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La Transfiguración del Señor Me cultivo con solicitud. Voy adquiriendo la figura, la forma de lo que siento, pienso, digo y hago con mi cuerpo y con mi alma. Me pasma su compleja unidad. En mi cuerpo aparece mi alma sin cesar. Mi transfiguración. En esta atmósfera...

 


 

Palabra sugerente, transfigurarse es cambiar de figura, de forma. "Aquí quedó sonando el aire puro / cuando te fuiste; cadencioso dejo / hay en la lejanía del espejo / y suena como un arpa todo el muro " (Rafael Maya ). Me dejo llevar por la música de las palabras. De repente quedan deslumbrados los ojos del corazón.

Me transfiguro en lo que miro, oigo, huelo, saboreo, hablo y toco durante todo el día. Mi actividad completa, de múltiple unidad, es puro proceso de transfiguración.

Lema de mi vida entera: "Yo me cultivo". Abro un espacio cotidiano para prestar atención a la relación de amor conmigo mismo, con los demás, con el cosmos y con Dios. La atención esmerada que corresponde al dinamismo del ser.

Me cultivo con solicitud. Voy adquiriendo la figura, la forma de lo que siento, pienso, digo y hago con mi cuerpo y con mi alma. Me pasma su compleja unidad. En mi cuerpo aparece mi alma sin cesar. Mi transfiguración.

En esta atmósfera de naturalidad acontece la transfiguración de Jesús (Mt 17, 1-9). "Su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz". Busco embelesado en el espejo el brillo del sol y la blancura de la luz, como si se me volviera pura urgencia corporal la intimidad del corazón.

No alcanzo a entender cómo es un rostro "brillante como el sol" y tampoco cómo son vestidos "blancos como la luz". Mi fantasía termina por romperse, llevada más allá de sí misma por la comparación.

Jesús es un ser extremadamente singular. Dios hecho hombre, hombre hecho Dios. Por donde lo tomo, me deja espantado, perplejo, aterrado, o como dice S. Juan de la Cruz, "colgado en el aire, sin en qué estribar".

En su rostro y sus vestidos aparece lo que Jesús lleva dentro, lo que un día confesó casi sin palabras: "Yo y el Padre somos uno". Ese día supimos su secreto, vivir subiendo "al monte alto" del Padre.

Jesús se manifestó un día transfigurado a sus amigos. De mí depende ser hoy su amigo a quien le llega la transfiguración. El secreto es simple: "donde no hay amor, ponga amor y sacará amor". "¿Era su voz la fuga del arroyo, / que se oía correr en el poniente rápido; / o la luz del ocaso moribundo, / que corría en el agua que se iba? " (Juan Ramón Jiménez ).

La transfiguración, constante asedio de eternidad.

 
AUTOR: P. Hernando Uribe C., OCD

TOMADO DE: El Colombiano, 14 de marzo de 2014

 

 

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