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pascua-de-resurreccion-de-cristoEl sepulcro, la cueva y la piedra debajo de la cual yacía Lázaro, era el desamor y el pesimismo en que estaba sumido. El más desagradable olor. En presencia de Jesús, las transformaciones radicales suceden al instante. Su oración...

 


 

En la Biblia, resucitar no es revivir un cadáver. El cadáver es el residuo que queda en un proceso de transformación radical hacia la plenitud de la vida, que es Dios. Vamos naciendo, viviendo, muriendo y resucitando en cuerpo y alma simultánea y dinámicamente.

Jesús, revelación inefable de la grandeza humana, viene a traernos solo una cosa, Él mismo. "Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque muera, vivirá" (Jn 11,25). En Jesús, la cercanía de Dios al hombre es total.

Dios Padre sólo tiene una cosa para darnos, su Hijo. En esta donación consiste la resurrección. Resucitar es tener vida divina. Lo que le pasa a Lázaro cuando Jesús dice: "Desátenlo y déjenlo andar" (Jn 11,44).

El sepulcro, la cueva y la piedra debajo de la cual yacía Lázaro, era el desamor y el pesimismo en que estaba sumido. El más desagradable olor. En presencia de Jesús, las transformaciones radicales suceden al instante. Su oración conmovedora nos revela el misterio de su poder. "Padre, te doy gracias… Ya sabía yo que tú siempre me escuchas".

"Temor ninguno tiene de la muerte, más que tendría de un suave arrobamiento", dice S. Teresa en un lenguaje de frescura indecible. Y S. Teresita afirma con gran justeza teológica: "Yo no muero, entro en la vida".

Envidio la mirada con que Pablo veía en el tiempo la eternidad. "Al deshacerse nuestra morada terrenal, adquirimos una mansión eterna en el cielo" (2 Cor 5,1).

A esta luz, morir es acabar de nacer, llegar a la plenitud de la vida que es Dios. "Después de esta vida, Dios mismo es nuestro lugar" (S. Agustín). La resurrección es Jesús, y con Jesús, yo soy también resurrección.

La oración no es un medio para comunicarme con Dios, es la misma comunicación con Él. Esta comunicación es también la resurrección, de modo que orar es ejercicio de resurrección. Cuanto más cultivo mi relación con Jesús, más vivo mi resurrección, hasta el punto de anhelar morirme para alcanzar resurrección en plenitud.

"Ven muerte tan escondida / que no te sienta venir; / porque el placer del morir / no me vuelva a dar la vida". Quien escribió estos versos, sabía demasiado de resurrección. Quiero volver a la vida, para volver a tener el placer de volverme a morir. Y resucitar.

Resurrección, bautismo y oración son la misma cosa de distinto modo: Dios aconteciendo en mí, yo aconteciendo en Él.

 

AUTOR: P. Hernando Uribe Carvajal OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 11 de abril de 2014

 

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