el que se fía de Dios!
Esa confianza supone la fe
en su providencia,
y la providencia es el cuidado
y solicitud paternal
que Dios tiene de nosotros.
Dejemos que Dios nos cuide».

B. Francisco Palau, Carta 56
      

Abrazados en el Amor

«“Padre,
éste es mi deseo:
que los que me confiaste
estén conmigo y que el mundo sepa
que tú los has amado
como me has amado a mí”».

«Sí, Señor,
esto es lo que yo quisiera repetir contigo
antes de volar a tus brazos.
¿Es tal vez una temeridad? No, no.
Hace ya mucho tiempo que tú
me has permitido ser audaz contigo.
Como el padre del hijo pródigo
cuando hablaba con su hijo mayor,
tú me dijiste: «Todo lo mío es tuyo».

«Por tanto, tus palabras son mías,
y yo puedo servirme de ellas
para atraer sobre las almas que están unidas a mí
las gracias del Padre celestial.
Pero, Señor,
cuando digo
que deseo que los que tú me diste
están también donde yo esté,
Quiero simplemente
pedir que un día nos veamos todos
reunidos en tu hermoso cielo»

Santa Teresa del Niño Jesús, Manuscrito C, 35vº
      

Déjate invadir por su vida divina 

«Oh,déjate tomar,
déjate invadir
por su vida divina,
para podérsela dar
al querido pequeño,
que llegará al mundo
lleno de bendiciones!
Piensa lo que pasaría
en el alma de la Virgen cuando,
después de la Encarnación,
poseía en ella al Verbo Encarnado,
al Don de Dios...
En qué silencio, en qué recogimiento,
en qué adoración más profunda
debió sumergirse en el fondo de su alma,
para estrechar a aquel Dios de quien era Madre!...
El está en nosotros.
Oh!, mantengámonos, pues,
Junto a Él, con aquel silencio,
con aquel amor de la Virgen.
Será así como pasaremos el Adviento»

B. Isabel de la Trinidad, Carta No.183

 

Pequeño Paraíso

"En la soledad de mi celdita
-que yo llamo mi «pequeño paraíso»,
porque está completamente llena de Aquel
que es la vida del cielo-,
miraré muy a menudo esa preciosa imagen
y me uniré al alma de la Virgen
mientras el Padre la cubría con su sombra
y el Verbo se encarnaba en ella
y el Espíritu Santo descendía para realizar el gran misterio.
Toda la Trinidad entra en acción,
se da, se entrega, y la vida de una carmelita
¿no debe transcurrir precisamente
en medio de estos abrazos divinos...?"

B. Isabel de la Trinidad, Carta 246
      

Otro cielo

"El no baja del cielo un día y otro día
para quedarse en un copón dorado,
sino para encontrar otro cielo
que le es infinitamente más querido que el primero:
el cielo de nuestra alma, creada a su imagen
y templo vivo de la adorable Trinidad..."

Santa Teresa del Niño Jesús, Historia de un Alma A, 48 vº

      
Vivamos de amor

"Creo que en el cielo mi misión
consistirá en atraer a las almas,
ayudándolas a salir de sí mismas
para unirse con Dios
mediante un ejercicio sumamente simple y amoroso,
y en mantenerlas en ese gran silencio interior
que le permite a Dios imprimirse en ellas
y transformarlas en Él. (…)
Vivamos de amor para morir de amor
y para glorificar a Dios, que es todo Amor".

B. Isabel de la Trinidad, Carta 335

 

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