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llama de amor viva"Oh llama de amor viva / que tiernamente hieres / de mi alma en el más profundo centro". Me detengo. Leo, releo. Avanzo por el camino del infinito sin saber cómo. Una mano invisible me conduce con su caricia inefable. Esta llama de amor es el espíritu de su Esposo...

 


 

Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo, que, celebrada o sin celebrar, acontece siempre, en el tiempo y en la eternidad.

El Espíritu Santo es Señor y Dador de vida. Señor de grandeza y majestad, atributos divinos. Señor es el que es dueño de algo, el que tiene dominio y propiedad sobre ello.

El espíritu está en todo. Es estilo, talante, donaire, gusto de vivir. Palabras que expresan el Espíritu divino, presente en todo, dándole amorosamente la existencia. "Les retiras el espíritu y vuelven al polvo", dice el salmo 104.

Los versos de San Juan de la Cruz deslíen hasta el corazón de la piedra, por lo cual Borges dice que Juan es el poeta "más encendido" de la lengua.

"Oh llama de amor viva / que tiernamente hieres / de mi alma en el más profundo centro ". Me detengo. Leo, releo. Avanzo por el camino del infinito sin saber cómo. Una mano invisible me conduce con su caricia inefable.

"Esta llama de amor es el espíritu de su Esposo, que es el Espíritu Santo, al cual siente ya el alma en sí, no solo como fuego que la tiene consumada y transformada en suave amor, sino como fuego que arde en ella y echa llama. Y aquella llama, cada vez que llamea, baña al alma en gloria y la refresca en temple de vida divina".

Todos tenemos experiencia de la llama. Un fósforo, una vela, un incendio, una llamarada, una hoguera. Y todos sabemos lo áspera, esquiva y repulsiva que es porque quema y produce dolor. En cambio, la llama del Espíritu Santo "tiernamente hiere" en el más profundo centro del alma. Experiencia inefable que todo ser humano tiene por alcanzar, razón de ser de su existencia, pues el corazón no se contenta con menos que infinito.

Pentecostés fue un viento huracanado "que llenó toda la casa", es decir, envolvió a sus moradores, que fuera de sí, estaban absortos en mirar, escuchar, oler, hablar y tocar. Mundo nuevo de pasmo, sortilegio y maravilla, en que las palabras de todos los días ya no son las mismas.

Pentecostés es el acontecimiento en que nos entendemos usando lenguas diferentes, nos amamos siendo distintos, pues de egoístas nos vuelve solidarios. Pentecostés es el milagro que convierte la lejanía en cercanía, y hace cada acto divino.

Llama de amor viva, el Espíritu Santo me hiere tiernamente convirtiendo mi codicia en solidaridad. Sé al fin que la mística es el fundamento de la ética.


AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal, OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 6 de junio de 2014

 

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